Un itinerario simbólico hacia la gloria del patrono cofrade
El santuario de Santo Domingo de Scala Coeli se convirtió este domingo en ámbito de elevación y recogimiento, al acoger una Exaltación a San Álvaro de Córdoba concebida como ascenso interior hacia la altura del espíritu. Alfonso Muñoz, cofrade del Císter, vertebró su intervención mediante una “Escalera del Cielo” de ocho peldaños, evocación directa de las ocho estaciones del primer vía crucis rezado en Occidente, instaurado por el santo dominico.
La propuesta, sustentada en densas resonancias históricas, literarias y devocionales, convocó a los presentes a comprender la memoria del patrono de las cofradías cordobesas no como mera evocación, sino como claridad que antecede y orienta el tránsito de la fe.
Córdoba, silencio y paisaje como escuela de oración
En los primeros tramos de ese ascenso simbólico, Muñoz delineó a Córdoba como manantial incesante de espiritualidad, subrayando la elección de fray Álvaro por el silencio fecundo, entendido como matriz de palabra verdadera. Scala Coeli emergió así como un territorio donde la tierra parece enseñar a orar, por su semejanza espiritual con Tierra Santa y por la profundidad histórica que impregna cada rincón del enclave.
La exaltación fue desplegándose como un tejido de memoria, contemplación y arraigo, en el que ciudad, tradición y devoción confluyeron en un mismo horizonte trascendente.
El primer vía crucis de Occidente y la pedagogía de la Pasión
Uno de los momentos de mayor densidad espiritual llegó al abordar la instauración del primer vía crucis de Occidente, hito por el cual Jerusalén halló eco en Córdoba. Muñoz subrayó que San Álvaro comprendió que el pueblo debía acompañar a Cristo en su Pasión, meditando sus pasos y haciendo de ese ejercicio una catequesis viviente y compartida.
Con aquel gesto fundacional, la ciudad quedó inscrita en una tradición singular que convirtió la contemplación del sufrimiento redentor en itinerario común y pedagogía del dolor asumido con esperanza.
La cruz, la devoción a las Angustias y la huella del santo
En el pasaje dedicado a la cruz como escuela suprema de esperanza, el exaltador evocó la hondura de la fe del dominico y el episodio en el que halló el Crucificado mientras ejercía la caridad. Recordó igualmente su decisiva implicación en la devoción a la Virgen de las Angustias, titular de la hermandad decana de Córdoba, de la que es reconocido protohermano.
El discurso alcanzó entonces un registro de alta vibración lírica al recrear la escena de la Piedad y la actitud orante de San Álvaro ante el dolor de la Madre, subrayando cómo su fe dejó una impronta indeleble en la tradición espiritual cordobesa.
Memoria viva y llamada a la unidad cofrade
En el tramo consagrado a la memoria, entendida como llama que no se extingue, Muñoz defendió una mayor implicación de todas las cofradías en el vía crucis con el Cristo de San Álvaro que se celebra cada Viernes de Dolores y que volverá a tener lugar en 2026. Consideró que el patrono merece una respuesta unánime de las hermandades, especialmente en una jornada marcada por la coincidencia de numerosos actos en el centro urbano.
El séptimo peldaño evocó a figuras vinculadas a Scala Coeli y a la espiritualidad cordobesa, desde cronistas y predicadores hasta religiosos que enriquecieron el santuario con su magisterio, su arte y su hospitalidad perseverante.
Poesía, cultura y dimensión barroca de Scala Coeli
La exaltación incorporó referencias a la poesía y la música como manifestaciones sublimes de la fe encarnada en la cultura, recordando cómo San Álvaro penetró en la tradición literaria cordobesa y dejando constancia de la huella cultural del enclave. Muñoz reivindicó asimismo la relevancia artística de Scala Coeli como una de las expresiones más acabadas del Barroco cordobés.
San Álvaro fue presentado como reformador, fundador de espacios espirituales y patrón de las hermandades y cofradías, un corazón ofrecido a Dios que abrió senderos para que el pueblo cristiano ascendiera, paso a paso, hacia la contemplación reverente de la Pasión.
Oración por las víctimas y responsabilidad pública
El inicio de la intervención estuvo marcado por una plegaria por las víctimas del accidente de trenes en Adamuz, por los heridos y por sus familiares, cuando aún no ha transcurrido un mes desde la tragedia. El recuerdo se transformó en intercesión confiada ante el dolor que hiere a la comunidad.
La invocación se extendió también a quienes ejercen responsabilidades públicas, suplicando que gobiernen con justicia, custodien la dignidad humana y administren con rectitud aquello que pertenece al bien común y a la esperanza compartida.
San Álvaro, patrón de la Agrupación de Cofradías, protagoniza así un acto que supone un umbral inmediato hacia la Cuaresma. Tras la exaltación y la misa, se celebró la tradicional salida con la imagen del santo por los alrededores del santuario, culminando una jornada en la que la ciudad volvió a elevar su mirada hacia la memoria viva y luminosa de su fraile dominico.





