Disonancias musicales | Un relevo entre la ilusión y la duda

Música o postureo: el laberinto de la Sangre

La Sevilla cofrade suele llenarse la boca hablando de arte, pero a menudo demuestra un oído durísimo. La reciente reestructuración en la dirección musical de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de la Sangre, donde el timón pasa a manos de un triunvirato salido de la propia casa —Víctor Onia Román, Iván García García y Raúl Garrido Torres—, abre un melón incómodo: ¿gana o pierde la formación con este movimiento? A bote pronto, la lectura que se hace en la calle merece matizarse: no todo cambio de dirección responde a un problema; bien podría tratarse de una apuesta estratégica para atraer a nuevos músicos que eleven la calidad interpretativa del conjunto.

La salida de Francisco Javier González Ríos, planteada con la elegancia de un fin de ciclo tras marcar una época, deja tras de sí un legado que conviene reconocer: la armonización de la banda y el exquisito papel de la cuerda de fliscornos han rozado el primer nivel bajo su batuta. El maestro «Francis» fue una eminencia ajena que aportó vanguardia pura a una formación que ahora afronta el reto de sostener ese nivel con un liderazgo nacido desde dentro.

Pero claro, estamos en Sevilla. En esta bendita ciudad el «buen gusto» musical cotiza a la baja, y se premia antes el número de componentes, la potencia desmedida o el postureo de redes sociales que la finura armónica. Aquí se entiende mucho de estética, de «ambiente» y de bullas, y desgraciadamente muy poco de música.

¿Servirá de algo este relevo generacional encomendado a tres hombres criados en el seno de la propia banda, o todo seguirá igual? Por ahora nos queda el refugio de los conciertos dirigidos por Francis, donde la Sangre ha demostrado un paladar exquisito que el gran público se niega a paladear. Ojalá la juventud de Onia, García y Garrido sepa capitalizar el momento y atraer a la formación el talento instrumental necesario para que ese nivel no solo se mantenga, sino que crezca, y no se quede todo en un gesto de cara a la galería sin recorrido real. El tiempo dirá…