Rafael Muñoz Cruz firma un instante de hondura cofrade en la tarde del Domingo de Ramos
La calle Rosario fue escenario el pasado Domingo de Ramos de uno de esos instantes que se adhieren a la memoria colectiva, donde la emoción se impone al tiempo y la tradición se hace presente con toda su intensidad. Allí, ante el paso de palio de María Santísima de la Encarnación, se vivió una levantá cargada de simbolismo y sentimiento, pronunciada por quien ha sido referente indiscutible del martillo: Rafael Muñoz Cruz.
Aunque apartado de las trabajaderas en activo, su intervención evidenció que el carisma no se enseña ni se olvida, sino que permanece intacto, como una huella indeleble que se transmite con la sola presencia. Sus palabras, medidas y profundas, fueron acogidas por una cuadrilla que respondió con precisión y entrega, bajo la dirección del capataz Manolo Orozco, quien guía el paso con reconocida solvencia y criterio.
La levantá se convirtió así en una manifestación palpable de magisterio y legado, donde la experiencia acumulada se tradujo en un gesto que trasciende lo puramente técnico para adentrarse en el terreno de lo emocional. Fue, en definitiva, una escena que resume la esencia de la Semana Santa: memoria, continuidad y devoción compartida.
Todo ello en el marco de una estación de penitencia que discurrió con notable brillantez, dejando tras de sí una estampa completa en la que la calidad del cortejo y la intensidad de los momentos vividos consolidaron una jornada especialmente significativa para la corporación.





