Concluido el Puente de la Inmaculada, la hermandad de San Benito rememora una efemérides esencial en su historia más reciente, el XXIV aniversario de la coronación canónica de Nuestra Señora de la Encarnación. Una cita trascendental con la memoria colectiva de sus hermanos que coincide con el tradicional besamanos que protagoniza la dolorosa de la corporación del Martes Santo, la popularmente conocida como Palomita de Triana. Un apelativo popular que obedece a un detalle que atesoraba el antiguo palio de la dolorosa que portaba una paloma de plata, sobrenombre inmortalizado en el corazón del pueblo hispalense y sobre un pentagrama por obra y gracia del compositor Francisco José Escobar quien creara en 2004 la marcha homónima que es habitual escuchar cada Martes Santo tras el palio de esta Virgen de la Encarnación de origen trianero. Nuestro compañero Benito Álvarez, ha acudido a su presencia para dejar testimonio de su besamanos con esta excelente crónica gráfica de una dolorosa cuya hermandad se encuentra a las puertas de celebrar el cuarto de siglo de uno de los hitos más relevantes de su historia contemporánea.
Cabe recordar que el Cabildo de hermanos de la Hermandad de San Benito, celebrado en octubre de 2017, aprobó por 150 votos a favor, seis en contra y cuatro abstenciones, proponer a Palacio una salida extraordinaria de su dolorosa con motivo del XXV aniversario de su coronación canónica. Una salida a celebrar en 2019. Fue el día 25 de marzo de 1994 cuando, en el transcurso de la homilía de la Función del Triduo anual a Nuestra Señora de la Encarnación, el Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo, anunció a los fieles que abarrotaban la parroquia de San Benito la próxima coronación canónica de la Virgen de la Encarnación, pues según sus palabras, al celebrarse el Año Internacional de la Familia, el acto serviría como “signo de veneración a la que es Madre de Dios y ejemplo de lo que debe ser una familia, y también para hacer un homenaje a la nobleza de nuestra familia, que son nuestros mayores, los ancianos”. Como pórtico a este acontecimiento se organizó un ambicioso programa de actos.
El 6 de diciembre de 1994, la Hermandad tenía previsto un precioso y marianísimo acto como era el rezo del Ángelus, y el lugar escogido para ello, como no podía ser otro, la Plaza del Triunfo, a los pies del monumento a la Inmaculada Concepción de María; con esta previsión, el itinerario previsto para llegar a la Catedral sería: San Benito, Luis Montoto, La Florida, Menéndez y Pelayo, Santa María la Blanca, San José, Madre de Dios, Fabiola, Mateos Gago, Rodrigo Caro, Plaza de la Alianza, Joaquín Romero Murube, Plaza del Triunfo, Santo Tomás, Avenida de la Constitución y Puerta de San Miguel. No obstante, las obras que se realizaban en el entorno del Templo Metropolitano imposibilitaron hacer ese recorrido, y hubo que escoger uno alternativo al llegar a la calle Mateos Gago, bajando por la misma hasta la Plaza Virgen de los Reyes, Placentines, Alemanes, Avenida de la Constitución y Puerta de San Miguel. Antes de la salida, y como si de un Martes Santo se tratara, el Jefe Superior de Policía Sr. Fernández Ramos, hizo entrega al Hermano Mayor de la imagen en plata del Santo Ángel, para la delantera del paso de palio.
El solemne Pontifical en el transcurso del cual sería coronada Nuestra Señora de la Encarnación se oficiaría en la seo hispalense el sábado 10 de diciembre de 1994 a las doce de la mañana; calculándose en más de cuatro mil las personas asistieron al histórico acontecimiento. El majestuoso altar de la coronación, al igual que durante el Triduo celebrado en las naves catedralicias, levantado en el trascoro sobre el entarimado del Monumento del Jueves Santo, tenía como fondo el tapiz oriental de la Catedral; y bajo el dosel, el paso aparecía rodeado por un frontal realizado con los respiraderos y faldones del palio de Nuestra Señora de la Hiniesta, sobre el que se situaron las jarras de este paso, exornadas con claveles blancos en fanal, entremezclándose a izquierda y derecha con los ciriales que acompañan a los pasos cristíferos de la Hermandad de San Benito Delante del palio de Nuestra Señora de la Encarnación se colocó parte de la candelería del palio de Nuestra Señora de Consolación de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sed. La Santísima Virgen lucía su manto procesional de Fernández y Enríquez, toca de sobremanto de José Guillermo Carrasquilla Perea, saya de terciopelo azul marino también de Fernández y Enríquez; el día de la coronación, la Virgen estrenó un tocado de encaje antiguo de Chantilly.
Concluida la homilía, tomaron la corona los padrinos, Sor Cecilia Martín, Madre Superiora de las Hermanitas de los Pobres, y Pablo Gotor Arenas, residente en el asilo, entregándosela al Prelado que ascendió al paso por una escalinata situada en un costero del mismo, e imponiéndola solemnemente sobre las benditas sienes de la imagen, coronaba canónicamente a Nuestra Señora de la Encarnación, entre repicar de campanas de la Giralda y los majestuoso sones del órgano catedralicio, en el que el maestro Ayarra, canónigo de la seo hispalense, interpretaba Encarnación Coronada.
La Virgen de la Encarnación es una dolorosa de candelero para vestir, de autor anónimo, realizada en madera de cedro y fechada en el primer tercio del siglo XVII. Inclina su cabeza a la derecha y dirige la mirada hacia abajo, apreciándose en sus mejillas cinco lágrimas de cristal. Fue restaurada por Sebastián Santos en 1948 y 1952 quien además retalla sus manos en 1953. Posteriormente José Rodríguez Rivero-Carrera hizo lo propio en 1984 realizándole también un nuevo candelero.
Fuente documental Hermandad de San Benito





