El recién comenzado año nos va a dejar otras tantas estampas históricas, aunque quizá sean menores si tenemos en cuenta que el número de procesiones extraordinarias mengua considerablemente. En el horizonte, la todavía no aprobada por palacio procesión de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje por el centenario de la corporación y la más que esperada coronación canónica de la Virgen del Amparo, una de las grandes imágenes que atesora la ciudad.
Mengua lo extraordinario y esperemos que también lo hagan todos aquellos que se presentan como protagonistas, muy a nuestro pesar. Pero este pensamiento será un deseo incumplido, una promesa que quedará en la nada, porque en este mundo de las cofradías el postureo y la presencia de ciertos personajes está más que asegurada.
En la Macarena nos encontramos con la figura de Fernando Fernández Cabezuelo. Sus declaraciones cuando estaba en la cola para el centenario a la par que majestuoso besamanos de la Esperanza más universal provocaron que nos plantearan si estábamos viviendo en una realidad paralela. Porque manifestar que guardaba cola como el resto de los hermanos cuando días antes había estado viendo cómo regresaba de la restauración la dolorosa es, cuanto menos, un discurso que huele más a populismo que a otra cosa. Y su presencia en tantas fotografías del acto que cumple un siglo, más que ser suficientes, lo que rezumaban era aroma a protagonismo. No hacía falta un cartel de «Yo soy Cabezuelo y soy hermano mayor de la Macarena», porque ya lo sabíamos.
Y si pensábamos que, con la presencia en la Macarena de Mario Daza, el cupo de periodistas estrella estaba completo, se nos presenta ahora Moisés Ruz, el vanidoso informador que parece creerse el salvador de la candidatura de Fernández Cabezuelo. No, querido Moisés, la victoria ya estaba más que asegurada desde que dicho postulante marcó distancia con la actual junta con una línea nada continuista. Así que, menos lobos y piropos los justos.
Regresando a las extraordinarias, qué duda cabe que la presencia de Patricia del Pozo ha sido más que soporífera. Porque no ha habido acto en la que no la hayamos visto. Muy bien, pero a ver cuándo te dejas ver por las procesiones de Andalucía oriental, que también existe. Y, ya de paso, por los museos tan destacables que albergan ciudades como Córdoba, Málaga o Granada. Porque Andalucía es muy amplia y va más allá de Luis Montoto, donde solemos encontrarnos mientras tomas café con tus amigas. Como hermana de Montserrat no faltó a la procesión de la dolorosa en Cataluña, y meses antes aceptaba el madrinazgo de la coronación canónica de la Pastora de Santa Marina. Que digo yo, de quién sería tan encomiable idea. Me pregunto si la consejera le pidió a la Pastora por aquellos interinos que tantos dolores de cabeza le provocaron durante el exiguo período en el que fue consejera de Educación.
Otros tantos personajes acaban copando la información de manera indirecta. Bien por hechos que se conocen a través de terceros o porque tienes amigos que te pasean más de la cuenta por las columnas que escriben. En ocasiones, puede ser lo mismo. Que se lo digan a López de Paz, que no sabe qué hacer ya para publicitar a Antonio Cattoni como pregonero de la Semana Santa. Es encomiable contar con un amigo tal leal que quiere a toda costa que su amigo sea el pregonero de la Semana Santa de 2027. Pero, ¿por qué no contar a la audiencia la razón por la que todavía no se encuentra entre las quinielas? En Internet hay multitud de teorías, en el foro cofrade, por ejemplo, pero quizá lo más sensato sería como, periodista y conocedor directo del motivo, expresar con claridad qué sucede para disipar dudas. Y de paso, atajar los rumores, que es lo que haría un buen amigo. Cuando expones a tus friends, abres la puerta a que se opine. Y en el mundo de las redes sociales, las teorías corren el doble de rápido.
Dicho lo cual, si la restauración de la Macarena nos dejó unos cuantos protagonistas, aquí tienen otra nueva hornada para saber qué nos puede deparar este recién estrenado año. Que sigan apareciendo, que los veamos en los actos más de lo que esperamos, porque ya se han convertido en casi parientes.





