Andrés Luque Teruel llena Triana con una lección magistral sobre la histórica alianza entre toreros y cofradías

Aforo completo para un encuentro donde confluyeron fe, arte e identidad

La Casa de las Columnas, en pleno corazón de Triana, se convirtió en escenario de un acontecimiento cultural de primer orden al colgar el cartel de “no hay billetes” para asistir a una conferencia que aunó Tauromaquia y Semana Santa en plena Cuaresma. La cita, organizada por la Peña Taurina Trianera Juan Ortega, reunió a un público numeroso que respondió con expectación a una propuesta de profundo calado histórico y simbólico.

Una atmósfera cargada de memoria y tradición

El acto se desarrolló en un ambiente cuidadosamente creado, donde el olor a incienso y el fondo sonoro de marchas procesionales sirvieron como antesala a una disertación que, durante algo más de una hora, desplegó un relato denso, riguroso y evocador. En ese contexto, el Andrés Luque Teruel, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, trazó un amplio recorrido por la vinculación histórica entre toreros y hermandades de penitencia en la ciudad.

De Pepe-Hillo a los grandes linajes del toreo

El conferenciante inició su exposición tomando como punto de partida la figura de Pepe-Hillo y su relación con la Hermandad del Baratillo, abriendo así una secuencia cronológica que sorprendió al auditorio al detenerse en nombres como Antonio Reverte o en la saga de los Gallo, estrechamente ligada a la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo. En este hilo histórico se integró también Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma” y sus descendientes, deteniéndose de manera especial en Antonio Ordóñez, de quien se recordó su etapa al frente de la cofradía que hoy cierra la Semana Santa sevillana en la noche del Sábado Santo, antes de asumir la Hermandad de la Esperanza de Triana como hermano mayor.

Triana como eje sentimental y taurino

La conferencia reservó un espacio central para los toreros trianeros, evocando tanto a la familia Vega de los Reyes como a figuras tan emblemáticas como Cagancho y Chicuelo. En el núcleo del discurso aparecieron Gallito y Belmonte, presentados como auténticos ejes simbólicos de la unión entre el mundo del toro y las Hermandades de la Esperanza Macarena y del Cristo de la Expiración, el Cachorro, respectivamente.

A este mapa devocional se sumó la Hermandad de San Bernardo, representada en las figuras de Pepe Luís y Manolo Vázquez, como ejemplo de la solidez de unos lazos que han perdurado en el tiempo. No faltaron aportaciones que despertaron especial interés entre los asistentes, como datos poco conocidos sobre la relación de Curro Romero con la Hermandad de los Javieres.

El Gran Poder, devoción compartida

El relato alcanzó uno de sus momentos más significativos al abordar la figura del Señor del Gran Poder, presentado como referente devocional común para numerosos toreros. Entre ellos, Juan Ortega, que siguió atentamente la intervención desde la mesa presidencial, acompañado por el propio Luque Teruel y por Antonio Valera, presidente de la Peña Taurina Trianera promotora de la iniciativa.

Amplia representación cofrade y taurina

El acto contó con la presencia de hermanos mayores y representantes de corporaciones como La O, la Estrella, San Gonzalo, el Cachorro, el Baratillo, la Esperanza de Triana y San Bernardo, así como con destacadas personalidades del ámbito taurino, entre ellas Pepe Luis Vargas y Rafael Torres, reforzando el carácter transversal y simbólico del encuentro.

Un cierre cargado de simbolismo

Como colofón, Juan Ortega hizo entrega a Andrés Luque Teruel de una cerámica de Triana con forma de capote, gesto que condensó el espíritu del acto y la gratitud de los organizadores. Tras la conferencia, el diálogo y la convivencia se prolongaron en Victoria 8, sede habitual de la Peña Taurina Trianera Juan Ortega, donde la reflexión compartida continuó más allá del atril, reafirmando la vigencia de una tradición común que sigue tejiendo vínculos entre fe, cultura y memoria colectiva.