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Córdoba, De Cerca, Málaga, Sevilla

César Ramírez: “La vanguardia es conservar la tradición”

Nuria Barrera: "Últimamente, hay una tendencia destructiva, además por parte de algunos sectores, incluso compañeros, que se califican como modernos, y con “tendencias rompedoras” que desmerecen el trabajo de los que nos dedicamos a hacer un tipo de obra clásica."

Ocurrió hace unos días, en Sevilla, a escasos metros de la plaza del Salvador. Allí, en su pequeño rincón de libertad, César Ramírez ha creado la que será imagen y bandera de la próxima Semana Santa de Córdoba. Un cuadro anunciador, como él mismo confiesa que prefiere denominar a los carteles que realiza, que a buen seguro no dejará a nadie indiferente. Y relevará en esta enorme responsabilidad a Nuria Barrera, otra artista maravillosa, a una amiga con la que comparte confidencias y un especial modo de entender el arte, una manera singular de sentir y defender con uñas y dientes aquellas tradiciones que ayudan a proteger con el arma más poderosa que poseen, la fuerza de su trazo.

Antonio y yo viajamos a la ciudad de la Giralda, no para hacer una entrevista, porque esto no es una entrevista – quedan advertidos -, sino para encontrarnos con dos amigos y poder disfrutar de una conversación que atesora instantes de revelación, defensa de las propias creencias y altas dosis de reivindicación, en un momento en que buena falta nos hace. Sevilla, Córdoba, Málaga… la infancia, los recuerdos, los sueños… muchos fueron los asuntos que salieron a colación Tantos, que hemos decidido dividir esta experiencia en dos capítulos. Este es el primero de ellos. Espero que disfruten tanto como lo hice yo. Gracias Nuria, gracias César, por convertir aquellas horas en un recuerdo inolvidable.

 ¿Qué elementos esenciales no deben faltar nunca en un cartel de Semana Santa?

C.: Que sea totalmente reconocible, ciñéndonos a los cánones de la cartelería. Que el lenguaje sea universal, que esté dotado de unción sagrada. Que la finalización de esa obra sea, no evangelizadora, pero sí que pueda servir para evangelizar, en un momento dado una de tus obras puede ser bendecida. Y debe tener una composición que transmita y mucho mensaje, que llegue a todos esos estratos y clientela al que está dirigido.

¿Cuál es tu primer recuerdo como cofrade?

C.: Yo llevo viviendo la Semana Santa de Sevilla desde chico, aunque mi familia no es que fuera muy cofrade. Lo primero que me atrajo de la Semana Santa fue su música. Mi primer recuerdo es que utilizaba la música de Semana Santa para estudiar, me relajaba mucho, y sobre todo la Madrugá de Abel Moreno. Para mí, es la obra cumbre. Gracias a Dios, las vueltas que da la vida, ahora Abel Moreno es muy amigo mío. Mi padre era militar y estuvo destinado muchos años en Soria 9. El cartel de Semana Santa de Sevilla está dedicado al Regimiento Soria 9, aparece el escudo de Soria 9 en la bambalina trasera del palio de la Macarena.

Hasta tal punto que hay militares han ido a la hermandad a buscar esa bambalina, pero esa es una recreación que yo hice. En el lateral del cuadro, están escritos los nombres de todos los directores de música y músicos mayores que ha tenido la banda de largo de más de un siglo de historia, recorre toda la obra hasta finalizar con Abel Moreno. Por tanto, mi primer recuerdo de la Semana Santa es la música. Y el segundo, es de cuando, con 12 o 13 años, me llegó un amigo mío costalero, que es fotógrafo de Sevilla, Javi Jiménez, para que le pintase el costal y, de repente, empezaron a llegar muchos amigos para lo mismo.

“Ser pintor es algo con lo que se nace, pero hay muchos que se quedan por el camino”

¿Tu niñez estuvo asociada a las cofradías?

C.: No, yo vivía en una barriada militar, en las afueras de Sevilla y ahí no estábamos tan sumamente vinculados. Cuando llegaba la Semana Santa sí, era cuando te acercabas al centro, y entonces vivías lo que es la Semana Santa. Luego, con el tiempo, tienes más movilidad, y a medida que te vas haciendo mayor, la Semana Santa se convirtió en un hecho más que ocurría en Sevilla, al que vas con tus amigos, un sitio donde había que estar.

