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¡Abre el pollero, prioste!

El atavío de la Virgen se define desde hace muchas décadas como un arte. Grandes maestros de este noble oficio han dado buena cuenta de esta designación artística de sus quehaceres.

Desde Fernand a Paco Morillo, pasando por Pepe Asián, los hermanos Garduño a los actuales Antonio Bejarano, Leandro González (flamante y acertadísimo nuevo vestidor de la Estrella), José Ramón Paleteiro, José Antonio Grande de León o Joaquín Gómez. Todos ellos han demostrado la importancia de vestir no solo correctamente a una Imagen devocional, sino también de darle la gracia y el empaque preciso para que esté perfecta.

Sin embargo, la vestimenta de una dolorosa no es, en la mayoría de los casos, una tarea exclusiva de los genios del alfiler. Las camareras ayudan en esta centenaria labor colocando las enaguas, la ropa interior e incluso las sayas a la Virgen; pero son los priostes quienes deciden qué es lo que llevará la Virgen en cada culto, y los pormenores de proporciones y detalles que debe aportar el vestidor a la hora de realizar el trabajo.

Y es por ello que les dedico mi artículo, ya que de unos años a esta parte es más que notable una moda en las priostías que afecta principalmente a nuestras Vírgenes Dolorosas: la estrechez de pollero.

Es cierto que ha habido épocas, con estampas señeras de la Virgen de los Dolores de las Penas o de la Concepción del Silencio, donde los polleros eran, para el gusto de este humilde redactor, excesivamente ancho. Podríamos hablar de las décadas de los 60 o 70, aproximadamente.

Ya bien entrados en los años 80 del siglo pasado y sobre todo en los 90, las Imágenes Marianas consiguen la medida justa, con polleros y mantos dispuestos en su medida justa, aportándole a la Virgen una gracia única.

Esta tendencia se mantuvo durante los primeros años del nuevo siglo, pero después surgió el uso de la disminución del pollo, provocando una notable estrechez de proporciones en las Imágenes y una menor visión y disfrute de los bordados del manto.

Este mismo fin de semana se ha podido ver las grandes diferencias entre el atavío de unas Vírgenes y otras en esta línea que se comenta.

Por un lado, destacaba sobremanera las magníficas proporciones del pollero y el manto de las Vírgenes del Dulce Nombre (Hermandad del Dulce Nombre), Dolores y Misericordia (Hermandad de Jesús Despojado) o Dolores Coronada (Hermandad de los Dolores del Cerro).

Y frente a ello, estaban los casos de las Dolorosas de las Mercedes Coronada (Hermandad de Santa Genoveva) y de Consolación Madre de la Iglesia (Hermandad de la Sed), las cuales acuciaban la destacada moda de la estrechez de pollero y una notable gracia en la soltera del manto y las propias proporciones.

La distinciones son llamativas y curiosas. Y supone verdaderamente una lástima que a algunas de las Vírgenes más conocidas y veneradas de la Semana Santa Sevillana no luzcan con toda la brillantez que debieran.

Es por ello que este redactor ruega a los priostes sevillanas que dejen a un lado las modas en ciertos momentos desacertadas, y regresen a la exquisitez en la planificación y diseño del atavío de sus respectivas Dolorosas.

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