Nuestro Padre Jesús de la Sangre presidirá el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías en 2026

La Agrupación de Cofradías de Córdoba ha designado la imagen que encabezará el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías, previsto para el primer sábado de Cuaresma de 2026. La elección ha recaído en la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, titular cristífero de la Hermandad del Císter, una designación cargada de simbolismo al coincidir con el cincuentenario fundacional de esta corporación penitencial.

La decisión fue hecha pública de forma oficial durante la asamblea de hermandades celebrada este lunes 15 de diciembre, confirmando así una elección que había sido adelantada por Gente de Paz, el pasado mes de noviembre. Con ello, la Agrupación sitúa en el centro de uno de los actos cuaresmales más relevantes del calendario cofrade a una imagen de profundo peso devocional, histórico y artístico dentro de la Semana Santa de Córdoba.

Medio siglo de historia para una hermandad singular

La Hermandad del Císter tiene su origen en 1976, cuando un grupo de antiguos alumnos del Colegio La Salle impulsó la creación de una cofradía en el ámbito del monasterio del Císter. Desde su nacimiento, la corporación fue concebida como un espacio de encuentro entre la espiritualidad monástica y el carisma franciscano, sustentado en valores como el trabajo silencioso, la humildad y la fraternidad.

Aquella iniciativa, nacida de la devoción juvenil y del arraigo a la Pasión de Cristo, se consolidó con el paso de los años como una de las hermandades más representativas de la Semana Santa cordobesa contemporánea, manteniendo siempre una identidad propia y coherente.

La incorporación plena a la Semana Santa cordobesa

La hermandad realizó su primera estación de penitencia en el Martes Santo de 1989, incorporándose de manera definitiva al discurrir procesional de la ciudad. Posteriormente, en 1996, trasladó su sede al convento del Santo Ángel, de los Padres Capuchinos, un enclave con el que mantenía desde sus orígenes una estrecha vinculación espiritual y afectiva.

Esta relación quedó plenamente consolidada el 15 de enero de 2002, cuando, mediante decreto de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos de la Provincia Bética, el templo fue erigido oficialmente en sede canónica de la corporación, formalizando una unión que desde entonces ha permanecido de manera estable y fecunda.

El Señor de la Sangre, eje devocional de la corporación

En 1998, la hermandad incorporó a su estación penitencial la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, que con el paso del tiempo se convertiría en el centro devocional y teológico de la cofradía. Años más tarde, en septiembre de 2005, tuvo lugar la primera salida extraordinaria de la Santísima Virgen de los Ángeles en sus Misterios Gozosos, talla fundacional del escultor Antonio Eslava Rubio, un acontecimiento que marcó un hito en la historia interna de la hermandad.

La elección del Señor de la Sangre para presidir el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías de 2026 no constituye un hecho inédito, ya que la imagen ya ocupó este papel en una ocasión anterior, coincidiendo entonces con el vigésimo quinto aniversario de su bendición, subrayando su relevancia dentro de la piedad popular cordobesa.

La última obra de Antonio Eslava Rubio

La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Sangre es considerada la obra póstuma del escultor Antonio Eslava Rubio, natural de Carmona. Fue concluida en torno a 1977 y bendecida en 1978, apenas cinco años antes del fallecimiento del imaginero en 1983, lo que la convierte en un auténtico testamento artístico dentro de la imaginería andaluza del siglo XX.

El Señor aparece representado de pie y maniatado, protagonizando la escena del Desprecio del Pueblo, correspondiente al pasaje evangélico del Ecce Homo, cuando Pilato presenta a Jesús junto a Barrabás. El conjunto escultórico lo integran siete figuras: el Redentor, Pilato, Claudia Prócula, Barrabás y tres soldados romanos, estos últimos realizados por el escultor Francisco Pinto Barraquero, quien completó el misterio diseñado por Eslava.

En la composición, Pilato señala al Señor en actitud interrogativa, mientras uno de los soldados sujeta la cuerda que ata a Barrabás, conformando una escena de gran dinamismo y dramatismo.

Una talla de profunda expresividad

Aunque concebida como imagen de vestir, la talla del Señor se encuentra completamente labrada en madera, con una cuidada atención al detalle anatómico. El Redentor inclina suavemente la cabeza hacia la derecha, gesto que expresa plásticamente su aceptación del sacrificio. Su rostro moreno aparece marcado por regueros de sangre que descienden desde la frente, con pómulos encendidos, ceño fruncido y una barba espesa que enmarca los labios entreabiertos, dotando al conjunto de una intensa carga humana.

Diversas fuentes sitúan la entrega definitiva de la imagen en 1978, año en el que pasó a formar parte oficialmente del patrimonio devocional de la hermandad. A lo largo del tiempo, la corporación ha modificado en distintas etapas la posición de las manos del Señor, alternando su disposición delante del torso o tras la espalda, atendiendo a criterios iconográficos y escenográficos del misterio.

Un Vía Crucis marcado por el simbolismo del aniversario

La designación de Nuestro Padre Jesús de la Sangre para presidir el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías de 2026 adquiere una dimensión especialmente significativa al coincidir con el cincuentenario de la Hermandad del Císter. Este reconocimiento pone en valor una trayectoria que ha sabido conjugar, a lo largo de medio siglo, el rigor espiritual cisterciense con la sensibilidad franciscana propia de su actual sede capuchina.

Cincuenta años después de su fundación, la corporación afronta esta designación como una reafirmación de su identidad y de su compromiso con la fe, el arte y la vida cofrade de la ciudad. Bajo la mirada serena del Señor de la Sangre, Córdoba volverá a iniciar el camino cuaresmal recorriendo, una vez más, el itinerario del sacrificio y la redención que da sentido a toda su Semana Santa.