Granada vuelve a poner sus calles a los pies del Cristo de San Agustín en una histórica rogativa ante los terremotos

El Sagrado Protector de la ciudad ha recorrido este lunes la capital por primera vez con este carácter en 128 años, en una jornada marcada por el silencio, la oración y la música

Granada ha vuelto a encontrarse este lunes con una de las imágenes más estrechamente vinculadas a su memoria religiosa. En la festividad litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz, el Santísimo Cristo de San Agustín ha abandonado la Catedral para recorrer las calles de la ciudad en una procesión extraordinaria de rogativas ante los terremotos registrados durante la última quincena de agosto y sus posteriores réplicas.

La jornada comenzó con la Santa Misa de las 19:00 horas en la Catedral, presidida por el arzobispo de Granada, José María Gil Tamayo, y concelebrada por sacerdotes. En el interior del templo estuvieron también seminaristas, representantes de la corporación municipal, autoridades civiles y militares y numerosos fieles. La alcaldesa, Marifrán Carazo, encabezó la representación municipal junto al hermano mayor del Cristo de San Agustín, Juan Miguel Sabador Martín, en una celebración en la que la primera edil dio lectura al tradicional Voto de la Ciudad, expresión de la vinculación histórica de Granada con su Sagrado Protector.

La corporación municipal estuvo integrada por miembros del equipo de Gobierno y concejales del grupo socialista, mientras que Vox no contó con representación. Tras la celebración eucarística, los himnos de Granada, Andalucía y España fueron interpretados por primera vez en más de tres siglos en la plaza de las Pasiegas, donde la representación municipal fue recibida por la junta de gobierno de la hermandad y por el propio arzobispo granadino.

Un regreso extraordinario a las calles después de 128 años

La salida del Cristo de San Agustín adquirió una dimensión especialmente excepcional por el prolongado periodo transcurrido desde la última ocasión en la que la imagen recorrió públicamente Granada con este carácter. Han pasado 128 años desde la anterior salida en rogativas, cuando el Crucificado fue trasladado hasta la Catedral para implorar el fin de la guerra de Cuba.

Durante el último siglo, este tipo de rogativas se habían desarrollado en el interior de la iglesia del convento del Santo Ángel Custodio, donde la devoción al Sagrado Protector había continuado expresándose sin que la imagen recorriera las calles. La jornada de este lunes ha recuperado, por tanto, una tradición que vuelve a adquirir una dimensión pública ante una circunstancia concreta que ha alterado la vida cotidiana de numerosos granadinos.

La imagen ha salido para pedir a Dios por el cese de los terremotos y sus réplicas, así como por la protección de Granada y de su Archidiócesis y, de manera particular, por todas aquellas personas que se han visto afectadas por los temblores y sus consecuencias.

El propio arzobispo, durante la celebración, puso el acento en el significado de esta jornada y en la necesidad de interpretar la rogativa desde la fe. Recordó las dificultades sufridas por los granadinos, con especial referencia al Zaidín, y afirmó que la ciudad ha superado otras situaciones adversas y también podrá superar esta, con la ayuda de Dios.

La memoria de un protector al que Granada ha acudido durante siglos

La relación entre el Cristo de San Agustín y las rogativas de la ciudad hunde sus raíces en la historia de Granada. La devoción al Crucificado se encuentra especialmente ligada a la epidemia de peste de 1679, cuando la ciudad acudió a esta imagen, venerada entonces en el convento de los Agustinos Calzados, atribuyéndose a su mediación el cese de la enfermedad.

La tradición de recurrir al Cristo en circunstancias adversas no se limitó a las epidemias. Los granadinos acudieron también a él para solicitar protección frente a sequías, como la registrada en 1635, y ante la plaga de langostas que afectó a la Vega granadina en 1757. Asimismo, la ciudad recurrió al Crucificado durante distintas epidemias de cólera sufridas en la década de los treinta del siglo XIX.

Ese patrimonio de memoria ha dado sentido a la jornada de este lunes. La rogativa no se ha planteado únicamente como una procesión extraordinaria, sino como una oración pública ante una situación de necesidad, recuperando el significado tradicional de este tipo de celebraciones litúrgicas ante terremotos, sequías, inundaciones, plagas y otras circunstancias adversas.

La oración como centro de la jornada

Tras la Eucaristía, la organización del cortejo se desarrolló con agilidad, conforme al propósito expresado por el hermano mayor: que la oración en torno al Cristo de San Agustín constituyera el verdadero centro de la salida y que los hermanos y cuantos granadinos quisieran sumarse pudieran acompañar al Sagrado Protector.

El silencio comenzó a reclamar protagonismo ya en el interior de la Catedral, donde sonó el Christus Factus Est, obra del compositor alicantino Rubén Jordan. A partir de ese momento, la atención quedó concentrada en el Crucificado, una talla atribuida al florentino Jacobo Torni, conocido también como Jacobo Florentino, y fechada habitualmente entre 1520 y 1525, aunque existen historiadores que apuntan hacia otras posibles autorías.

