A contracorriente | El fiasco

Hay eventos condenados al fracaso, por más que como sucede en la política se acuda al relato, al mantra, a la reiteración infundada a sabiendas de que el promedio de inteligencia es tan bajo que nadie lo va a cuestionar. 

Es lo de que los tuyos lo defenderán con fervor y con la misma fe los del otro lado lo criticarán.

Algo similar ha sucedido con el encuentro de laicos por el año jubilar. Esas dos denominaciones ya suenan a excusa pinturera para darse el homenaje, el de los sacerdotes de Córdoba mostrando a la Iglesia Universal que tienen un rebaño amplio. 

En concreto 7.000 devotos de una diócesis que anda cerca de los 770.000 habitantes según el INE, calculen el porcentaje y ya les habla de la representatividad de católicos militantes que hay. Alrededor del uno por ciento.  

Y, como les decíamos, el relato es importante, puesto que hay que creer (todo en la Iglesia es cuestión de fe) que fue esa cifra (como si te lo dicen el portavoz del PSOE, el del PP, el delegado del Gobierno, la policía o el sindicato). 

Todo ello, pese a que en las escasas imágenes de televisión se viera la plaza de toros con un aforo similar al de una novillada. 

Y, si importante es dar una falsa sensación de abundancia, más aun es celebrar una procesión. La Mini Magna de un paso, otro chiquitito y una parihuela obligaba a los cofrades a formar parte del músculo. Y esto al margen de que el vídeo con el traslado de la Fuensanta sea verdadero, o no. 

Lo importante en estos casos es que triunfe el relato y el fiasco se transforme, por el don de la gracia sacerdotal, en éxito. 

Tampoco lo es menos eso de oler a oveja que predican algunos curas, el equivalente a obedecer sin raciocinio posible. Aunque como me dijo un cura hace no demasiado a lo que hay que oler es a la santidad de Cristo, pero ese perfume no se alcanza con eventos y no interesa.