Las temperaturas suaves llenaron de público las calles del barrio
Sevilla ha abierto las puertas al mes carmelitano con una de sus imágenes más bellas y al mismo tiempo desconocidas: Nuestra Señora del Carmen de San Leandro. La imagen que gubiara Francisco Buiza ha vuelto a recorrer la feligresía en una procesión triunfal de más de cinco horas.
La Virgen cruzaba el dintel de la Parroquia de San Leandro pasadas las ocho de la tarde, con una Plaza de San Gabriel llena de devotos y engalanada con colgaduras alusivas a la salida de la Señora.
Una tanda de cohetes saludaban a la imagen, la cual iba acompañada musicalmente por la Banda de Música de La Soledad de Cantillana, la Reina y Hermosura del Carmelo bendijo las calles Cereza, Avellana y Manzana, tres de las arterias principales de la Huerta.
Al filo de las nueve de la noche, llegaba con el sol del atardecer a uno de los puntos más bellos para ver la procesión, el Hospital Universitario Virgen Macarena. Allí la esperaban los enfermos que, después de días, meses o incluso años hospitalizados, han recibido la visita siempre reconfortante de la preciosa talla.
Este año contaba además con numerosos estrenos como un encaje en punto de aguja que lucía la imagen, así como unos preciosos pendientes realizados en plata de ley, cristal y circonitas de Joyería Ofir y una medalla de oro antigua con la imagen de la Esperanza Macarena.
Además, el taller de bordados Los Ángeles había procedido semanas atrás a limpiar y retirar los restos de cera del escapulario bordado de la titular mariana, el cual refulgía con su esplendor original en la procesión. También se ha estrenado la primera fase del dorado de los candelabros que ha consistido en el estuco. Y de los cuales se van a dorar para el año que viene.
La Reina del Carmelo pasó por las calles Fray Isidoro de Sevilla y León XIII, para llegar hasta la Barzola y otro de los lugares predilectos de la jornada, Fray Luis de Granada.
Esta vía fue un año más el epicentro de la devoción carmelitana, con vivas a la Virgen, cantos, cohetes y los aplausos de los hermanos y devotos de la collación que veían emocionados el transitar de la espléndida talla de Buiza.
Esto ocurría en torno a la medianoche, para tomar después la calle León XIII nuevamente y atravesar hasta las inmediaciones de su templo.
Era la una de la madrugada cuando la Reina del Carmen se mecía con los últimos compases de la banda, mirando al pueblo extasiado.
El silencio se hacía presente durante unos segundos para que el capataz guiara a los costaleros en la complicada maniobra de entrada, para finalmente acceder a la parroquia a los sones de la Marcha Real y la ovación rotunda de sus hermanos.
Así concluía la fastuosa procesión que ha cautivado un año más a propios y ajenos con el regusto a barrio que ha adquirido la hermandad, y el notable incremento patrimonial experimentado en la última década que hace de este rincón de Sevilla y de esta Virgen del Carmen una cita imprescindible.