Mis amigos no eran ni muy cofrades ni muy capillitas, pero, en cambio, algunos sí eran muy devotos. Yo recuerdo muchas noches en las que me escapaba con mis amigas Piluca y Estrella y nos íbamos los tres. Todos los años, no sé por qué, íbamos a ver entrar la Estrella, y esa entrada yo la recuerdo con mucho cariño. Luego, cada uno va tirando por su lado y dejé de verla entrar, pero son de los recuerdos más hermosos que tengo de la Semana Santa.

Ya de mayor la fui viviendo con mucha más intensidad y desde que estoy con mi mujer, la vinculación ha sido tremenda. Desde que la conocí estoy muy vinculado a la hermandad del Museo. Ella es cofrade y la Semana Santa en su familia se vive muchísimo, y eso me ha llevado a mí a hacerme hermano de la Hermandad del Museo. Mi cuñado, con quién comparto taller, es el actual prioste primero y he formado parte de su Junta de Gobierno. Incluso antes de formar parte de la Junta de Gobierno ya había hecho algunos trabajos para la hermandad, y además, me pilla en el barrio porque vivo al lado del Museo. Ahora, la vinculación es total y para siempre.

Háblanos de tu abuelo materno.

C.: (risas) Yo siempre he dibujado muy bien, siempre me ha gustado muchísimo la pintura y las manualidades. Me considero una persona habilidosa con las manos. Y mi madre me decía que eso venía de mi abuelo. Toda la familia de mi madre es de Toledo y la familia de mi padre de Estepa. De Toledo, mi abuelo había pintado alguna iglesia. Con 6 o 7 años ya estaba yo dibujando una barbaridad, y con 10 o 11, fue cuando me metieron en la Academia de Luis Pajuelo y Luis Montes. Ahí estuve dos o tres años y es donde se preparaban los exámenes de ingreso a Arquitectura y a Bellas Artes, porque antes, en Arquitectura, exigían un examen de dibujo que se llamaba la Hornacina. Había que aprender a dibujar. A los arquitectos de hoy en día ya no se les exige y pocos son los que saben dibujar a mano alzada. Antes sí, se exigía muchísimo.

Ser pintor es algo con lo que se nace, pero hay muchos que se quedan por el camino.  Gracias a Dios mis padres tuvieron la decisión acertada de meterme en esa academia, porque si no, a lo mejor, no sería hoy pintor. A raíz de eso, expuse en muchas exposiciones colectivas. Luego llegó un paréntesis, con la carrera de Arquitectura, seguía pintando no con la misma intensidad. Y de hace unos años para acá, total y absolutamente volcado, además, con esa ansiedad de pensar que yo no puedo morirme sin ver hasta dónde puedo llegar con esto.

“Tienes que tener claro quién es tu cliente, que no es la Agrupación de Cofradías, sino la ciudad de Córdoba, con toda su gente”

Lo he hecho siempre, lo he tenido un tiempo dormido, con pocas obras… y llegó un momento en que mi cabeza, a raíz de la muerte de mi padre en 2010, algo me dijo que esto se acaba, que llega un momento en el que se acaba. Y me dije a mí mismo que esto me tenía que llevar a algún lado, que había que probarlo, y entonces fue cuando empecé a darle fuerte. Tuve la fortuna de que aquí, en el estudio, se quedó un hueco, porque es importante es tener un sitio donde puedas desarrollar tu arte. Y desde entonces ha sido algo vertiginoso, como una montaña rusa, con mucha subida pero sobre todo con mucha velocidad. No me ha cogido con miedo a no estar preparado para esto, pero sí con respeto. Aunque siempre con la tranquilidad de llevar haciendo esto desde que era muy chico. Yo tengo colgados mis primeros lienzos en casa de mi madre, los primeros cuadros al óleo que hice con 11 años.

