Entrevista | José Roda: «Las hermandades son el espejo de la propia sociedad. Eso es un axioma»

José Roda aborda los principales retos de su mandato al frente del Consejo de Hermandades de Sevilla

El respaldo electoral y los primeros objetivos de la nueva Junta Superior

José Roda acaba de asumir la presidencia del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla después de haber ejercido durante ocho años como vicepresidente. Su elección, celebrada el pasado mes de junio, estuvo respaldada por una amplia mayoría, circunstancia que el propio presidente considera especialmente relevante para afrontar la nueva etapa. “Estoy satisfecho, en primer lugar por el respaldo recibido en las propias elecciones”, explicó, porque ese apoyo le proporciona “una cierta tranquilidad a la hora de disponer” de los retos que se habían planteado. Todo ello, añadió, deberá desarrollarse contando con “la ayuda de las hermandades y de las propias instituciones en las que siempre nos apoyamos”.

La primera Junta Superior bajo su presidencia se celebró ayer, según explicó durante la entrevista, y tuvo entre sus principales cometidos la elección de distintos nombramientos vinculados al próximo curso cofrade. En el ámbito de las hermandades de penitencia debía determinarse quién será el pregonero de la Semana Santa, quién realizará el cartel y qué imagen presidirá el Vía Crucis. A ello se sumaban las designaciones relacionadas con las Glorias, entre ellas el cartelista, el pregonero y la imagen que presidirá el pregón de las Glorias, además del cartelista de Sevilla Eucarística.

Una de las novedades de esta primera Junta Superior ha sido, precisamente, el adelanto de la elección del pregonero. Tradicionalmente, esta designación se producía durante la primera mitad de octubre, pero en esta ocasión se ha trasladado al final de septiembre, teniendo en cuenta que el próximo año el calendario litúrgico situará la Cuaresma en fechas especialmente tempranas. Roda justificó la decisión por la necesidad de conceder tiempo suficiente a quienes reciban estos encargos. “Esos dos encargos en particular necesitan tiempo para prepararse”, señaló en referencia al cartel y al pregón, admitiendo incluso que “más tiempo le hubiera venido aún mejor”.

El encuentro de presidentes en Almería y los grandes asuntos comunes

El cambio de calendario está relacionado también con la celebración, durante la primera mitad de octubre, del encuentro anual de presidentes que tendrá lugar en Almería. Se trata de una cita que habitualmente se desarrolla entre los días 2 y 4 de octubre y que tiene carácter rotatorio, de manera que cada año una ciudad asume la organización. En determinadas ocasiones, cuando existe alguna efeméride de especial relevancia, pueden llegar a celebrarse incluso dos encuentros.

El Consejo anfitrión diseña habitualmente un programa que combina reuniones de trabajo con visitas culturales a las hermandades de la ciudad. La cita suele concluir con una celebración eucarística presidida por el obispo de la diócesis en la catedral. En encuentros anteriores, además, los presidentes han tenido en ocasiones la posibilidad de acudir acompañados por sus vicepresidentes.

Entre los asuntos que suelen ponerse sobre la mesa aparecen cuestiones relacionadas con la seguridad, la gestión de las carreras oficiales, la conservación del patrimonio o las relaciones con los medios de comunicación. Los problemas derivados de los retrasos de las procesiones de Semana Santa todavía no han constituido, de manera específica, uno de los grandes asuntos tratados en estos encuentros, aunque Roda considera que probablemente debería abordarse.

Los retrasos y la posibilidad de establecer sanciones

Uno de los asuntos de mayor relevancia durante la entrevista fue la posibilidad de establecer en Sevilla un régimen disciplinario para sancionar los retrasos de las hermandades, una cuestión que ya ha adquirido carta de naturaleza en otras ciudades como Málaga y que Jerez tiene previsto implantar. Roda explicó que, si se quisiera establecer una sanción económica, sería necesario contar previamente con un régimen disciplinario adecuado, puesto que el actual sistema sancionador contemplado en los estatutos no recoge específicamente este tipo de situaciones.

