Córdoba, Costal

Así ha sido la emocionante última levantá de Rafael Muñoz como capataz titular del Carmen de San Cayetano

El capataz Rafael Muñoz Cruz, auténtico referente del mundo del martillo de la Córdoba Cofrade, acaba de poner el broche de oro a una dilatada y exitosa trayectoria como capataz con la salida procesional de Nuestra Señora del Carmen Coronada de San Cayetano, al frente de cuyo paso el veterano capataz vivió sus últimas horas como titular de un paso procesional. Si el pasado viernes Muñoz recibía un sentido homenaje, junto con su esposa, Angustias Orozco, en la Iglesia Conventual de San José, conocida popularmente como San Cayetano, a cargo de la Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen Coronada por una vida entera al frente del martillo de la Virgen este sábado era su cuadrilla costalera quien quería ofrendarle un emocionante homenaje justo a las puertas del templo. Unos instantes que quedarán almacenados para siempre en el alma de quienes los protagonizaron y vivieron y, de forma particular, en el del propio Rafael Muñoz. Palabras que evidencian el profundo respeto que su figura siempre ha despertado en el los hombres que ha tenido el privilegio de mandar.

Conviene recordar que el veterano capataz anunciaba a su cuadrilla el pasado mes de mayo la decisión de abandonar su labor después de toda una vida al frente de multitud de pasos. De este modo la Semana Santa de Córdoba pierde a uno de los capataces que gozan de una experiencia indiscutible y una sabiduría fuera de toda duda que para sí quisieran otros. Una decisión que se ha materializado tras la salida procesional de la Virgen del Carmen de San Cayetano, momento en el que se pone punto y final a una carrera memorable.

La trayectoria de Rafael Muñoz Cruz con el terno negro dio comienzo en 1969, con quince años, por iniciativa de su padre, el mítico Rafael Muñoz Serrano. El primer paso que acompañó como contraguía fue el de la Virgen de la Esperanza entonces de Santa Marina y hasta la desaparición de los profesionales acompañó con su padre, las imágenes del Cristo de la Expiración, la Virgen del Rosario, la Paz y Esperanza, la Reina de los Mártires, el Resucitado y la Virgen de la Alegría

En el año 75 participó como contraguía en la preparación de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de Córdoba, la de la Expiración que preparaba Rafael Muñoz con Ignacio Torronteras, siendo éste último quien la lleva a la calle mientras los Muñoz se hicieron cargo del palio con profesionales. Caridad de San Andrés, Nuestra Señora de los Desamparados, la Virgen de la Concepción, el Santo Entierro o el Cristo de la Buena Muerte son otros de los pasos que contaron con su presencia.

En el año 79 fue llamado por Rafael Jaén, hermano mayor de la Hermandad de Jesús Caído, para ser capataz de la cofradía junto con Patricio Carmona. Una llamada que supuso «una ilusión tremenda» porque su madre y sus abuelos eran de Santa Marina y devotos de Jesús Caído, al que Muñoz había seguido con ella en alguna ocasión como penitente (su abuela se enterró vestida con el hábito nazareno de Jesús Caído por deseo propio). Su primera salida fue en la Semana Santa de 1980 y ocupó este lugar hasta su retirada para dar paso a Manuel Orozco.

En el año 1998 fue nombrado capataz del palio de la Virgen de la Paz en sustitución de su padre realizando su primera salida como tal en 1999, 30 años después de comenzar como contraguía, empeñado en continuar lo realizado por su padre y maestro y construir una gran cuadrilla, sólida y de arte, desarrollando un trabajo impecable e inalcanzable en la actualidad, viviendo «los momentos más emocionantes, y satisfactorios que se pueden vivir en este sentir costalero y cofrade como llevarla en su 75 Aniversario a la Catedral», según afirma el propio capataz. El nombramiento como capataz en el año 2001 de la Virgen del Carmen de San Cayetano supuso el broche final a su magnífica trayectoria, que se vio posteriormente refrendado con su nombramiento para volver a ser el timonel del velero de uno de los palios más señeros de la Semana Santa de Córdoba, el de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. Un privilegio que que ahora llega a su fin jalonado un currículum envidiable y con la satisfacción de ser una figura insustituible que siempre permanecerá en la memoria de los cofrades cordobeses.