El patrimonio musical de la Hermandad de los Favores de Granada cuenta desde hoy con una nueva pieza de incalculable valor emocional tras la presentación oficial de la marcha «Requiem Aeternam» por parte de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Pasión de Linares. Esta composición, que nace del sentimiento más profundo, promete convertirse en un referente de la solemnidad cofrade gracias al talento de su autor, José Alberto Mondéjar Toledo.
El estreno contó con la presencia del Hermano Mayor de la corporación granadina junto a miembros de su Junta de Gobierno, quienes se desplazaron hasta Linares para compartir este momento tan entrañable en el que la obra fue recibida con un silencio respetuoso y un recogimiento que subrayaron la profundidad de cada nota.
Durante el acto se vivieron momentos de gran calidez institucional, destacando la entrega de un recuerdo conmemorativo al compositor en señal de gratitud y la donación formal de las partituras originales por parte de la formación linarense a la Hermandad. Con este gesto, la pieza se incorpora de manera oficial al legado patrimonial de la cofradía, demostrando una vez más el compromiso de Pasión de Linares con la excelencia y su capacidad para reflejar la majestad y el respeto que envuelven al Señor de los Favores.
La composición arranca con una introducción de una solemnidad sobrecogedora, donde la armonización de los metales graves envuelve el teatro en una atmósfera casi catedralicia que hace honor a su nombre, evocando el descanso eterno y el recogimiento. A medida que avanza la obra, se desarrolla un discurso melódico de gran complejidad técnica, con frases elegantes en las cornetas que se entrelazan de forma magistral con los contrapuntos de trompetas y trombones, demostrando que la formación no busca el impacto fácil, sino una narrativa cargada de matices. Especialmente brillante es el uso de los pianos en la sección central, donde la banda reduce su intensidad al mínimo para crear un momento de intimidad absoluta, casi una oración susurrada, antes de estallar en un clímax final rotundo y majestuoso. Esta explosión sonora, lejos de ser estridente, mantiene el equilibrio y la elegancia característica de Pasión de Linares, culminando la marcha con una brillantez que simboliza la gloria del Señor de los Favores en el Campo del Príncipe.





