El comunicador evocó la esencia del traslado de la Patrona desde la aldea hasta Almonte en un acto celebrado en el Santuario del Rocío, que congregó a numerosos fieles y abrió el camino hacia los días centrales de la Venida
“Hay una tarde cada siete años en la que el tiempo empieza a contarse por latidos”. Con estas palabras inició Carlos Herrera Crusset una exaltación dedicada a la Venida de la Virgen, una cita celebrada en la noche del 5 de agosto en el Santuario de Nuestra Señora del Rocío, donde se dieron cita numerosos almonteños y rocieros en unas semanas que concentran la agenda estival más intensa de la Hermandad Matriz.
El comunicador construyó un recorrido por la memoria colectiva, las vivencias familiares y la fe heredada que acompañan al pueblo de Almonte en la espera de una nueva Venida de su Patrona. Durante su intervención, definió este acontecimiento como la celebración más íntima y familiar de la localidad, aquella en la que el pueblo acompaña a la Virgen desde la aldea hasta su municipio en un traslado cargado de simbolismo.
Una tradición que atraviesa generaciones
A lo largo de su exaltación, Herrera recreó cada uno de los momentos que conforman el traslado de la Virgen. Evocó la salida al atardecer, el recorrido nocturno por el Camino de los Llanos y la llegada a Almonte con las primeras luces del alba, poniendo de relieve la manera singular en la que los almonteños aguardan, acompañan y portan a su Patrona durante este acontecimiento que se repite cada siete años.
El periodista dirigió también su mirada hacia las nuevas generaciones, subrayando la continuidad de una devoción transmitida de padres a hijos. En este sentido, afirmó: “Veremos el futuro hacerse carne en quienes apenas empiezan a comprender lo que significa ser almonteño, que no es solo recorrer kilómetros de arena, sino atravesar siglos de historia, caminar sobre la fe heredada de los mayores, comprendiendo que hay caminos que nunca terminan”.
Santiago Padilla presenta la exaltación como antesala de la Venida
El acto fue inaugurado por el presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, quien presentó la exaltación como el preludio de los días de fervor y devoción que conducirán al traslado de la Virgen hasta Almonte.
Durante su intervención destacó de Carlos Herrera su compromiso con la defensa de las tradiciones, su profundo conocimiento de El Rocío y su capacidad para transmitir unos sentimientos de los que, según expresó, “es y se siente hermano”. Asimismo, describió el Santuario como “una ascua de luz incandescente” ante la presencia de la Virgen, ya vestida de Pastora y aguardando el momento de emprender el camino hacia Almonte.
La espera de siete años y el recuerdo de quienes ya no están
Uno de los ejes centrales de la exaltación fue la reflexión sobre el paso del tiempo y la permanencia de la devoción mariana. Herrera recordó que “en siete años pasan muchas cosas, muchos llegan y otros muchos se van”, antes de establecer un contraste entre el devenir de las personas y la permanencia de la Virgen.
“Nosotros cambiamos, nos vamos pareciendo a la fotografía sepia de nuestros padres o nuestros abuelos, pero Ella sigue ahí, siendo la misma”, afirmó, en una reflexión que condujo al recuerdo de quienes protagonizaron Venidas anteriores y que hoy permanecen vivos en la memoria del pueblo.
El exaltador dedicó igualmente unas palabras a las abuelas almonteñas, a quienes definió como “fe caminando por el tiempo”, evocando recuerdos familiares y afectos personales para presentar el traslado como una celebración donde confluyen promesas, recuerdos y ausencias que vuelven a hacerse presentes durante el camino que conduce a la Virgen hasta Almonte.
La presentación de Ricardo Laguillo y el cierre del acto
La presentación del exaltador corrió a cargo del empresario Ricardo Laguillo Morejón, quien resaltó la condición de creyente y rociero de Carlos Herrera, así como su capacidad para emocionar mediante la palabra. Antes de cederle el atril, le dirigió unas palabras cargadas de significado: “Esta noche no tienes delante a una audiencia, tienes delante al pueblo de Almonte que espera escucharte con el corazón abierto para que le hables de la Venida de su Madre”.
Concluida la exaltación, intervino el Párroco de Almonte y Rector del Santuario, Francisco M. Valencia, quien invitó a los asistentes al rezo de la Salve ante la Virgen. El acto culminó con los vivas pronunciados por el Hermano Mayor de la Hermandad Matriz, Juan de los Santos.
Durante la ceremonia se hizo entrega de sendos recuerdos tanto al exaltador como a su presentador. Ambos recibieron dos obras que representan a la Virgen vestida de Pastora, realizadas por el artista pontanés Javier Aguilar.
Un Santuario repleto de fieles
La jornada reunió en el Santuario a numerosos almonteños y rocieros, que llenaban el templo desde la misa de la tarde, junto a autoridades, representantes de hermandades y miembros de la familia de Carlos Herrera.
Tras la finalización de la exaltación, la programación continuó con un encuentro celebrado en la Casa Hermandad, organizado con la colaboración de la familia de Bodegas Acontia y sus vinos, poniendo el broche a una tarde-noche que sirvió para intensificar la espera de la próxima Venida de la Virgen.





