Galería | María Santísima del Amor abre sus manos al encuentro íntimo con sus devotos en Pino Montano

El silencio adquiere una dimensión distinta cuando el corazón encuentra ante sí a quien busca en sus horas de esperanza, desconsuelo y gratitud. En ese espacio donde las palabras se vuelven innecesarias y la emoción encuentra refugio en una mirada, María Santísima del Amor ha vuelto a convertirse en el centro de una de las manifestaciones de devoción más íntimas de la feligresía de Pino Montano, con motivo de los cultos que su Hermandad celebra cada mes de octubre en su honor.

La Parroquia de San Isidro Labrador, en la calle Alfareros de Sevilla, acoge el solemne besamanos de la dolorosa, dispuesta en el presbiterio alto del templo para recibir a quienes se acercan hasta Ella. Allí, entre el recogimiento de los fieles y la serenidad propia de estos encuentros, cada devoto encuentra su particular manera de expresar el amor, de depositar una súplica o de pronunciar, apenas con los labios, una oración que quizá llevaba demasiado tiempo aguardando el momento de ser compartida con la Madre de Dios.

El encuentro con la Madre en el silencio de la oración

Hay emociones que difícilmente encuentran acomodo en el lenguaje. Ante María Santísima del Amor, el gesto sencillo de acercarse, inclinar la mirada y besar sus manos se transforma en una oración sin estridencias, en un diálogo íntimo en el que las palabras pueden ser susurradas o permanecer encerradas en lo más profundo del alma. Cada persona llega con su propia historia, con sus inquietudes, sus agradecimientos y sus esperanzas, pero todas encuentran en la presencia de la Virgen un mismo horizonte de consuelo.

El besamanos constituye así mucho más que una manifestación externa de religiosidad. Es la oportunidad de detener por unos instantes el ritmo cotidiano, de buscar amparo en la ternura de la Madre y de compartir con Ella aquello que no siempre puede expresarse ante los demás. En la oración callada o musitada, en la mirada que se detiene sobre su rostro y en el beso depositado en sus manos, la devoción adquiere una intimidad singular, capaz de convertir unos instantes fugaces en recuerdos que permanecen en el corazón.

Nuestro compañero Benito Álvarez ha acudido al templo para dejar testimonio gráfico de este encuentro entre María Santísima del Amor y sus devotos, capturando la esencia de una jornada en la que la cercanía de la sagrada imagen y el recogimiento de los fieles componen una estampa de especial sensibilidad.

La belleza expresiva de una dolorosa tallada por Fernando Castejón

María Santísima del Amor es una imagen de vestir realizada por Fernando Castejón en 1998, tallada en madera de cedro, con cuerpo de candelero y policromía al óleo. Sus dimensiones, de 1,65 metros de altura, permiten contemplar una obra en la que el trabajo escultórico encuentra uno de sus principales valores en la expresividad del rostro y en la capacidad de transmitir, a través de sus facciones, la hondura del sentimiento doloroso.

Sus ojos de color miel, el entrecejo marcado y la tez morena configuran una fisonomía de notable personalidad. La boca entreabierta, en la que se manifiesta la intensidad del sufrimiento, completa una expresión que evoca el dolor de una Madre ante la Pasión de su Hijo y, al mismo tiempo, la inmensidad del amor que da nombre a la advocación. Una combinación de rasgos que confiere a la dolorosa una fuerza expresiva particularmente conmovedora.

Esa belleza, lejos de agotarse en la contemplación artística, encuentra su sentido más profundo en la relación espiritual que los fieles establecen con la imagen. El sufrimiento reflejado en su rostro y la ternura que emana de su advocación ofrecen a quienes acuden a sus plantas un lugar donde reconocerse, buscar consuelo y renovar su confianza.

Durante estos cultos de octubre, Pino Montano vuelve a estrechar sus lazos con María Santísima del Amor en una celebración en la que la devoción se manifiesta sin necesidad de grandes palabras. Basta una mirada, una súplica pronunciada en voz baja o un beso ofrecido con el corazón abierto para comprender que, en ocasiones, las oraciones más profundas son precisamente aquellas que solo una Madre sabe escuchar.