Antonio Hurtado (PSOE) critica unas banderolas para la Paz y Esperanza, abriendo un absurdo debate inexistente sobre la religiosidad popular

La colocación de unas banderolas en la calle Ramírez de las Casas Deza, dedicadas a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza, que participará en el Vía Crucis Magno del próximo 11 de octubre, ha suscitado un inesperado comentario por parte de Antonio Hurtado, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Córdoba. Con sus palabras, el edil ha abierto un debate inexistente en torno a la religiosidad popular de la ciudad.

A través de sus redes sociales, Hurtado ha indicado: “Cuando veo esto, me pregunto, ¿es Córdoba una ciudad de orden o se deja hacer lo que viene en gana? No creo que haya autorizado el Ayuntamiento estas banderolas sobre la calle, por muy bonito que sea su simbolismo”. Una afirmación que, lejos de generar consenso, ha sido percibida por muchos como un ataque velado hacia las tradiciones cofrades de la capital.

Con independencia del libre ejercicio de la libertad de expresión que a algunos en cierto espectro político tanto parece molestar, resulta obvio que la crítica resulta injustificada. Las banderolas, que cuentan con el beneplácito de los vecinos que han prestado sus casas para colocarlas, no hacen sino exaltar la devoción a la Virgen de la Paz y Esperanza en un contexto histórico único, el del sexto centenario del primer Vía Crucis cordobés, impulsado por el beato San Álvaro. Su presencia en las calles no resta neutralidad institucional, sino que añade valor cultural, patrimonial y turístico a una ciudad que se prepara para recibir miles de visitantes en un acontecimiento de alcance nacional.

El problema no es la opinión, sino la responsabilidad de quien la emite. Una declaración de este tipo, en la voz de un portavoz municipal, puede alentar sin pretenderlo a que algún radical descerebrado actúe contra estos elementos, debilitando así la convivencia y el respeto hacia la religiosidad popular. Desde luego, nadie podrá afirmar si ocurre, que exista un vínculo directo entre palabras y hechos, pero sí es exigible mayor prudencia a quienes ejercen un cargo público. Sobre todo en los procelosos tiempos que corren. No todo puede servir para formular una crítica.

¿Qué quiere Hurtado? ¿Que se quiten para demostrar quién la tiene más larga? Porque mientras Córdoba entera, instituciones y hermandades trabajan unidas en torno al Vía Crucis Magno, los comentarios de Hurtado reabren debates artificiales y proyectan división en un ámbito en el que la ciudad vive con ilusión y orgullo. Y es que Hurtado parece olvidar que, más allá de ideologías, la Paz y Esperanza, como todas las imágenes participantes, no es motivo de conflicto, sino de unión y de tradición compartida.