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El Rincón de la Memoria, Sevilla

Aquel 12 de agosto de 1932

Sucedió un 12 de agosto de 1932, hace ahora 86 años. Sevilla vivía la etapa más agitada del siglo XX, apenas unos meses después de haberse quedado prácticamente sin Semana Santa con la única presencia de la Hermandad de la Estrella que salió a la calle el Jueves Santo demostrando una infinita valentía trufada tal vez de ciertas dosis de inconsciencia en una salida procesional que estuvo cargada de incidentes y en la que pudo ocurrir algo extremadamente grave.

En un ambiente prebélico que se respiraba con una densidad inquietante en todos los sectores de la población en la que la República hacía aguas por todas partes y el miedo era la nota dominante, la tensión evidente se podía cortar con un cuchillo de angustia particularmente en aquella zona de la ciudad denominada popularmente la Sevilla Roja, que fue testigo episodios históricos para el olvido y vergüenza de todos los sevillanos como los perpetrados en San Julián y más tarde en muchos otros templos de esta zona de la ciudad de la Giralda.

Sólo dos días antes, tuvo lugar la conocida como la Sanjurjada, el fallido golpe de Estado que se produjo en la madrugada del 10 de agosto de 1932 contra la Segunda República, liderado desde Sevilla por el general José Sanjurjo, que fracasó estrepitosamente al tomar parte en el mismo una reducida parte del Ejército español, lo que provocó quedar condenado desde su mismísimo comienzo. A pesar de que este alzamiento, supuso el primer levantamiento de las Fuerzas Armadas contra la República desde su instauración en 1931, su fracaso convenció erróneamente a muchos políticos y militares republicanos de que el peligro de las conspiraciones había pasado y la aceptación de la República era definitiva.

Sanjurjo suscribió un bando militar que decretaba “el estado de guerra en toda la región andaluza, con las consecuencias que dicho estado lleva consigo”. En su bando, el milita asumía “como Capitán General de Andalucía, el mando concentrado en mi autoridad de todos los poderes”. Sanjurjo, contando con la ayuda del general García de la Herrán y de otros oficiales, intentó atraer hacia su causa al gobernador civil y a uno de los regimientos que estaba acuartelado en la ciudad. Sin embargo, inicialmente no logró controlar la situación. Ante aquella tesitura, se dirigió a la Plaza de España y tras arengar a una compañía de Guardias Civiles allí acantonados, logró sublevarlos. El general García de la Herrán también logró sublevar a las fuerzas del cuartel de Zapadores; tras esto, las demás unidades militares destinadas en la capital sevillana fueron uniéndose a la sublevación. La única excepción fue el Aeródromo de Tablada, que se mantuvo fiel al gobierno.

Por contra, los regimientos de Madrid no se sublevaron, y aunque los de Alcalá de Henares sí llegaron a declarar el estado de guerra y salieron a las calles, no pasó mucho tiempo hasta que dieron media vuelta y regresaron a sus acuartelamientos.​ Excepto Sevilla y Madrid, ninguna otra capital secundó el golpe. En otras urbes andaluzas como Cádiz, Córdoba o Granada no pasó nada. En Cádiz, de hecho, fue detenido el coronel Varela. El general Barrera voló a Pamplona para intentar convencer a los carlistas para que se sumaran, pero al no lograrlo se refugió en Francia. El general González Carrasco, que no consiguió sublevar a la guarnición de Granada, también huyó a Francia.​

Mientras tanto, en Sevilla los comunistas y los anarquistas reaccionaron rápidamente y declararon una Huelga general, que Sanjurjo no pudo controlar. Las emisoras de radio empezaron a anunciar que el gobierno había organizado varias columnas militares que marchaban sobre Sevilla. Efectivamente, a las tres de la tarde salieron de Madrid dos trenes militares: uno llevaba dos batallones de infantería y otro llevaba dos grupos de artillería.​ El gobierno también movilizó a la aviación, trasladando hacia Andalucía a varias escuadrillas.