El presidente calificó el actual régimen como “un régimen sancionador de máximos”, caracterizado por un elevado nivel de garantías y por la existencia de numerosos filtros. De aplicarse a este tipo de circunstancias, cualquier procedimiento podría prolongarse “casi más de un año”. Por ello, considera jurídicamente más viable estudiar la posibilidad de aprobar un reglamento de régimen interno exclusivamente aplicado a la Semana Santa, en lugar de tener que “retorcer los propios estatutos”.

En este sentido, puso como ejemplo el sistema que pretende poner en marcha Jerez, concebido inicialmente “por un periodo de latencia de un año”, es decir, como una experiencia que permita comprobar cómo funciona antes de valorar sus resultados. En Málaga y Jerez, explicó, las medidas han surgido después de que determinadas hermandades acumularan en algunos momentos retrasos muy importantes, estuvieran o no justificados. Sobre las circunstancias concretas que motivaron esos retrasos dijo no tener conocimiento suficiente para valorarlas.

La realidad sevillana, a su juicio, presenta diferencias. “Los retrasos son más homogéneos entre las hermandades, salvo casos muy, muy excepcionales”, señaló. Si en Sevilla se aplicara durante la Semana Santa de 2026 un sistema como el que se plantea en Jerez, prácticamente ninguna de las situaciones podría quedar al margen de una eventual sanción. En ese escenario entrarían en consideración seis hermandades, mientras que el Polígono de San Pablo quedaría fuera del cálculo por la situación específica que atravesó, siendo la única corporación que no se incluyó en esa valoración. Una de las consecuencias sería que San Gonzalo no recibiría subvención debido al retraso registrado.

Además, Roda subrayó que tanto en Málaga como en Jerez el criterio se encuentra vinculado a los “retrasos injustificados”, una precisión que resulta esencial a la hora de determinar responsabilidades. “Todos estamos implicados, somos maestros en buscar justificaciones”, afirmó, recordando que durante una estación de penitencia pueden producirse circunstancias exógenas, pero también problemas internos. Entre estos últimos mencionó incluso las incidencias relacionadas con la priostía, que pueden terminar repercutiendo sobre los tiempos de una hermandad.

El problema, según explicó, reside en determinar cuándo una demora responde realmente a una circunstancia justificable y cuándo, por el contrario, se debe sencillamente a que a la corporación “se le ha ido de las manos”. La hermandad tendría que aportar elementos fiables que acreditasen la justificación del retraso, mientras que el Consejo tendría que valorar si esas razones son suficientes. “No es fácil”, reconoció.

Roda considera que, si algún día Sevilla establece un régimen de estas características, lo ideal sería que surgiera de las propias hermandades y mediante un acuerdo de todos, porque un sistema consensuado permitiría reducir considerablemente las tensiones y las presiones posteriores. Hasta el momento, aseguró, ningún hermano mayor le ha planteado seriamente esta posibilidad.

También recordó que resulta poco habitual que una hermandad no se vea afectada alguna vez por un retraso a lo largo de un determinado periodo, aunque tampoco es frecuente que esas situaciones se repitan de manera sistemática. En Sevilla, además, existe una peculiaridad: después de la Semana Santa se celebran numerosas reuniones de trabajo en las que las propias hermandades analizan lo sucedido junto al Consejo.

En esos encuentros, explicó, muchas corporaciones llegan haciendo “una cosa muy, muy cristiana, que es pedir perdón”. Si una hermandad reconoce el error, explica lo ocurrido y ofrece medidas para evitar que vuelva a suceder, Roda entiende que merece una segunda oportunidad. “Perdonados está”, resumió, siempre que exista un verdadero reconocimiento de lo sucedido y voluntad de corregirlo. Puso como ejemplo la actitud mostrada por el hermano mayor de San Gonzalo después del retraso de media hora registrado el año anterior.

