El puesto de capataz en una cofradía es el análogo al de entrenador de un equipo de fútbol, siempre expuesto a los resultados. La variación , en el caso cofrade, es que esos últimos siempre son subjetivos y difíciles de calibrar, más allá del número de costaleros que integren la cuadrilla.
La volatilidad del titular del llamador de turno tiene ejemplos evidentes En los últimos tiempos, en el caso de la capital cordobesa. Así, hace unas semanas, se conocía que el paso de María Auxiliadora iba a ser dirigido por Jesus Ortigosa, quien hace menos de un año perdía el martillo de la Virgen del Rosario. Este lo cogió Juan Carlos Vidal, precisamente, el capataz que no seguía al frente de la patrona de lo Salesianos.
Otro ejemplo es el de Ángel Carrero, quien pocos días después de ser ratificado al frente de la cuadrilla de San Rafael era justo lo contrario al frente de la Virgen de la Salud de la Hermandad de la Agonía. Y esto sin olvidar que Francisco Luis Castaño, Sony, no seguirá como segundo en el misterio del Huerto, siendo cesado mientras ejerce como vicehermano mayor de la cofradía de San Francisco. El mejor exponente de lo efímero de un cargo que quema, tanto en la manos de quien lo ejerce como en las que deciden.





