La hermana mayor de la Hermandad de la Merced de Córdoba, Ana Gema Torrico, afronta la salida extraordinaria de Santa María de la Merced con la emoción de quien se sabe depositaria de una historia construida durante décadas por generaciones de hermanos. La procesión de este sábado, con motivo del cincuenta aniversario de la llegada de la Virgen a la corporación cordobesa, tendrá como uno de sus momentos centrales la entrega del broche, réplica del escudo de la ciudad, de manos del alcalde. Una distinción que trasciende su dimensión institucional para convertirse en expresión del vínculo entre Córdoba y una devoción profundamente arraigada en su barrio.
En esta entrevista, Torrico evoca los sacrificios de los primeros mercedarios, reivindica el legado de quienes ya no están y reflexiona sobre la responsabilidad que acompaña a un reconocimiento público de esta naturaleza. La hermana mayor también anticipa los momentos más emotivos de una jornada que reunirá a hermandades, vecinos y devotos, defiende la necesidad de que la distinción se traduzca en un compromiso social permanente y aborda la posibilidad de iniciar el expediente de coronación de Santa María de la Merced, un horizonte que despierta ilusión, pero que, a su juicio, deberá afrontarse con calma, madurez y responsabilidad.
— Este sábado, la Virgen de la Merced saldrá a las calles de Córdoba para recibir el broche, réplica del escudo de la ciudad, coincidiendo con el cincuenta aniversario de su llegada. Como hermana mayor, ¿qué siente al saber que va a vivir un momento que quedará para siempre en la historia de la Hermandad y en el corazón de tantos mercedarios?
Mucha emoción contenida por lo que vamos a vivir y por la responsabilidad que conlleva. Pero, por encima de todo, siento una gratitud infinita hacia todas y cada una de las personas que han formado parte de esta Hermandad a lo largo de sus casi 75 años de historia. Esto no es de una sola persona ni de una Junta de Gobierno: esto es el fruto del trabajo, del esfuerzo y del amor de tantas generaciones de hermanos que lo dieron y lo siguen dando todo por la cofradía. A mí hoy me toca ser la voz y el rostro visible por la responsabilidad del cargo, pero este hito histórico pertenece por entero a todos los mercedarios que pusieron su granito de arena por el camino.
Cuando Santa María de la Merced cruce las puertas de nuestra casa de Hermandad este sábado, sé que en sus manos y en su manto van las oraciones de todos los que construyeron este sueño.
«En sus manos y en su manto van las oraciones de todos los que construyeron este sueño»
— Detrás de estos cincuenta años hay generaciones de hermanos, promesas, oraciones, lágrimas y momentos compartidos ante la Virgen. Si pudiera mirar a aquella primera generación de mercedarios y hablarles por un instante, ¿qué les diría al ver hasta dónde ha llegado hoy su devoción?
Les agradecería de todo corazón su valentía y la fe tan firme que tuvieron, y les diría sencillamente que valió la pena. Cuando uno lee las actas de esos primeros cabildos de oficiales y escucha las historias de las primeras décadas, se da cuenta de las grandes dificultades con las que se encontraron en sus inicios y, mucho más aún, de lo complejo que supuso la llegada de Santa María de la Merced a la parroquia hace cincuenta años.

Les diría que aquella imagen que acogieron entre dudas y sobrecogimiento se convirtió pronto en el centro de sus corazones y en el consuelo de sus vecinos, devotos y hermanos y, casi me atrevo a decir, de muchos cordobeses de fuera de nuestro barrio. Les aseguraría que la semilla que ellos sembraron en mitad de la dificultad lleva dando sus frutos muchos años y que, si la Virgen de la Merced recibe este sábado el broche, réplica del escudo de la ciudad, es gracias al coraje con el que ellos defendieron y mantuvieron viva esta devoción.
«(A aquella primera generación de mercedarios) Les diría sencillamente que valió la pena»
— El broche, réplica del escudo de la ciudad, es un reconocimiento de Córdoba a la Virgen de la Merced, pero para quienes la sienten como Madre, su mayor distinción está en el amor que recibe cada día. ¿Qué cree que representa este reconocimiento para los devotos que han encontrado consuelo, esperanza y refugio bajo su manto?
Para cualquier devoto, la verdadera valía de la Virgen no reside en un reconocimiento material, sino en la paz que transmite su mirada y en la cercanía de saber que siempre está ahí.
Sin embargo, este broche, réplica del escudo de la ciudad, es un motivo de orgullo para todos nosotros, porque supone el respaldo y el abrazo de nuestra ciudad a una devoción que lleva cincuenta años creciendo en su barrio. Representa la confirmación de que el cariño que muchas personas le profesan en la intimidad de sus vidas trasciende fuera de la Hermandad. Es algo que podemos comprobar cada 24 de septiembre, cuando, desde las 12 de la noche, se suceden numerosas personas para visitarla, rezarle, cantarle o simplemente mirarla a los ojos.
Acudimos a la Merced buscando libertad, salud, esperanza o consuelo en las pruebas más difíciles de la vida. Por eso, que la ciudad, a través de su alcalde, le conceda esta distinción es la forma que tiene Córdoba de decirle «gracias» por estar ahí siempre como refugio constante en mitad de nuestras penas y alegrías.
«La verdadera valía de la Virgen no reside en un reconocimiento material, sino en la paz que transmite su mirada»
— En una jornada tan extraordinaria, habrá hermanos que ya no están, familiares que enseñaron a sus hijos a querer a la Virgen y niños que vivirán su primera gran salida junto a Ella. ¿Qué lugar ocupan los recuerdos, las ausencias y el legado familiar en un día en el que tantas generaciones se encontrarán alrededor de la misma devoción?