La imagen salió ataviada con el tonelete de tisú de plata bordado en oro, considerado el más antiguo de los que se conservan y realizado en el siglo XVI. El conjunto procesional se completó con un exorno floral compuesto por dalias, rosas, ranúnculos, skimmia, sanguisorba, corallo, granadas, barbatus y rosa de pitiminí, trabajo realizado por Granatum.

Las Cinco Llagas, cinco momentos para detener el paso y rezar

Uno de los elementos centrales de la procesión ha sido la Oración de las Cinco Llagas de Cristo, dirigida por el arzobispo de Granada durante el recorrido. La oración permitió estructurar la rogativa en torno a las heridas de la Pasión: las correspondientes a las manos derecha e izquierda, los pies y el costado de Cristo, con cinco paradas vinculadas a cada una de las llagas.

Cada estación estuvo acompañada por una reflexión espiritual y una oración, convirtiendo el itinerario en un recorrido esencialmente penitencial y de súplica. La música de capilla y las voces reforzaron el carácter contemplativo de la celebración, sin desplazar el protagonismo de la oración.

La procesión contó con la participación del grupo vocal Mágnum Ensemble y de la capilla musical Santo Ángel Custodio, formación vinculada a la hermandad del Cristo de San Agustín. A lo largo de las calles se sucedieron composiciones y cantos de carácter litúrgico, entre ellos Ánima Christi, Sagrado Protector y Perdona a tu pueblo, además de la Saeta al Cristo de San Agustín, que pudo escucharse durante el paso por la calle Mesones.

Un cortejo sobrio por el centro de Granada

Desde la Puerta de la Encarnación, el Crucificado tomó la plaza de las Pasiegas ante la presencia de numerosos granadinos y turistas que aguardaban desde antes de la salida para contemplar una escena excepcional. El cortejo quedó abierto por la cruz de guía plateada de la cofradía, obra de Manuel de los Ríos de 1994, seguida por el cuerpo litúrgico con ciriales y acólitos ceroferarios y turiferarios.

Tras ellos avanzó el paso procesional del Cristo, portado por las dos cuadrillas de la hermandad: la del propio Crucificado y la del palio de la Virgen de la Consolación. Ambas estuvieron dirigidas respectivamente por Javier Pérez y José Carvajal Linares.

El itinerario fue deliberadamente breve y se ajustó al carácter de rogativa de la convocatoria. Desde la Catedral, el Cristo de San Agustín recorrió Plaza de las Pasiegas, Marqués de Gerona, Mesones, Puerta Real de España, Reyes Católicos, Gran Vía, calle Cristo de San Agustín, Plaza Villamena, Cárcel Baja, Pie de la Torre y nuevamente Plaza de las Pasiegas, antes de regresar al primer templo granadino.

La devoción de una ciudad afectada por los temblores

Durante el recorrido, la respuesta de Granada fue multitudinaria. Centenares de personas se concentraron en los alrededores de la Catedral y acompañaron posteriormente al Crucificado por las calles, generando una estampa poco habitual en el centro de la capital.

El silencio se alternó con la música y con las oraciones. En Reyes Católicos y Gran Vía se vivieron algunos de los momentos de mayor recogimiento, mientras que el regreso por la calle que lleva el nombre del propio Crucificado reforzó el carácter simbólico de una jornada en la que la ciudad volvió a dirigirse a su Sagrado Protector.

Entre los asistentes se encontraba María Luisa, vecina del Zaidín, quien explicó que había acudido para dar gracias a Dios después de haber vivido los terremotos junto a su hija. Su testimonio reflejó una de las realidades que han acompañado a esta rogativa: viviendas afectadas y noches marcadas por la incertidumbre, pero también la voluntad de agradecer que sus consecuencias personales no hayan sido mayores.

Granada ante su Sagrado Protector

La llegada del cortejo de nuevo a la Catedral, después de avanzar por Pie de la Torre, Plaza Villanueva y Cárcel Baja, puso el colofón a una jornada que recuperó para las calles una antigua tradición de Granada. La oración y la petición de protección estuvieron por encima de cualquier consideración estrictamente procesional.

La rogativa ha permitido así que el Cristo de San Agustín vuelva a recorrer Granada después de más de un siglo, recuperando públicamente una función que históricamente le ha sido atribuida en momentos de especial dificultad para la ciudad. No se trató únicamente de contemplar una imagen extraordinariamente vinculada a la historia granadina, sino de acompañarla en una súplica colectiva ante los terremotos y sus consecuencias.

Ante las puertas de la Catedral tuvo lugar la oración y bendición final, cerrando una tarde en la que Granada volvió a poner su mirada en el Crucificado y a recordar por qué, durante siglos, los granadinos han acudido a él en busca de protección. En el silencio de las calles, entre cantos y plegarias, el Cristo de San Agustín volvió a ejercer como Sagrado Protector de Granada, esta vez ante una nueva adversidad que ha llevado a la ciudad a recuperar la oración pública como respuesta a los temblores.