La autorregulación de los cortejos de nazarenos

La cuestión de los tiempos enlaza directamente con otro de los grandes retos planteados durante la conversación: la regulación o autorregulación de los cortejos de nazarenos. Para Roda, la “autore­gulación en el sentido profesional ya se hace”, y existen ejemplos concretos que demuestran que las hermandades pueden adoptar medidas por iniciativa propia.

Entre ellos situó a la corporación que actualmente cuenta con mayor número de nazarenos, que prácticamente desde el momento de su salida comienza a organizarse “en filas de a cuatro”. A su juicio, ese procedimiento constituye una forma efectiva de regulación y los resultados obtenidos durante este año han sido especialmente significativos porque “han clavado realmente su tiempo”.

Roda entiende que, si las hermandades con los cortejos más numerosos son capaces de realizar ese esfuerzo, las corporaciones más pequeñas también deben asumir su parte de responsabilidad. Citó igualmente a la Estrella, además de otras muchas hermandades, como ejemplos de esta capacidad. Las corporaciones con menos nazarenos pueden tener en ocasiones una mayor sensación de margen y confianza, pero deben tener en cuenta a la hermandad que marcha detrás.

Si una corporación deja un minuto de retraso, señaló, debe intentar recuperarlo inmediatamente, evitando que esa demora se traslade al resto del cortejo. El presidente aseguró tener “muy interiorizada” la necesidad de cumplir rigurosamente los tiempos, no solamente en la Campana, sino en todos los puntos de la carrera oficial.

El objetivo es evitar los denominados “acordeones”, que terminan perjudicando a las hermandades posteriores. Una corporación puede cumplir perfectamente en la Campana o avanzar con agilidad y después “correr como un galgo en la avenida de la Constitución”, provocando que la hermandad que viene detrás no pueda mantener el ritmo y termine siendo responsabilizada de un retraso que en realidad no ha originado. “Todo eso hay que cuidarlo bien”, sostuvo.

Una carrera oficial que no está previsto modificar

Preguntado por la posibilidad de que durante su mandato se modifique la carrera oficial, Roda fue claro al señalar que no existe actualmente intención de cambiarla, salvo que apareciera una circunstancia extraordinaria. Utilizó como ejemplo hipotético la construcción de una nueva línea de metro que atravesara la avenida de la Constitución.

El actual presidente ya ha formado parte del Consejo cuando se estudiaron distintas alternativas para el recorrido y reconoce que continúan llegando propuestas. Cartas, sobres, audios de WhatsApp, correos electrónicos e incluso peticiones formuladas a través de entrevistas siguen planteando posibilidades diferentes. Roda asegura que atiende todas esas propuestas y admite que algunas de ellas son “ideas extraordinarias”.

Ahora bien, al ser preguntado sobre si la actual carrera oficial constituye la mejor de las posibles, su respuesta fue matizada: “probablemente no”. Sin embargo, recordó que Sevilla no parte de cero, sino que cuenta con un itinerario que “viene funcionando creo yo que razonablemente bien”. Además, frente a quienes auguran problemas, destacó que “nunca ha dado problemas de seguridad”.

Modificar el recorrido o la distribución supondría consecuencias directas tanto para las hermandades como para los abonados, por lo que, ante la ausencia de una necesidad objetiva, Roda no considera que exista actualmente motivo suficiente para acometer una reforma de ese calibre.

Los derechos de autor y el repertorio musical

Otro de los asuntos abordados fue la posibilidad de que las hermandades tengan que afrontar derechos de propiedad intelectual por la interpretación de marchas procesionales. La asociación de autores había anunciado el pasado año su intención de plantear el cobro de estos derechos.

Roda manifestó que “no me parece mal el que la propiedad intelectual esté presente”, puesto que considera legítimo que los autores puedan recibir una remuneración por su trabajo. No obstante, entiende que antes de adoptar cualquier posición resulta imprescindible estudiar con precisión cuáles serían las consecuencias y el alcance de una eventual aplicación de estas tasas.

