Sevilla

Amparo, antigua Virgen de Gracia

Nuestra Señora del Amparo fue tallada por Roque Balduque a mediados del siglo XVI. Posteriormente, la erección de una hermandad en torno a ella a finales de 1736 potencia una devoción que aumentaría considerablemente tras el terremoto de 1755.

En 1789, Fermín Arana de Varflora se refiere a la Virgen del Amparo como “hermoso simulacro de María Santísima”. Realizada por Roque Balduque, responde al modelo iconográfico de la Hodegetria o Virgen conductora, presentándose erguida, con el Niño Jesús en su brazo izquierdo y flexionando la rodilla, otorgándole dinamismo a la imagen. Desde su ejecución, la Virgen fue aglutinando el fervor de sus devotos, extendiéndose más allá de los límites de la feligresía. Sin embargo, en un principio su nombre no era el de Amparo, sino que era conocida como Nuestra Señora de Gracia.

El motivo de este cambio, como apunta Roda Peña, se debe a un hecho de tintes milagrosos. Cuenta que una noche, un hombre se quedó escondido en la iglesia con la finalidad de robar lo que pudiera. Entonces, se aproximó a la Virgen de Gracia para sustraerle la corona. De repente, sus manos quedaron pegadas a la presea, por lo que no pudo quitarlas. Al amanecer, los sacerdotes dieron cuenta de ello. Una vez que llegó el juez secular para arrestarlo, se complicó la idea de poder apresarlo, pues las manos no se despegaban de la corona. Deciden entonces avisar al arzobispo. Una iglesia abarrotada, y la máxima autoridad religiosa de Sevilla que se aproxima al ladrón, diciéndole: “que se viniera con él; que no padecería, que pues le había amparado María Santísima él a su imitación el ampararía”. En ese momento las manos se despegaron de la corona, como si la imagen hubiera dado a entender que el sacrílego no sufriera daño alguno, “manifestando su Amparo y Patrocinio de este modo”. A partir de entonces, la Virgen de Gracia comenzaría a ser conocida como la Virgen del Amparo.

Gracias a Roda Peña conocemos también otra de las versiones, pero en este caso la sagrada imagen no se llamaría Amparo sino Rosario, como aparece en un libro de bautismos de dicha iglesia, que dejara escrito José Tinoco, cura teniente de la Magdalena, en el año de 1775. Este recoge que “no se sabe el origen de esta imagen; primero se llamó del Rosario, y por un milagro con que libró a un caballero Teniente de Justicia de esta Ciudad, de imposturas con la inquisición [sic], la hicieron una gran fiesta por los años de 1550, y le pusieron el título de Amparo que hoy tiene”. El hecho de que aparezca la fecha, nos acerca a la realización de la imagen por parte de su escultor, Roque Balduque. Si la Virgen era conocida con el nombre de Rosario, lo sería por poco tiempo, pues ya a mediados del XVI era conocida con bajo la advocación de Amparo. No era extraño que fuese conocida bajo la advocación de Rosario, pues se trataba de una hermandad más que había nacido en aquella época con el fin de incrementar la devoción al Santo Rosario. Uno de los actos que celebraban sus hermanos era el de sacar su rosario en novena de calle, comenzando cada 15 de agosto, aunque solo fue posible cuando la hermandad contaba con los fondos económicos necesarios.

Cambios en la función principal

Años más tarde, el arzobispo D. Luis de Salcedo y Azcona aprobaría las Reglas de esta corporación el 22 de diciembre de 1736, siendo las primeras. Sin embargo, un hecho provoca que acaben renovando uno de sus capítulos, el referido a la función principal de la Virgen. En las primitivas Reglas se fija la función el 18 de diciembre, día de la Expectación de Nuestra Señora. Sin embargo, esta función comenzaba solo dos días después de la Octava de la Inmaculada Concepción, por lo que no podía adelantarse la novena pero tampoco atrasarla, ya que se encontraría con el día de Navidad. Finalmente, en 1742 deciden que la fiesta tenga lugar el segundo domingo de noviembre.

Desde aquel año, tanto la hermandad como la Virgen del Amparo pasarían por una serie de capítulos, algunos más felices que otros, donde la devoción a la imagen traspasaría fronteras, llegando incluso hasta América. Sin embargo, uno de los hechos que marcaría la historia de la corporación tendría lugar el 1 de noviembre de 1755, cuando sucedió el terremoto de Lisboa. No hubo que lamentar víctimas mortales en la collación de la Magdalena, y esto se atribuyó a la intercesión de la Virgen del Amparo. Desde entonces, es patrona de la feligresía, celebrando su función principal el segundo domingo de noviembre, día del Patrocinio de Nuestra Señora. Desde aquella modificación han pasado exactamente 275 años y, a pesar de los cambios, la Virgen del Amparo permanece inalterable al paso del tiempo.