Antonio J. Dubé Herdugo restaurará a María Santísima del Dulce Nombre, titular de la Vera Cruz de Córdoba

La Archicofradía de la Vera Cruz de Córdoba ha comunicado oficialmente la próxima retirada del culto de su dolorosa titular, María Santísima del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos, con el fin de ser sometida a una intervención conservativa en el taller del imaginero y restaurador Antonio J. Dubé Herdugo.

La medida responde a lo acordado en el último Cabildo General de Hermanos, celebrado el pasado mes de enero, y ha sido adoptada por el Hermano Mayor y la Junta de Gobierno con la aprobación de la autoridad eclesiástica. La actuación se plantea como una labor preventiva de conservación y mantenimiento, al cumplirse cuarenta y un años desde la hechura de esta imagen mariana que goza de gran veneración en el seno de la hermandad.

Con motivo del inminente traslado, la Archicofradía celebrará un acto de especial relevancia el domingo 15 de junio, fecha en la que se desarrollará la habitual Misa mensual de Hermandad, transformada en esta ocasión en una eucaristía de despedida para la Sagrada Titular. La ceremonia será una oportunidad para que hermanos y devotos se reúnan en torno a la Virgen, en un clima de oración y afecto, antes de que sea trasladada al taller para su intervención.

La corporación ha expresado su confianza en el buen desarrollo de los trabajos y su deseo de que la imagen regrese pronto a su sede canónica, donde será acogida nuevamente con el fervor y la devoción que siempre ha despertado entre los fieles de la Santa Vera Cruz.

Una obra juvenil de Antonio Dubé de Luque para la devoción de la Vera Cruz

María Santísima del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos fue concebida expresamente para la Archicofradía en los albores de su reorganización, tras descartarse la posibilidad de conservar como Titular una antigua imagen mariana que se veneraba en el Convento del Buen Pastor, lugar en el que se gestó la nueva etapa de la corporación. Aunque aquella dolorosa inicial había servido de impulso devocional en los primeros compases de la hermandad, pronto se consideró que su falta de titularidad legal podría comprometer el arraigo patrimonial de la imagen, por lo que se optó por encargar una nueva talla.

La elección recayó en el imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque, a quien se encomendó la ejecución de una imagen de candelero en madera de cedro que debía responder a unas indicaciones muy concretas: debía lucir ojos azules y reflejar la juventud de una muchacha de quince o dieciséis años, envuelta en un dolor contenido, sereno y lleno de dulzura.

La imagen fue solemnemente bendecida el 1 de abril de 1984 en el propio convento donde se había originado la vida comunitaria de la Archicofradía. La ceremonia estuvo presidida por el recordado Fray Ricardo de Córdoba, y contó como padrinos con la Congregación de Madres Filipenses y la Parroquia de San Juan y Todos los Santos, también conocida como la Trinidad. Desde entonces, la Virgen del Dulce Nombre se ha convertido en símbolo espiritual y estético de la hermandad, constituyendo uno de los referentes contemporáneos de la imaginería mariana cordobesa.