La Santa Cena de Granada justifica el caos de la Gran Vía, pero el peligro para los fieles sigue siendo inexplicable e intolerable

La Hermandad de la Santa Cena de Granada ha difundido un comunicado de agradecimiento tras el traslado de regreso del Señor de la Cena y María Santísima de la Victoria a Santa Cruz la Real, en el que también se refiere a las inadmisibles escenas vividas en la Gran Vía, con los fieles y devotos expuestos al tráfico rodado. La corporación agradece la intervención municipal, pero su explicación no resuelve la cuestión esencial: por qué la Policía Local no garantizaron la seguridad antes de que se produjera el caos, aunque reaccionara después.

La Hermandad recuerda que «desde noviembre de 2025, la Hermandad había comunicado el horario y el itinerario previstos para este traslado», concebido como «un traslado ordinario, sin cortejo procesional ni acompañamiento musical, por el camino más corto». Asimismo, señala que «la gran afluencia de público que quiso acompañar a nuestros Sagrados Titulares superó las previsiones iniciales, y desbordó el operativo previsto por la Policía Local». La corporación añade que la situación «pudo ser reconducida gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Granada y de la Policía Local», a quienes traslada su agradecimiento.

Pero la cuestión no es que la Policía Local reaccionara cuando la situación ya se había desbordado, sino por qué no había prevenido el riesgo antes de que se produjera. No corresponde a una hermandad organizar el tráfico ni diseñar el dispositivo policial de seguridad: esa responsabilidad compete a los servicios municipales encargados de regular la circulación y proteger a quienes participan en actividades autorizadas en la vía pública. La Hermandad había comunicado el recorrido y el horario; era la Policía Local quien debía prever los riesgos, disponer los medios necesarios y garantizar el corte de tráfico antes de que los fieles quedaran expuestos a los vehículos.

El agradecimiento de la corporación al Ayuntamiento es legítimo, pero no puede confundirse con una respuesta a las preguntas que siguen pendientes. Las imágenes de personas compartiendo la calzada con el tráfico fueron bochornosas, comprometieron la seguridad de los asistentes y supusieron una falta de respeto hacia la Santa Cena y hacia todos los cofrades de Granada. Que la situación terminara reconduciéndose no convierte en aceptable lo ocurrido ni exime a los responsables de explicar por qué el dispositivo preventivo no evitó aquellas escenas.

El Ayuntamiento de Granada y la Policía Local son quienes deben dar explicaciones. Deben aclarar por qué no se cortó la Gran Vía a tiempo, qué dispositivo se había establecido y cómo pudo permitirse que un traslado de estas características quedara expuesto al tráfico. No basta con atribuir lo sucedido a una asistencia superior a la prevista ni con destacar la intervención posterior. La seguridad no consiste en reaccionar cuando el peligro ya es evidente, sino en anticiparse para impedir que los ciudadanos queden expuestos a él.

Si el argumento es que se desbordaron las previsiones de público, cabe plantear una pregunta tan incómoda como inevitable: si aquella situación hubiese terminado en una desgracia, ¿la responsabilidad habría sido de los fieles por acudir a acompañar a sus Titulares o de quienes tenían la obligación de anticiparse a los riesgos e implementar las medidas necesarias para evitar el caos?

Como dice el dicho: «uno no deja de defender aquello en lo que cree aunque el ofendido defienda a quien perpetra la ofensa» . La convicción de defender a la Santa Cena no exige callar ni aceptar que un comunicado de agradecimiento cierre un debate que afecta a la seguridad de sus hermanos y devotos. Precisamente por respeto a la corporación y a todos los cofrades granadinos, hay que exigir responsabilidades a quienes tenían la obligación de protegerlos. Con comunicado o sin él, lo ocurrido en la Gran Vía fue una vergüenza, como evidencian las múltiples muestras de indignación que se multiplicaron por las redes sociales al presenciar lo ocurrido. Y ninguna nota de agradecimiento, por muy loable que pueda ser intentar apagar un fuego, puede minimizar lo evidente: una falta de previsión intolerable provocó escenas bochornosas y un riesgo innecesario. Que a quien corresponda tome nota y que no se vuelva a repetir.