Córdoba recupera el histórico San Rafael del Alpargate tras casi tres años de ausencia por la borrasca Bernard

La silueta del Custodio vuelve a formar parte del horizonte cotidiano de la plaza del Cristo de Gracia. El triunfo de San Rafael del Alpargate ha sido restituido a su emplazamiento original después de que la borrasca Bernard provocara su deterioro el 23 de octubre de 2023, cuando un árbol de grandes dimensiones se desplomó sobre el monumento y destruyó parte de su estructura. La intervención devuelve a este enclave cordobés una pieza de profundo arraigo en la memoria vecinal, cuya presencia conecta el patrimonio artístico con una de las devociones más arraigadas de la capital.

La recuperación ha culminado este jueves con la colocación de la escultura del arcángel sobre el pedestal, instalado previamente el pasado 9 de octubre. La operación ha exigido cortes de tráfico en las calles próximas y ha concitado la atención de los vecinos, testigos de la vuelta de una imagen que llevaba cerca de tres años ausente de la plaza. El conjunto permanece cubierto hasta su presentación pública, prevista para el sábado 24 de octubre, festividad de San Rafael, cuando tendrá lugar su bendición y entronización a las 12:00 horas. La convocatoria está dirigida a la feligresía de la parroquia de Nuestra Señora de Gracia.

Una intervención para devolver al monumento su presencia histórica

El regreso del San Rafael del Alpargate ha sido posible gracias a una restauración que ha partido del examen de los materiales y de los fragmentos que sobrevivieron al impacto. La Asociación Profesional Cordobesa de Arte Sacro (Artesa) ha llevado a cabo los trabajos, aportando la mano de obra necesaria y contando con el respaldo del Ayuntamiento de Córdoba.

La actuación ha permitido recomponer un conjunto que sufrió daños considerables cuando el árbol cayó sobre él durante el temporal de octubre de 2023. Desde aquel episodio, la plaza había quedado privada de uno de sus elementos patrimoniales más reconocibles, una ausencia especialmente significativa en un espacio cuya identidad está estrechamente ligada a la tradición religiosa cordobesa. Su restitución supone, por tanto, la recuperación de un testimonio artístico y devocional integrado durante generaciones en la vida del barrio.

Aunque la escultura se remonta al siglo XVIII, el soporte arquitectónico que la sostiene fue construido en 1976. La combinación de ambos elementos configura un monumento cuya historia refleja las distintas etapas de conservación, adaptación y traslado que han marcado su trayectoria hasta alcanzar su actual ubicación.

La escultura del arcángel y la arquitectura del triunfo

El monumento se organiza en torno a un pedestal de planta octogonal y perfiles curvos sobre el que descansa la imagen de San Rafael, tallada en mármol blanco. La estructura arquitectónica, realizada en piedra caliza, se articula mediante varios cuerpos superpuestos que proporcionan altura y protagonismo a la figura del Custodio.

En la parte inferior, el basamento presenta un cuerpo cuadrangular ornamentado con marcas de sogas y tizones, delimitado por una moldura redondeada. Encima se levanta otro cuerpo también cuadrangular, de dimensiones más reducidas, separado del anterior por una cornisa ancha y rematado con una moldura menor. La transición hacia el pedestal octogonal permite enlazar la arquitectura con la escultura, que corona el conjunto.

La imagen, de autor desconocido, destaca por el dinamismo de su composición. El arcángel adelanta una pierna y mantiene la otra retrasada, como si estuviera a punto de dar un paso. Con la mano derecha recoge uno de los extremos del manto y lo aproxima al pecho, mientras que con la izquierda sostiene la cartela del juramento, ornamentada con motivos de rocalla.

La minuciosidad del trabajo escultórico se aprecia especialmente en las plumas de las alas y en los flecos de la túnica, detalles que enriquecen el acabado de la pieza y contribuyen a definir su carácter ornamental. La recuperación permite devolver al espacio público una obra en la que la expresividad de la figura y la delicadeza de los detalles forman parte esencial de su valor artístico.

De la Hacienda de la Albaida a la plaza del Cristo de Gracia

La historia del triunfo no comenzó en el barrio donde hoy se encuentra. Su primer emplazamiento conocido estuvo en la Hacienda de la Albaida, situada en las faldas de Sierra Morena, antes de que la pieza pasara al Ayuntamiento durante el siglo XIX y terminara instalada en la plaza de los Padres de Gracia, coincidiendo con la transformación de este espacio urbano.

Aquel recorrido incorporó progresivamente la imagen a la memoria colectiva de la zona, hasta convertirla en una referencia habitual para los vecinos. Su traslado desde el entorno rural hasta la ciudad constituye uno de los capítulos fundamentales de una trayectoria que explica la presencia actual del monumento en la plaza del Cristo de Gracia.

La Hacienda de la Albaida se vincula históricamente al señorío del mismo nombre, relacionado con el antiguo núcleo fortificado del Castillo de la Albaida y con las propiedades agrícolas extendidas por sus alrededores. Tras la conquista cristiana de Córdoba, en el siglo XIII, este territorio quedó ligado a una organización señorial y rural, articulada en torno a fincas y explotaciones agrícolas. En ese paisaje se encontraba el enclave desde el que el triunfo inició su recorrido antes de incorporarse al entramado urbano cordobés.

La devoción al Custodio y la tradición de los triunfos

La presencia de San Rafael en las calles de Córdoba responde a una tradición religiosa que adquirió especial relevancia durante el siglo XVII. En un periodo marcado por calamidades y epidemias de peste, arraigó la consideración del arcángel como protector de la ciudad y de sus habitantes. La tradición relata que San Rafael se apareció en sueños al sacerdote Andrés de las Roelas para anunciarle que Córdoba sería preservada de la epidemia. La difusión de aquel relato contribuyó a consolidar la veneración al Custodio y su lugar destacado en la espiritualidad cordobesa.

En 1651 se levantó uno de los primeros triunfos dedicados al arcángel junto al Puente Romano. A partir de entonces, y de manera especialmente intensa durante el siglo XVIII, estas representaciones se extendieron por distintos puntos de la ciudad. Su configuración habitual sitúa la imagen sobre una columna o un pedestal elevado, aunque la solución arquitectónica varía según las características de cada monumento.

Entre los atributos iconográficos tradicionales de San Rafael figuran el pez y la calabaza, elementos vinculados a su representación religiosa. La diversidad formal de estos conjuntos alcanza una expresión monumental en el triunfo situado junto a la Puerta del Puente, cuya complejidad arquitectónica y artística lo distingue de otras representaciones repartidas por Córdoba.

La expansión de estos monumentos también estuvo relacionada con el contexto religioso del Barroco, una época en la que las imágenes escultóricas adquirieron una notable relevancia como manifestación pública de la fe católica. Su presencia en plazas y calles convirtió la devoción en parte visible de la configuración urbana y de la vida cotidiana de los habitantes.

Con la restitución del San Rafael del Alpargate, Córdoba recupera uno de los 12 triunfos dedicados al Custodio que se distribuyen por sus calles y plazas. La escultura vuelve así a ocupar su lugar en un entorno que conserva el recuerdo de su larga trayectoria, mientras la próxima bendición marcará el cierre de una restauración que devuelve a la ciudad una pieza vinculada a tres siglos de historia, patrimonio e identidad devocional.