La crónica | La Virgen del Rocío ya se encuentra en la Catedral: una noche histórica de fervor y belleza en Sevilla

Miles de personas acompañaron a María Santísima del Rocío en su traslado desde la iglesia colegial del Salvador hasta la Santa Iglesia Catedral, en una noche marcada por la emoción contenida, la música, la luz y la plegaria compartida

Sevilla ha vivido una de esas jornadas que quedarán para siempre en la memoria colectiva. Bajo un cielo estival y entre el rumor devoto de una multitud que abarrotaba las calles del centro histórico, María Santísima del Rocío emprendió su traslado solemne hacia la Catedral, donde será coronada canónicamente en la mañana del sábado 5 de julio. El reloj marcaba las 21.30 horas cuando las puertas de la iglesia colegial del Divino Salvador se abrieron para dar paso a un cortejo elegante y recogido, que supo conjugar con equilibrio la solemnidad litúrgica con la emoción popular.

La Virgen avanzó despacio, majestuosa, mecida por los hombros de sus costaleros, con la dulzura de quien camina sabiendo que todos los ojos la buscan y que cada corazón que la contempla la reconoce como Madre. Lucía sin corona, en un gesto profundamente simbólico: aguardando ser coronada no solo con oro y piedras preciosas, sino con la corona viva del amor que le profesa su pueblo.

Un recorrido entre la música y la alegría

El itinerario, que discurrió por Álvarez Quintero, Francisco Bruna, Plaza de San Francisco, Hernando Colón, Puerta del Perdón, Alemanes y Cardenal Amigo Vallejo, hasta desembocar en la Plaza Virgen de los Reyes, fue un auténtico río de devoción. A su paso, el pueblo enmudecía, y solo rompía el momento la armonía perfectamente acompasada de las agrupaciones musicales Redención y Rocío, cuyas marchas, interpretadas con exquisitez y solemnidad, sirvieron de hilo conductor para una procesión que fue también una letanía de gratitud y esperanza.

El momento culminante se vivió a las 23.10 horas, cuando la imagen cruzó el umbral de la Catedral. La entrada, serena y luminosa, desató una ovación espontánea, envuelta en lágrimas y vivas, mientras los sones finales elevaban a lo alto la oración colectiva de los presentes. La Virgen del Rocío fue recibida como Reina, como Pastora y como Madre de un pueblo que ha sabido esperar con paciencia el día que ya asoma en el horizonte.

Una noche de comunión cofrade

No faltaron representaciones de hermandades de toda Sevilla y de numerosas corporaciones filiales rocieras, así como personalidades del ámbito eclesiástico, institucional y cofrade. El recorrido, salpicado de balcones engalanados y pétalos suspendidos en el aire, fue un testimonio palpable de la comunión entre el mundo rociero y la ciudad que la acoge como suya.

Con la entrada de la Virgen en la Catedral, concluye una jornada que ha sido antesala perfecta de la Coronación Canónica. La espera ha terminado. Sevilla se prepara ya para vivir una de las ceremonias más significativas de su historia devocional reciente, y lo hace con el alma en vilo y el corazón encendido por la llama de la fe.