Hasta el momento, aseguró, no se ha producido ningún contacto sobre esta cuestión con la actual Junta Superior y tampoco sabe si el anterior presidente mantuvo conversaciones al respecto. Además, considera probable que una parte importante de las marchas procesionales que forman parte del repertorio habitual de las hermandades se encuentre ya fuera de los plazos de protección de los derechos de autor.

En cualquier caso, la decisión sobre qué composiciones interpreta cada hermandad seguiría correspondiendo a las propias corporaciones. Si las condiciones económicas derivadas de los derechos de autor terminaran influyendo en la selección, Roda incluso encuentra un aspecto positivo: “sería maravilloso que volviéramos a escuchar las clásicas”. Con cierta ironía, apuntó que para ahorrar dinero podría haber “más de una Amargura en bucle”, aunque recordó inmediatamente que el repertorio de marchas clásicas es extraordinariamente amplio.

También considera posible que algunos autores de marchas procesionales hayan cedido voluntariamente sus derechos para que sus composiciones puedan continuar interpretándose. En este sentido, diferenció entre aquellos derechos que no pueden ser objeto de renuncia y otros ámbitos en los que existe margen para negociar. “El derecho a propiedad intelectual” puede, al menos en determinados aspectos, ser objeto de negociación.

El Consejo, además, no necesariamente tendría que ser el interlocutor adecuado, ya que, como recordó Roda, “yo no contrato ninguna banda de música”. La contratación corresponde a las hermandades, al igual que sucede con muchas otras cuestiones relacionadas con las estaciones de penitencia.

Las imágenes de Juan de Mesa y el debate sobre las exposiciones

La condición de Roda como catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla adquiere especial relevancia al abordar la exposición conmemorativa del cuarto centenario de la muerte de Juan de Mesa que se inaugurará a mediados de noviembre en el Museo de Bellas Artes. En ella participarán imágenes vinculadas a la Semana Santa sevillana.

El presidente considera que se trata de una circunstancia excepcional, especialmente porque las hermandades de la capital sevillana han mostrado tradicionalmente una cierta resistencia a que sus imágenes participen en exposiciones. A su juicio, probablemente sea la primera vez que imágenes de “esta categoría extraordinaria”, como obras de Juan de Mesa, participen en una exposición de estas características.

Roda defiende, en cualquier caso, la libertad de actuación de las hermandades. Comprende que participe el Cristo de la Buena Muerte, especialmente porque su capilla permanecerá cerrada por obras. También entiende la presencia del Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, cuya conservación y traslado cuentan con una fuerte supervisión y con la asistencia de Fuensanta. Del mismo modo, considera perfectamente legítimo que el Gran Poder permanezca en su basílica y que el Santo Entierro haya entendido que su cercanía, de apenas unos metros, con el Museo de Bellas Artes hace innecesario trasladar su imagen.

Para Roda, la cuestión fundamental se encuentra en otro punto. En anteriores exposiciones, como ocurrió con Candelaria y Santa Cruz en 1992, o en otra muestra cuyo nombre aparece de manera poco clara en la transcripción, las imágenes podían participar en un contexto expositivo mientras continuaban recibiendo culto en la Catedral. Esa posibilidad cambia radicalmente cuando se trata del Museo de Bellas Artes o de cualquier otro espacio museístico.

La diferencia esencial, por tanto, es que una imagen pueda encontrarse en un espacio que siga siendo verdaderamente sagrado y destinado al culto. Ya sea la Catedral, la Colegial del Salvador u otro templo, Roda considera fundamental que las imágenes continúen recibiendo culto por parte de sus hermandades. Ese es, para él, “el punto de inflexión” que separa unas situaciones de otras.

Su valoración de la exposición de Granada

Roda también se refirió a la exposición que actualmente reúne en Granada una importante representación del patrimonio imaginero de su Semana Santa. Después de haberla visitado, la calificó como “una oportunidad única de poder contemplar buena parte del patrimonio imaginero que es extraordinario” de la ciudad.

