El capataz afronta su regreso a la Macarena con ilusión y responsabilidad
La trayectoria de Antonio Santiago, una de las figuras más reconocidas del mundo de la trabajadera, vuelve a situarse este año en el centro de la actualidad cofrade con motivo de su regreso como capataz de la Hermandad de la Macarena, ocho años después de su última Madrugada al frente de sus pasos. En declaraciones concedidas a la radio pública de Andalucía, el capataz reflexiona sobre este retorno, sobre la polémica surgida en torno a la igualá y sobre la forma en que afronta una nueva Semana Santa que, según subraya, llega cargada de intensidad.
El propio Santiago contextualiza el momento actual recordando la longevidad de su experiencia al frente de los pasos, un recorrido que alcanza ya cifras extraordinarias dentro del ámbito cofrade. El capataz explica que esta próxima celebración supondrá su quincuagésima quinta Semana Santa dirigiendo cuadrillas, una circunstancia que vive con especial intensidad. «Esta Semana Santa va a ser mi semana número 55 delante de los pasos», señala, añadiendo que el calendario se presenta especialmente exigente al tener que atender diez hermandades. Dentro de ese conjunto de compromisos, reconoce que el trabajo con la Macarena adquiere un relieve singular: «Este año, precisamente con la Macarena, es también muy intenso porque tenemos ahí un trabajo importante que hacer».
«Lo vivo con ilusión, ganas, cariño y una enorme responsabilidad»
Ante la pregunta sobre cómo está afrontando ese trabajo al frente de los pasos macarenos, el capataz sintetiza su estado de ánimo en una combinación de sentimientos que se entrelazan entre la emoción personal y el sentido del deber. Santiago asegura que encara esta etapa «con mucha ilusión, con muchas ganas, con mucho cariño y con mucha responsabilidad», subrayando así la dimensión humana y profesional que acompaña a su regreso.
En este contexto, también aborda la controversia que rodeó la reciente igualá de la hermandad, un episodio que generó un notable revuelo dentro del mundo cofrade. Desde su perspectiva, lo ocurrido tuvo un carácter excepcional más que polémico. «La polémica no fue en torno a la igualá —explica— sino algunos con los que no contamos». Para ilustrarlo, recuerda que en sus más de cinco décadas de experiencia nunca se había encontrado con una convocatoria de tal magnitud. «Con los años que llevo, es la primera vez en 55 años que me enfrento a una igualá de 700 personas. Eso no ha ocurrido nunca en Sevilla. No sé si volverá a ocurrir».
Lejos de interpretarlo como un problema, el capataz afirma haberlo vivido como un desafío profesional y un motivo de orgullo, tanto personal como para la propia corporación. «Fue un reto importante para el trabajo y también un orgullo para la Macarena, porque demuestra que existe un pozo importante de hermanos de la hermandad que quieren ser los pies del Señor y de la Virgen».
«Los capataces siempre han llevado debajo del paso a gente de plena confianza»
Otra de las cuestiones planteadas durante la conversación gira en torno a la elección de costaleros y a la presencia de hombres de confianza en las cuadrillas. Sobre este asunto, Santiago recurre a la tradición histórica del oficio para explicar que esta práctica ha existido siempre.
«Eso ha ocurrido siempre», afirma con rotundidad. A su juicio, tanto los capataces del pasado como los actuales han recurrido a personas de confianza para desempeñar una tarea que exige plena coordinación y compromiso. «Los capataces antiguos asalariados y los actuales siempre han llevado debajo de los pasos a gente de su plena confianza», sostiene. La razón, explica, responde a la propia naturaleza del trabajo bajo las andas. «Cuando uno se pone delante de un paso todo el mundo tiene que remar en el mismo sentido, y para eso necesitas que sean personas en las que confíes plenamente».
«Comprendo que haya quien no esté de acuerdo con mis decisiones»
El eco mediático que acompañó a la igualá sorprendió a muchos observadores, y también al propio capataz. Preguntado por si esperaba un revuelo de tal magnitud, Santiago adopta una postura serena, apelando a la diversidad de opiniones que conviven dentro de cualquier institución.
«En la vida es posible que pasen estas cosas», reflexiona. Desde su punto de vista, cada persona interpreta la realidad desde su propia experiencia, lo que inevitablemente genera discrepancias. «Somos humanos y cada uno vive las cosas de una manera distinta», explica.
En este sentido, admite comprender que algunos hermanos no compartan sus decisiones, aunque insiste en que todas ellas se adoptan dentro de un marco de responsabilidad institucional. «Entiendo que haya gente que no esté de acuerdo con mis decisiones, pero yo las tomo siempre pensando en mi responsabilidad como capataz de la hermandad», señala. Además, subraya que su labor cuenta con el respaldo de la dirección de la corporación. «La junta de gobierno ha depositado en mí esa confianza, y yo tengo que responder a ella haciendo las cosas lo mejor posible».
«Yo llevaba mucho tiempo sopesando cuál era la mejor forma de no hacer daño a la hermandad»
Con el paso del tiempo y una vez apaciguado el debate, surge inevitablemente la pregunta sobre si cambiaría algo en las formas empleadas. Santiago reconoce que no tiene una respuesta clara a esa cuestión, aunque insiste en que las decisiones adoptadas fueron fruto de una reflexión prolongada.
«No lo sé», afirma, antes de explicar que el planteamiento de la igualá no fue una decisión improvisada. «Aunque parezca que lo decidí en aquel momento, llevaba mucho tiempo sopesando cuál sería la mejor forma para no hacerle daño a la hermandad».
En ese punto de la conversación introduce un recuerdo personal que resume su concepción del compromiso con la corporación macarena. «Hace ocho años me dijeron que no podía sacar la cofradía», rememora. Frente a aquella decisión, asegura que optó por una actitud discreta y respetuosa. «No me fui a ninguna emisora de radio ni de televisión a protestar; me fui para mi casa y me puse la túnica, pensando que era lo mejor para la hermandad». Su reflexión concluye con una apelación a la coherencia individual: «Cada uno debe ser consecuente con sus actos».
«El reducto de todos los hermanos siempre es el nazareno»
En el diálogo también surge la idea de que los conflictos internos deben resolverse dentro del ámbito propio de la hermandad. Ante la sugerencia de que «la ropa se lava en casa», formulada por el entrevistador, Santiago evita entrar en confrontaciones y responde desde una perspectiva institucional.
«Cada uno actúa como debe de actuar», señala. A su juicio, la esencia de la pertenencia a la hermandad se encuentra en la estación de penitencia. «Los hermanos de la Macarena empezamos siendo nazarenos, y ese es siempre el reducto que queda para todos», afirma, recordando que esa condición constituye el punto de partida común dentro de la corporación.
«La Virgen irá preciosa, alegre, primorosa y elegante»
La conversación concluye con una referencia inevitable a la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, protagonista espiritual de la Madrugada sevillana. Preguntado por cómo se presentará la Virgen este año, el capataz responde con un tono cargado de entusiasmo.
«La Virgen va a ir preciosa», afirma. A continuación describe el aspecto que, a su juicio, lucirá la dolorosa en su salida procesional. «Va a ir espectacular, alegre, primorosa y elegante, tal como se merece la Madre de Dios», concluye, condensando en esas palabras la devoción que rodea a una de las imágenes más veneradas de la Semana Santa sevillana.





