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Celebran una misa con los restos del Cristo de más de 300 años destruido en un ataque terrorista en Nicaragua

El Cardenal Leopoldo José Brenes, Arzobispo Metropolitano de Managua, presidió una Santa Misa en la entrada de la Capilla de la Sangre de Cristo en la Catedral de Managua este miércoles 5 de agosto junto a los sacerdotes y religiosas. Una eucaristía que bajo el lema «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen», fue celebrada en honor a la Sangre de Cristo, el crucificado de casi cuatro siglos que fue destruido en un miserable atentado hace una semana. El purpurado, declarará de ahora en adelante julio, como un mes de silencio y oración ante la Sangre de Cristo.

En su homilía el Señor Arzobispo destacó el «ambiente de tristeza y dolor porque nuestros sentimientos de esta pesadilla es ¿cuándo vamos a despertar?». «Sin duda alguna muchos de nosotros quizás no hemos podido dormir, otros algunas horas pensando si esto es realidad lo que de una manera salvaje y terrorista se ha realizado en nuestra imagen de la Sangre de Cristo. Sin embargo el consuelo es para todos», ha dicho, poniendo de manifiesto que «la Iglesia siempre ha sufrido y seguirá sufriendo pero la seguridad es que el Señor nos acompaña. Debemos estar aferrados a la cruz, porque si estamos aferrados a su cruz quién podrá apartarnos del amor de Dios. Vemos a nuestra sangre de Cristo calcinada, pero de pies, la imagen y la cruz resistieron las fuerzas de las llamas como un testimonio para nosotros que la cruz no es vencida tan fácilmente, la cruz no se destruye tan fácilmente, por eso hoy les hago el llamado de estar aferrados a la cruz, al pie de la cruz como María y aquel pequeño grupo que le acompañaban”.

Conviene recordar que un desconocido lanzó una bomba e incendió el pasado viernes la imagen de la Sangre de Cristo que lleva 382 años en Nicaragua y que fue venerada por San Juan Pablo II en 1996, cuando se arrodilló y oró a sus pies, durante su segunda visita al país, de mayoría católica. “Una persona no identificada ingresó a la Capilla de la Sangre de Cristo en la Catedral Metropolitana de Managua, y arrojó una bomba, produciendo un incendio dentro de la capilla, en donde permanece la consagrada y venerada imagen de la Sangre de Cristo y expuesto el Santísimo en su sagrario”, informó la Arquidiócesis de Managua, en un comunicado. La imagen de la Sangre de Cristo, cuya capilla se encuentra en el costado oeste de la Catedral, quedó totalmente calcinada, pero su estructura soportó en pie, según se pudo observar después de que los bomberos sofocaron el incendio.

La Iglesia católica calificó la acción como “un acto de sacrilegio y profanación totalmente condenable, por lo que debemos permanecer en constante oración, para derrotar las fuerzas malignas”. Justo ayer, el cardenal Leopoldo Brenes reiteró a los sacerdotes y creyentes que estuvieran atentos y vigilantes en el cuidado de sus capillas, tras las profanaciones ocurridas contra dos parroquias de la Arquidiócesis de Managua. Dichas profanaciones se han presentado luego de que la Arquidiócesis de Managua anunció la suspensión de las fiestas populares en honor de Santo Domingo de Guzmán, las más grandes de Nicaragua, para evitar aglomeraciones, debido a la pandemia de COVID-19, entre el 1 y el 10 de agosto próximo.

El anuncio de la Arquidiócesis llegó cuando diferentes instituciones del Gobierno promovían actividades masivas, como parte de las fiestas por Santo Domingo de Guzmán. “Lo ocurrido ha sido una herida dolorosa al corazón del pueblo católico nicaragüense”, dijo el influyente obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Báez, exiliado desde 2019 tras recibir amenazas de muerte, supuestamente de grupos ligados al Gobierno del presidente Daniel Ortega. El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) afirmó que el ataque se suma a otros «actos de vandalismo que en los últimos días se han realizado contra templos católicos en otras ciudades del país, que representan una cara persecución contra la Iglesia católica sus líderes y la feligresía, atentando contra la libertad religiosa que establece nuestra Constitución».

Las relaciones entre la Iglesia católica y Ortega se mantienen tensas en Nicaragua desde 2018, cuando la mayoría de sacerdotes arriesgaron sus vidas para salvar las de miles de personas que participaban en manifestaciones antigubernamentales y que fueron controladas con ataques armados que dejaron cientos de muertos, presos y desaparecidos. Ortega ha sostenido que los sacerdotes apoyaron a Estados Unidos en un supuesto “golpe de Estado fallido” hace dos años. Tales declaraciones han provocado agresiones físicas contra algunos de los obispos y profanaciones sistemáticas hacia los templos católicos, ejecutadas por fanáticos sandinistas que los han reivindicado o por desconocidos.

Las diferencias entre la Iglesia católica y Ortega fueron comprobadas por San Juan Pablo II en su primera visita a Nicaragua, en 1983, bajo el primer mandato del exguerrillero, cuando las denominadas «turbas sandinistas» insultaron al entonces pontífice, hasta que este elevó la voz para acallarlos. El Episcopado ha suspendido las actividades masivas religiosas desde 2018, primero por la inseguridad que persiste en Nicaragua debido a la presencia de paramilitares y capturas de personas que supuestamente violan la norma de no criticar a Ortega, y posteriormente para evitar la propagación de la pandemia de COVID-19. El Gobierno nicaragüense, que mantiene en vigor la llamada «estrategia singular», que busca el «equilibrio» entre la economía y la salud, sostiene que las actividades masivas no se pueden detener a causa de la pandemia.

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