Destacó especialmente la estructura del discurso expositivo, que permite recorrer la evolución histórica de la imaginería desde sus orígenes en la Baja Edad Media hasta “la más rigurosa contemporaneidad”. Pero uno de los aspectos que más le llamó la atención fue la posibilidad de contemplar las grandes devociones de la Semana Santa granadina a la altura de los ojos, sin encontrarlas excesivamente elevadas.

“Para mí ha sido un… ha sido una gozada”, reconoció. La exposición le permitió incluso fotografiar las imágenes “con parsimonia”, convirtiéndose para él en “un aprendizaje extraordinario”. La posibilidad de observar las obras detenidamente desde una distancia distinta a la habitual le permitió valorar aspectos que normalmente quedan condicionados por la propia naturaleza del culto.

Roda considera que no todas las ciudades mantienen con sus imágenes la relación de familiaridad cotidiana que existe en Sevilla. Esto no implica, en ningún caso, una menor devoción en otros lugares, sino que constituye un rasgo diferencial de la experiencia sevillana respecto al resto de Andalucía y de España.

Explicó que en Sevilla las imágenes forman parte de una relación especialmente íntima con los ciudadanos. Puso como ejemplo la imposibilidad de acercarse a determinadas imágenes incluso para colocar una simple flor cuando esa acción podía resultar molesta o afectar a su conservación. “Nos duele como algo propio”, señaló, sintetizando esa relación de pertenencia afectiva que considera particularmente característica de la ciudad.

El perfil del próximo pregonero y cartelista

Apenas dos semanas antes de las designaciones, Roda insistió en que su actuación estará presidida por el cumplimiento estricto de los estatutos del Consejo. Tanto el cartelista como el pregonero de la Semana Santa son competencias exclusivas de la sección de penitencia, integrada por todos los delegados y por cuatro miembros de la Junta Superior.

El presidente fue especialmente rotundo al explicar que no ha intervenido previamente para condicionar esas decisiones. “Yo te doy mi palabra de honor. Y creo que nadie me la podrá refutar. En que yo no he hablado con nadie”, afirmó. Su intención es garantizar que los miembros encargados de realizar las propuestas dispongan de libertad suficiente para plantear los nombres que consideren más adecuados.

Roda reconoce que su opinión, por el mero hecho de ser presidente, tiene un peso específico, como lo han tenido las opiniones de los anteriores presidentes. Sin embargo, aseguró: “yo no voy a forzar la voluntad de nadie”. Su criterio personal a la hora de definir el perfil deseado se resume en una palabra: “la calidad. En todos los casos”.

Para el cartel de Semana Santa, explicó que preferiría contar con un pintor consagrado, situado de alguna manera dentro de la tradición figurativa para que la obra pueda ser comprendida por el público al que va destinada, pero también con relevancia nacional o internacional. A partir de ahí, reconoció que todavía queda “un melón por calar”.

En cuanto al pregonero, el equilibrio resulta todavía más complejo. Roda busca una persona capaz de transmitir adecuadamente desde el atril y, al mismo tiempo, un texto de elevada calidad literaria. Según explicó, ha habido pregones con una gran sonoridad oral en los que, sin embargo, “el texto se ha caído de las manos”, mientras que en otros casos se ha presentado “una obra maestra de la prosa o de la prosa poética” cuya transmisión desde el atril no ha alcanzado el mismo nivel. El reto consiste, por tanto, en armonizar todos esos aspectos.

La restauración de la Esperanza Macarena

El pasado año, por estas mismas fechas, Roda todavía ocupaba la vicepresidencia del Consejo y ejercía como asesor o consultor en el proceso de restauración de la Esperanza Macarena. Una experiencia que, según reconoció, vivió “como un privilegio”.

El presidente explicó que ha tenido “inmensa fortuna” al poder participar en los comités de seguimiento de algunos de los principales tesoros devocionales de Sevilla, entre ellos el Señor del Gran Poder, el Cristo del Amor y, en aquel momento, la Esperanza Macarena. “Lo viví como un gran honor”, afirmó.