Como en cualquier día importante en la vida de una persona, es inevitable recordar a aquellos que ya no están entre nosotros. Van a ocupar un espacio muy entrañable porque una salida extraordinaria es, al final, un punto de encuentro de vidas y de una historia compartida. Aunque cada uno llega a la Virgen por caminos distintos —algunos con la tradición heredada en casa y otros, habiéndola descubierto por el camino—, todos compartimos el mismo sentimiento. Y todos tenemos a algún hermano muy cercano que ya está en el cielo y que recordamos con mucho cariño. En un día así es inevitable echar la vista atrás, recordar a quienes ya no están y que en muchos momentos caminaron junto a nosotros. Y, al mismo tiempo, vamos a mirar a esos niños pequeños que van a vivir esto por primera vez. Es el reflejo de una devoción que está muy viva en nuestra casa, en nuestro barrio y en la ciudad de Córdoba, donde cabemos todos, uniendo el recuerdo de los que nos precedieron con la ilusión de las nuevas generaciones.
«Es el reflejo de una devoción que está muy viva en nuestra casa, en nuestro barrio y en la ciudad de Córdoba»
— Cuando termine este sábado y la Virgen regrese a su templo, quedarán las emociones, las fotografías y el recuerdo de una jornada histórica. Pero también comenzará el día después. ¿Qué mensaje le gustaría dejar a los mercedarios y a toda Córdoba para que este broche no sea solo el recuerdo de una efeméride, sino un compromiso renovado de amor, fe y entrega a la Virgen de la Merced?
Sencillamente, que esto no es solo un premio para guardarse en el ajuar o para ponérselo en el pecho en ocasiones especiales, sino una exigencia para el día a día. La mejor manera de corresponder a este reconocimiento es seguir fortaleciendo lo que somos: una verdadera Hermandad, fundamentada en la fe y en una obra social sólida y constante. Santa María de la Merced es el refugio de los cautivos de hoy, de la soledad, de la necesidad, de la falta de recursos y también de los privados de libertad, y nuestro deber es seguir atendiéndolos.

Quisiera que este hito no se quedase solo en la emoción de una salida extraordinaria o de la imposición de un broche, sino que renueve nuestra fe y nuestro compromiso de estar siempre al servicio del que más lo necesita y, por supuesto, que nos sirva para crecer y fortalecernos como Hermandad, tanto por dentro como por fuera.
«La mejor manera de corresponder a este reconocimiento es seguir fortaleciendo lo que somos: una verdadera Hermandad»
— Si tuviera que señalar dos o tres instantes imprescindibles de esta salida extraordinaria, ¿cuáles serían y qué los hará especialmente emocionantes para Córdoba?
Va a ser muy complicado quedarse solo con dos o tres momentos en un día tan extraordinario y en el que estoy segura de que cada metro de calle va a ser puro sentimiento. Pero te podría decir que uno de ellos va a ser el acto central de la imposición del broche, réplica del escudo de la ciudad, en las puertas del Ayuntamiento y de manos de nuestro alcalde. Ver a nuestra Madre recibir ese reconocimiento arropada no solo por autoridades, sino por los hermanos y también por nuestras hermandades hermanas y amigas, que nos van a acompañar, va a ser algo muy emocionante.
También será muy emocionante el discurrir de la cofradía por un recorrido muy emblemático para nosotros. Vamos a pasar por los templos de algunas hermandades y sabemos que van a recibir a Santa María de la Merced a su paso. Es el reflejo más bonito de la fraternidad: saber que no caminamos solos y que compartimos con ellos la alegría de este día.
Y creo que uno de los momentos más bonitos, si Dios quiere, será la vuelta al barrio. Cuando la Reina del Zumbacón encare la vuelta y el barrio la reciba con sus calles engalanadas, vestidas de fiesta con todo el mimo del mundo. Ver a los vecinos asomados a sus balcones, entre cantos, petaladas y la emoción a flor de piel, va a suponer un pellizco al corazón inolvidable.
«Cada metro de calle va a ser puro sentimiento»
— El anuncio del consiliario, Francisco Javier Moreno Pozo, de que planteará al obispo de Córdoba iniciar el expediente de coronación de la Virgen de la Merced abrió una nueva perspectiva para la corporación. ¿Cómo vivió aquella noticia, qué ilusión ha despertado entre los hermanos y los miles de devotos de la Virgen y cómo contempla la posibilidad de que ese horizonte llegue a materializarse, teniendo en cuenta la responsabilidad que supondría para la Hermandad?
Se me dio la vuelta el corazón.
Lo vivimos todos con sorpresa durante la función principal del 24 de septiembre. Fue algo inesperado y que se vivió con emoción y alegría porque sabemos el cariño y la devoción que se le profesa a Santa María de la Merced.
A don Francisco Javier solo se le pueden dar las gracias de todo corazón por la cercanía, el cariño y la entrega con la que vive el día a día de la cofradía. Siempre está dispuesto a apoyarnos e involucrarse al máximo en cualquier idea que le proponemos.
¿Cómo no nos va a ilusionar? Ver a nuestra Madre coronada es un sueño que ilusiona a cualquier hermano y devoto, pero no solo de Santa María de la Merced, sino de cualquier advocación mariana. Y, bueno, todos los que compartieron esos momentos pueden atestiguar que lo recibimos con alegría, pero es algo que se debe abordar con mucha calma, madurez y responsabilidad. Si la Virgen quiere que sea así, ya se verá en su momento.
Ahora mismo, nuestro deber y nuestro centro absoluto están muy claros: culminar como se merece este cincuentenario de Santa María de la Merced, ponernos a trabajar en el de Nuestro Padre Jesús Humilde en la coronación de Espinas y comenzar a organizarnos con todo el rigor que requiere el horizonte del 75.º aniversario fundacional de nuestra Hermandad.
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