El capirote | Luz de tristeza

Septiembre es sinónimo de la vuelta a la normalidad después de un verano en el que huimos de la ciudad hacia la costa. Alguna visita esporádica, como la radiante mañana del mes de agosto, para acompañar a la patrona y proseguir con la tradicional cita con las Vírgenes dormidas, devociones de las clausuras que salen de sus urnas para encontrarse con los fieles, pero poco más.

El noveno mes del año es sinónimo de cambios. En el calendario cofradiero, sin embargo, permanecen inalterables algunas de las procesiones sevillanas más genuinas. El universo de las glorias, tan rico, nos ofrece, entre otras, las procesiones de la Virgen de los Reyes de los Sastres o la de la Virgen de la Luz, patrona de la collación de San Esteban.

Las glorias fueron antaño las grandes devociones de la ciudad. Ahí está el patrimonio que atesoran, testigo de siglos de esplendor. Prueba de ello son las exposiciones donde muestran parte de su historia. Pocas veces nos sorprendemos cuando son las penitenciales las que protagonizan alguna muestra, porque estamos acostumbrados a conocer hasta el último detalle. Cuando sucede con las corporaciones letíficas, uno acaba saliendo de la exposición sorprendido ante la riqueza de pasos, joyas o imágenes que guardan con celo en el interior de las sacristías. Recuerdo, por ejemplo, el buen sabor de boca que dejó Alegría, en el Círculo Mercantil, allá por 2022.

La hermandad de la Virgen de la Luz vivió también sus años de esplendor, pero en los últimos lustros la corporación parece enquistada en una situación donde, si bien es cierto que continúa adelante, parece haber quedado relegada dentro de las letíficas. Para muestra su triduo, celebrado a mediados de este mes, cuando la iglesia de San Esteban se hallaba semivacía.

Pensamos que las procesiones en la calle son el mejor termómetro para medir la devoción a una imagen y la vida corporativa, y nos equivocamos. Nos echamos a la calle a ver cofradías, pero el resto del hay un importante trabajo detrás. Y, ¿qué pasa en la Luz? Si en el triduo vimos un atavío que no era digno de la imagen, tampoco es que fuera para tirar cohetes cómo se presentaba para su salida anual.

La corporación se ha convertido en una hermandad familiar, con pocos hermanos, donde todo parece quedar entre cuatro o cinco personas, sin abrirse al pueblo. ¿Qué hace su hermano mayor? Tiene por delante bastante tiempo —ya jubilado hace unos años— para repensar su rumbo, un calendario de actos y cultos que atraiga al fiel, en definitiva, buscar el modo de que se incremente su presencia en la ciudad.

Gracias a la hermandad de la Virgen de la Luz, San Esteban pudo realizar su primera estación de penitencia. Ahora, parece mentira que aquella imagen que, además, salió incluso un Domingo de Resurrección, haya quedado relegada a iluminarnos solo durante el mes de septiembre.