A esa dimensión emocional se sumó otra estrictamente profesional. Roda valoró especialmente la posibilidad de conocer de cerca procedimientos de restauración y aprender de los especialistas de otras disciplinas. Considera que la separación rígida entre campos de conocimiento es “empobrecedora” y que un historiador del arte tiene mucho que aprender del trabajo de los restauradores.

Ese contacto permite conocer aspectos relacionados con la estructura interna de las imágenes, los materiales que las conforman y los elementos responsables de su deterioro, información que posteriormente puede contribuir a documentar la historia material de las esculturas en trabajos académicos y científicos.

En el caso de la Esperanza Macarena existía, además, una implicación personal añadida. Como devoto de la imagen, reconoció que “lo disfruté mucho” y que pudo contemplar la evolución del proceso con un resultado que calificó de “bastante satisfactorio”.

La situación de los Panaderos

La compleja situación que atraviesa la Hermandad de los Panaderos, después de la intervención de un primer comisionado y del nombramiento de un segundo cuya incorporación a la vida interna de la corporación tampoco está resultando sencilla, fue otro de los asuntos abordados.

Roda considera que “la problemática no la va a resolver ningún comisionado”. A su juicio, la solución tendrá que llegar cuando “el Espíritu Santo actúe sobre los corazones de todos los hermanos de los Panaderos” y exista disposición para colaborar, dejando atrás “dimes y diretes y agravios generacionales”.

El presidente aseguró que siempre se ha puesto a disposición de quien ha estado al frente de la corporación, tanto antes como después de ocupar la responsabilidad de hermano mayor. Admitió, no obstante, que las personas pueden sentir mayor simpatía por unas u otras personas, “porque somos hombres”. Pero considera que esa circunstancia no debe condicionar la actitud hacia la hermandad.

“A la hermandad hay que ir a ayudar y a ser feliz. Desde luego no estar amargado ni amargar a los demás”, afirmó. Para Roda, esa es la solución del asunto y no hay otra.

Las hermandades como reflejo de la sociedad

La posible entrada en las hermandades de determinadas dinámicas sociales y políticas, incluidos comportamientos populistas, fue analizada por Roda desde una perspectiva más general. “Las hermandades son el espejo de la propia sociedad. Eso es un axioma”, sostuvo.

Frente a esas dinámicas, reclamó recuperar valores como la “urbanidad”, término que, según recordó, se utilizaba cuando él era joven para definir el comportamiento cívico tanto de quienes contemplan las cofradías como de quienes ejercen responsabilidades en una junta de gobierno o en una institución.

También apeló al “temple”, entendido en un sentido similar al de la tauromaquia. Las personas que forman parte de las juntas de gobierno y del Consejo tienen, a su juicio, la responsabilidad de contar con una sólida formación y de generar espacios de encuentro dentro de las hermandades.

La finalidad última debe ser que todos los hermanos puedan sentirse “en su casa y feliz”, porque el encuentro entre quienes forman parte de una corporación constituye uno de sus elementos fundamentales. A ello debe añadirse, según Roda, el impulso de la espiritualidad: las hermandades deben favorecer el encuentro con el Señor y con la Virgen.

“No somos simplemente clubs recreativos y culturales”, advirtió. Las corporaciones son permeables a las costumbres sociales y políticas de cada época, que en sí mismas no tienen por qué ser buenas o malas, pero Roda considera necesario vigilar que determinados grupos puedan intentar acceder a las hermandades “para obtener rédito”.

Por ello reclamó atención permanente, recordando que “las hermandades son lo que son” y que son “hijas de la Iglesia y al servicio de la Iglesia de Sevilla”.

La Semana Santa que vive su familia

En el terreno personal, Roda reconoció que el miembro de su familia que más ha desarrollado una vinculación cofrade es su hijo pequeño, Gonzalo. “El más cofrade que me ha salido es mi hijo pequeño, Gonzalo”, explicó.

Siempre ha procurado conceder a sus hijos libertad para desarrollar sus propios gustos, aunque reconoce que existe una transmisión natural de las tradiciones familiares. “Es la herencia como nos pasa a todos los que somos padres” de las hermandades que uno conoce y vive.

