León XIV entrega la Rosa de Oro a la Virgen de la Almudena en una histórica visita marcada por la oración y la emoción

La Catedral de la Almudena ha acogido una de las imágenes más significativas de la visita de León XIV a Madrid. En un templo repleto de fieles y sumido en un ambiente de profunda oración, el Pontífice ha hecho entrega a la Virgen de la Almudena de la Rosa de Oro, una de las más altas distinciones que la Santa Sede concede a las advocaciones marianas y que simboliza el especial afecto del Papa hacia la Madre de Dios.

La llegada del Santo Padre generó una notable expectación entre los asistentes congregados en el principal templo madrileño. Mientras más de un millar de personas participaban en el rezo del rosario, la patrona de Madrid aguardaba en su camarín revestida con el conjunto de coronas realizado para su coronación canónica de 1948, promovida por el Papa Pío XII. Se trata de una pieza especialmente vinculada al pueblo madrileño, ya que fue confeccionada por el platero Juan José García gracias a las aportaciones realizadas por numerosos devotos, quienes donaron desde sencillos objetos personales hasta valiosas joyas para hacer posible aquella corona destinada a la Virgen y al Niño.

Una catedral repleta de seminaristas y religiosas contemplativas

La ceremonia reunió a seminaristas de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá acompañados por sus familias, así como a numerosas religiosas de vida contemplativa que recibieron autorización especial para abandonar temporalmente la clausura y participar en este acontecimiento. La música de la Agrupación Coral Iter acompañó una celebración marcada por el recogimiento, la solemnidad y la intensa participación de los fieles.

La presencia de las comunidades contemplativas constituyó uno de los aspectos más destacados de la jornada. Muchas de las religiosas asistentes acudieron en representación de sus respectivos monasterios, trasladando así el sentir de numerosas hermanas que siguieron el acto desde sus conventos. Entre los participantes también se encontraban seminaristas del Seminario Conciliar de Madrid, quienes vivieron el encuentro como una ocasión singular dentro de la vida de la Iglesia madrileña.

El recibimiento al Pontífice

León XIV llegó a la catedral a las 18:00 horas acompañado por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, siendo recibido a las puertas del templo por la reina Sofía. Antes de acceder al interior, el Papa fue revestido con una estola confeccionada especialmente para la ocasión y ornamentada con motivos de lirios, creada expresamente para esta visita.

Una vez dentro del templo, recibió para su veneración un Cristo de marfil conservado junto a la sacristía mayor, una obra del siglo XX inspirada en modelos barrocos que también fue besada por Benedicto XVI durante su visita a Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de 2011. Del mismo modo, como corresponde a un obispo que accede a una iglesia, utilizó el hisopo con agua bendita para realizar la aspersión en memoria del Bautismo.

La emoción de los presentes acompañó la entrada del Pontífice hasta el presbiterio, donde ocupó un asiento distinto de la sede episcopal al tratarse de un acto de oración y no de una celebración litúrgica, circunstancia que también determinó la disposición del altar durante el encuentro.

Un mensaje centrado en la Virgen y en la superación de los muros

Durante su intervención, León XIV evocó la profunda tradición mariana vinculada a la Virgen de la Almudena y destacó la fuerza espiritual de una devoción transmitida durante siglos. El Santo Padre se refirió a la imagen de María como aquella que presenta a su Hijo al mundo y subrayó el arraigo cristiano que representa para Madrid, así como la esperanza que continúa alentando a generaciones de fieles.

Especial relevancia adquirió en sus palabras la referencia a los muros derribados que, según la tradición, permitieron el reencuentro de la imagen con el pueblo madrileño. El Papa presentó esta imagen como una invitación permanente a derribar barreras, superar divisiones y favorecer el encuentro entre las personas, una reflexión que encontró eco en las palabras de bienvenida pronunciadas por el cardenal José Cobo, quien recordó la estrecha relación histórica entre Madrid y su patrona.

El momento culminante: la entrega de la Rosa de Oro

Tras concluir su mensaje, León XIV ascendió hasta el camarín de la Virgen para depositar a sus pies la Rosa de Oro. La distinción le fue entregada previamente por dos alumnos del Colegio Arzobispal-Seminario Menor de Madrid, presentes junto a sus compañeros en una ceremonia que alcanzó entonces su instante de mayor intensidad emocional.

El momento adquirió una especial trascendencia cuando el Pontífice permaneció varios minutos en oración profunda ante la imagen de la Virgen de la Almudena. Antes de concluir el acto, dirigió una plegaria en la que pidió la intercesión de María para servir fielmente a Dios, proclamar su gloria mediante el testimonio de palabra y de vida y permanecer firmes en la fe de la Iglesia.

Aplausos y vítores para despedir al Papa

El clima de silencio, recogimiento y oración que presidió toda la ceremonia dio paso, en los instantes finales, a una espontánea manifestación de afecto hacia el Pontífice. Fueron los seminaristas quienes comenzaron a corear un tímido «¡Viva el Papa!», que poco después se extendió por toda la catedral mientras las religiosas contemplativas respondían con una prolongada y entusiasta ovación.

Entre los asistentes, muchos coincidían en señalar la entrega de la Rosa de Oro como el momento más emotivo de la jornada. Algunos seminaristas destacaron especialmente el simbolismo de una distinción considerada tradicionalmente como la máxima expresión del cariño que un Papa puede ofrecer a la Virgen María, una muestra de afecto que quedó grabada en la memoria de quienes participaron en el acto.

La ceremonia contó además con una amplia representación institucional, política y eclesial. Entre los presentes se encontraban la reina Sofía; la ministra portavoz del Gobierno, Elma Saiz; el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, acompañado de su esposa; el exalcalde José María Álvarez del Manzano; Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón; así como concejales, diputados y numerosas autoridades.

Asimismo, participaron los arzobispos eméritos de Madrid, los cardenales Antonio María Rouco Varela y Carlos Osoro; el obispo auxiliar de Madrid Juan Antonio Martínez Camino; además de los obispos de Getafe, Ginés García, y de Alcalá, Antonio Prieto, completando una destacada representación de la Iglesia española en una jornada que quedará unida al histórico gesto de León XIV hacia la Virgen de la Almudena.