Con motivo de los cultos conmemorativos del septuagésimo cuarto aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción, y como antesala de los cultos extraordinarios que se vivirán el próximo año, Nuestra Señora de la Asunción se presenta sobre su paso procesional en el presbiterio de su parroquia, enmarcada por el incomparable arco de la calle Veredas. En el trono, tal y como marcan las reglas de la corporación letífica, un Simpecado, el de los Devotos, cumple la representación vicaria de la titular de la parroquia.
Con este plan de altar, que aúna el sentimiento más popular representado en el arco, y el paso procesional, una de las piezas más suntuosas del patrimonio devocional de la hermandad, se representa de manera visual el alma de la corporación asuncionista, donde la religiosidad popular entronca con la excelencia del patrimonio atesorado en honor y gloria de María Santísima en su Gloriosa Asunción a los cielos, para dar la bienvenida al año extraordinario del setenta y cinco aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción.






El Dogma
Una vez finalizada la entrañable fiesta de la Subida y ya entrados en el otoño de la vega sevillana se vuelven a engalanar las calles de Cantillana en honor de Nuestra Señora de la Asunción, para conmemorar una efeméride celebrada por toda la comunidad Cristiana del mundo, la proclamación del Dogma de la Asunción de la Virgen. En Cantillana, se comienza los días 29, 30 y 31 de octubre celebrando el Triduo en la Iglesia Parroquial volviéndola a llenar de luz y alegría.
Finalizado el triduo, llega ese maravilloso día para todos los cristianos, el día 1 de noviembre, el cual comienza celebrando el Santo Rosario desde la Ermita de San Bartolomé a la Parroquia de la Asunción donde se celebra la Solemne Función Principal, seguida de un nuevo Rosario. De este modo llega el momento anhelado por todo asuncionista, el momento del Besamanos de Nuestra Señora de la Asunción, el momento de encontrase más cerca de ella, el momento de las peticiones, las promesas y las gracias, ese momento donde se le habla como a una Madre, como a Nuestra Madre Celestial que nos protege y nos ama y que en este día de la proclamación del Dogma baja hasta nosotros para acompañarnos.