A las 1:00 horas del 11 de agosto varios oficiales de la guarnición sevillana acudieron a hablar con Sanjurjo y le comunicaron que no lucharían contra las columnas gubernamentales que se dirigían hacia Sevilla.​ Cuando Sanjurjo vio todo perdido, sus seguidores le recomendaron que huyera a Portugal, cosa que hizo a pesar de que fue detenido en Ayamonte (Huelva) cuando trataba de pasar la frontera.​ Junto a Sanjurjo iban el general García de la Herrán y el teniente coronel Emilio Esteban Infantes. Tras el desconcierto que reinó en la ciudad cuando el golpe se vino abajo, fueron incendiados varios clubes de las clases altas sevillanas.

En este ambiente incontrolable, muchos sevillanos temieron que volviesen a aflorar ataques e incendios a templos de la ciudad y los miembros de la junta de gobierno de la Hermandad de la Macarena tomaron la determinación de ocultar a la Virgen para protegerla de cualquier atentado a su integridad. El lugar elegido, a donde llegó escondida la Macarena, envuelta en los paños negros que sirvieron para adornar el altar que se levantó con motivo del fallecimiento de Joselito, fue el domicilio particular del Secretario Francisco Pareja Muñoz, calle Méndez Nuñez nº 15, que arriesgando su vida y la de su familia, protegió de la ira irracional de quienes pretendían salvaguardar un régimen ilegítimo destruyendo la historia sobre la que se asienta la memoria colectiva y la idiosincrasia de la ciudad y su cultura, profundamente enraizada en esa esencia cristiana, católica y mariana que algunos pretendían negar y despedazar, igual que sucede ahora, obviando que Sevilla es Sevilla por todo lo que representa y constituye su esencia, una esencia imposible de comprender sin ese componente indisoluble que es la religiosidad popular y sus cofradías.

En noviembre de 2007, mi admirado Julio Domínguez Arjona, en su conocida web La Sevilla que no vemos, recordaba este suceso de la historia macarena publicando el documento suscrito por Francisco Pareja, secretario de la Hermandad de San Gil, el 20 de Septiembre de 1933 en el que daba testimonio fehaciente de la decisión adoptada. Un documento que precisa que “con motivo de los datos que informan los recortes de periódicos adheridos a este libro y por temores fundados fue retirada la Santísima Virgen de la Esperanza de su capilla el día 12 de Agosto de 1932 y llevada secretamente en un paquete figurando una pila de cajas de sombreros al domicilio particular del Secretario Francisco Pareja Muñoz, calle Méndez Nuñez nº 15 y colocada en un ropero de madera sito en la habitación lindante con el nº 13 de la referida calle en la planta principal y lado izquierdo del balcón de la menciona da habitación no volviendo a su Capilla hasta el 12 de Diciembre del mismo año de 1932 para celebrar los Cultos de su Fiesta principal y Besamanos. Durante el periodo que duraron los disturbios y que señalan las fechas de las guardias hechas insertas en este libro fueron para los amantes destacados de Nuestra Amantísima Virgen de honda preocupación y sacrificio en defensa de Ella y de todos nuestros enseres y efectos de nuestra se guardan en sus almacenes”.

Cuatro meses estuvo la Macarena en aquel escondite al que ojalá nunca deba regresar. Cuatro meses de ausencia, de terror, de desasosiego, de sinrazón y de odio indiscriminado que fueron el germen de lo que llegó años después. Cuatro meses en los que unos valientes se jugaron su integridad para proteger entre sus brazos a la Madre de Sevilla, en contraprestación por todas las veces en las que Ella protege a Sevilla. Cuatro meses que probablemente propiciaron que la Esperanza siga viviendo entre nosotros siendo el faro que alumbra a Sevilla y a toda la humanidad.

Calle Méndez Núñez número 15 – hoy número 11 – Foto Vanessa Gómez
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