En ese sentido, se definió como “un cofrade democrático igual que soy yo”, antes de admitir, entre las bromas del entrevistador, que su hijo “ha salido a mí”. Sin embargo, también considera que Gonzalo puede tener una manera diferente de contemplar las cofradías en la calle.

El propio Roda reconoce que incluso él observa la Semana Santa de una manera distinta a buena parte de quienes pertenecen a su misma generación. No le gusta contemplar las cofradías de manera estática, sino “ir a buscar los pasos”, una costumbre que ya practicaba cuando era joven.

Su padre le enseñó a contemplar la cofradía “de crucería a palio”, recorriendo distintos puntos de la ciudad para encontrarse con los pasos. Hoy reconoce que esa manera de vivir la Semana Santa resulta “insoportable” o especialmente complicada debido a las aglomeraciones, pero sigue siendo la fórmula que más le gusta. Aun así, continúa buscando sus propios momentos y aquellas hermandades que permiten una contemplación más cómoda.

El horizonte de 2029 y los grandes aniversarios

El mandato de la actual Junta Superior se prolongará hasta 2030, lo que sitúa en el horizonte de la presidencia de Roda el año 2029, una fecha especialmente significativa para Sevilla por la coincidencia de numerosas efemérides.

Ese año se cumplirá el centenario de la Exposición Iberoamericana, además de producirse diferentes aniversarios religiosos, coronaciones canónicas y otras celebraciones vinculadas a la historia devocional de la ciudad. También se encuentra en el horizonte la conmemoración relacionada con la Virgen de los Reyes, los 125 años del dogma concepcionista y la programación de un congreso mariano en torno a la exposición.

Preguntado por si el Consejo contempla ya alguna iniciativa concreta ante esa acumulación de acontecimientos, Roda respondió que “algo concreto no”, fundamentalmente por la distancia temporal y porque la primera Junta Superior de su mandato se había celebrado apenas el día anterior. Consideró imposible que existieran ya proyectos cerrados sobre una cuestión de semejante dimensión.

El presidente quiso establecer, además, una diferencia fundamental: las hermandades de Sevilla no tienen por qué celebrar el centenario de la Exposición Iberoamericana, porque se trata de una cuestión de carácter general de la ciudad. En cambio, los aniversarios de naturaleza religiosa sí forman parte directamente de la esfera de las corporaciones.

Roda explicó que ya ha mantenido las primeras conversaciones con el arzobispo de Sevilla y que ambos han abordado precisamente esta coyuntura de 2029. La programación irá tomando forma “con el tiempo y con la categoría que el asunto merece”, sin necesidad de precipitar decisiones.

El futuro del arzobispo de Sevilla

Finalmente, la conversación abordó la posibilidad de que el arzobispo de Sevilla pudiera encontrarse destinado en Barcelona en 2029. Roda respondió que actualmente lo ve plenamente integrado en Sevilla, “aquí encantado” y “contentísimo en la ciudad”.

El presidente aseguró que no considera que esas manifestaciones sean simplemente una fórmula protocolaria: “yo creo que no lo dice de boquilla”. No obstante, recordó que cualquier decisión de la Santa Sede tendría que ser acatada por el prelado, ya que existe un principio de obediencia al Papa.

Si desde Roma llegara una decisión, explicó mediante una comparación con el destino de un sacerdote enviado desde una parroquia a otra, “él tiene que tener obediencia al Santo Padre”. Por ahora, añadió, “de momento no ha recibido, digamos, esa suave tentación”.

La entrevista concluyó con los mejores deseos para su nueva etapa al frente del Consejo de Hermandades de Sevilla donde afronta un mandato marcado por la búsqueda del consenso, el cumplimiento de los tiempos, la conservación del patrimonio y el fortalecimiento de la dimensión espiritual de las corporaciones, con la mirada puesta tanto en los retos inmediatos como en las importantes efemérides que Sevilla vivirá en los próximos años.