Suspira el querubín por las llamadas que hace un man in black a otros de su mismo clan para que convenzan, con susutros celestiales, a sus cofrades para que se avengan a razones y dejen de tocar la piel de gallina que se le pone a algún hermano mayor cuando lo llaman a consultas. Pues saben que en las sacristías se cierran más acuerdos que en cualquier cabildo general.
Susurra el serafín un nombre o apellido casi sagrado, de un hombre a un martillo atado del que lo quieren desatar cuando pasen los fastos que llevan nombre de helado caro. Y como su puesto no es -como su nombre o apellido- casi sagrado, por otro dicen que lo cambiarán porque es más de barrio.
Suspira el ángel por un lobby, que se autoproclama sagrado, y que tiene a un par de abanderados y no es el nombre de la marca de camisetas interiores. Ellos son más de asuntos exteriores, de salir a que los inviten y no se sabe si pagarán el próximo viaje, aunque sí se sabe que a otros les tocará abonar la broma exterior que inventan los del lobby y financian los herederos del Sacro Imperio Romano Germánico.





