El viejo costal | Formación cofrade: una apuesta necesaria, pero, ¿cuántos estamos?

Hoy he asistido a la primera jornada del Plan Diocesano de Formación Cofrade, una iniciativa de gran alcance impulsada por la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, con la colaboración académica del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Díez.

Hemos comenzado el curso 527 cofrades, pertenecientes a 347 hermandades y cofradías, de 40 localidades de nuestra diócesis. Son cifras que, a primera vista, pueden parecer importantes. Sin embargo, cuando las ponemos en relación con la realidad cofrade de Córdoba, surgen algunas preguntas.

No he conseguido encontrar datos del censo total de nazarenos o cofrades de la provincia, pero sí contamos con algunas referencias. Según publicaba el Diario Córdoba el pasado 5 de abril, la Semana Santa de 2026 en la capital reunió a 39 hermandades, 72 pasos y alrededor de 10.000 nazarenos. Y estamos hablando únicamente de Córdoba capital, sin incluir al resto de municipios de la provincia.

Por otra parte, el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, el Rvdo. D. José Juan Jiménez Güeto, explicaba en Religión Digital, el 23 de junio, sobre una encuesta realizada, «los resultados de un amplio proceso de escucha en el que se habían recibido 226 cuestionarios válidos, correspondientes a 186 hermandades» Entre los datos recogidos, destacaba que el 87,2 % de los participantes demandaba materiales y recursos formativos; el 73 % consideraba necesaria una formación específica para quienes asumen responsabilidades de gobierno, y el 66,8 % respaldaba la creación de itinerarios formativos para los nuevos hermanos.

Sobre el papel, parece que existe una demanda clara de formación. Sin embargo, las cifras de participación en este primer curso invitan a reflexionar. Es cierto que el plan está dirigido principalmente a los miembros de las juntas de gobierno y a aquellos cofrades que quieran prepararse para asumir responsabilidades en el futuro. Aun así, creo que la participación nos deja una cuestión importante: ¿hay realmente tantas personas dispuestas a formarse para servir a sus hermandades?

He intentado poner los datos en perspectiva, aunque soy consciente de las limitaciones de las cifras disponibles. Si tomamos como referencia los aproximadamente 10.000 nazarenos de la capital y hacemos una estimación de 50 costaleros por hermandad (aunque en realidad muchas superan con creces este número, pero para evitar los que salen en varias, le he disminuido) , estaríamos hablando de otros 1.950 costaleros, suponiendo que participaran unas 39 hermandades y sin descontar posibles coincidencias entre quienes salen de nazareno y quienes forman parte de las cuadrillas. Con estas referencias, y teniendo en cuenta que el curso se imparte en tres centros y que participan cofrades de toda la provincia, la cifra de matriculados de 527, resulta, al menos, llamativa. No obstante, esta comparación debe tomarse con cautela: nazarenos y costaleros no representan necesariamente personas distintas, ni todos ellos son candidatos potenciales a esta formación.

Hay otro dato que me parece especialmente significativo: aproximadamente el 80 % de los matriculados ya ocupa cargos de responsabilidad en sus juntas de gobierno. Dicho de otra manera, solo el 20 % estaría preparándose para asumir esas responsabilidades en el futuro. Trasladado a las cifras totales, estaríamos hablando de unos 421 alumnos que ya forman parte de juntas de gobierno, tienen su relevo frente a unos 105 que podrían estar preparándose para sustituirlos en un futuro.

Si estos porcentajes son correctos, la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿estamos preparando suficientemente el relevo en nuestras hermandades? ¿O seguimos dependiendo, en buena medida, de quienes ya están al frente de ellas?

La formación se prolongará durante dos cursos académicos, con una jornada mensual desde ahora hasta mayo. En la primera sesión, celebrada el pasado día 10, a mi grupo nos impartieron los contenidos Coherencia entre fe y vida e Introducción a los evangelios.

El plan incorpora también materias muy vinculadas a las necesidades actuales de nuestras corporaciones: comunicación, gestión económica, régimen fiscal, aspectos jurídicos, caridad y nueva evangelización. Y aquí está, a mi juicio, uno de sus mayores aciertos. No se trata simplemente de aprender normativa cofrade o de adquirir conocimientos para desempeñar un cargo. La propia diócesis presenta esta iniciativa como una respuesta a las demandas expresadas por las hermandades, con el propósito de formar cofrades más sólidos en la fe, mejor preparados para el servicio eclesial y capaz de afrontar desafíos como la secularización, la comunicación digital o la transparencia en la gestión.

Creo que estamos ante la apuesta formativa más ambiciosa que recuerdo en nuestra Córdoba en el ámbito de las hermandades y cofradías. Por eso, mi esperanza es que todo lo aprendido no se quede únicamente en quienes asistimos a las clases. La formación debe regresar a cada hermandad, traducirse en una mejor manera de trabajar y, sobre todo, repercutir en la vida de nuestros hermanos.

Porque formarse para ocupar una responsabilidad no debería ser un mérito individual ni un simple requisito. Debería ser una manera de prepararse mejor para servir a la hermandad y a sus hermanos, y garantizar que, cuando llegue el momento, haya personas dispuestas y preparadas para continuar el trabajo de quienes las precedieron.