Mis primeras ventas de cuadros al óleo las hacía ya con 13 o 14 años y con 14 o 15 años ya había expuesto en algunos sitios de manera colectiva. Por eso, en ese aspecto estaba tranquilo. Yo sentía que tenía que desarrollarlo y la carrera de Arquitectura me ha dado ese plus que me faltaba. Cuando te pones a pintar, después de un tiempo sin hacerlo, lo veía todo como mucho más claro. Estaba escrito que tenía que hacer Arquitectura para luego combinarlo con mi faceta de pintor. Y hasta aquí hemos llegado y a ver qué nos depara el futuro.

¿Cómo definirías tu obra?

C.: Al final me la definen, porque yo la vivo con tanta pasión cuando la realizo, que es cuando la presento el momento en que me la definen. Al igual que Nuria, cuando presento una obra, cuido mucho como la documento o como la explico. Y en esa explicación, en esa documentación, en esa presentación, se nota el sentimiento que le has echado a la obra. Mi obra lleva mucho sentimiento. Es una obra que lleva muchas horas de trabajo, de composición y de interesarte sobre todo, por a quién va dirigida.

A ese que tienes a tus espaldas, el de la hermandad del Calvario de Estepa, se le echó mucho sentimiento. Lo hice simultáneamente con el de la Semana Santa de Sevilla. Fueron dos obras simultáneas, mi ciudad y la ciudad de mi padre, Estepa. La responsabilidad era abrumadora, Ahí hay mucho simbolismo, está muy cargado. Hace referencia a la estación de penitencia, a lo que para ellos es la gran devoción de San Francisco, la fachada de la iglesia del Carmen… te documentas y lo vuelcas. Yo siempre voy sobre seguro para no equivocarme. Procuro trabajar y documentar… y la parte final que es pintarlo, es echar horas. Cuando llegues a esa parte final está ya hecho el 80% del trabajo, el concepto.

“El miedo aparece cuando uno se enfrenta a ver de qué forma se compone una idea sin perder la identidad”

¿Cuáles crees que son tus trabajos más importantes?

C.: Mediáticamente, el más importante es el de la Semana Santa de Sevilla. Pero donde arrancó lo que ahora mismo tengo fue el de la Magna Mariana de Écija. Esa obra me abrió muchas puertas. Cuando me la encargaron, confiaron mucho en mí. En el Consejo de Cofradías de Écija no todo lo veía igual de claro, porque yo estaba empezando, entonces estaba despegando, había hecho algunas exposiciones individuales. Pero hubo una persona en concreto, mi compañero Tomás Rojas, que era entonces el vicepresidente, que confío muchísimo en mí y lo vio muy claro, y me puso esa responsabilidad. Esa obra fue la que me abrió muchas puertas, entre otras el del cartel de la Semana Santa de Sevilla, que te llega y te quedas abrumado. Cuando te llega piensas que ya no hay más. Hay veces que este tipo de encargos te llegan al final de un recorrido y otras a principio. A mí llegó al principio y esa obra me marcó el recorrido.

Pienso que es más complicado como me llegó a mí, porque después tienes que demostrar una serie de cosas, a lo largo de lo que te queda por hacer, para demostrar que quienes confiaron en ti no se equivocaron. Y en eso estamos. Yo creo que ya ha pasado un tiempo suficiente y ya he desarrollado una actividad y en ese aspecto me quedo tranquilo y satisfecho. Seguramente, si me hubiera llegado con 50 o 60 años lo hubiera pintado distinto, no lo sé.

¿Qué siente un pintor cuando se enfrenta a un lienzo en blanco?

C.: Normalmente el lienzo o el tablero no lo miro hasta el final, cuando ya lo tengo todo compuesto. El miedo no aparece ahí, el miedo aparece cuando uno se enfrenta a ver de qué forma se compone una idea sin perder la identidad.

Pero, ¿miedo es la palabra?

C.: No miedo no. Si tuviera miedo con todo lo que tengo encima…

N.: Miedo no, pero sí respeto a la responsabilidad que supone la confianza que depositan en nosotros.

C.: Sí, el respeto y sobre todo saber afrontarlo con experiencia para gestionar el tiempo. El otro día creo que se lo comentaba a Nuria. Con todos estos encargos hay que saber gestionar el tiempo, porque si no te lo comes y no llegas.

“La calle quizá es lo más importante porque es la que lo ve y la que participa. La opinión más importante es esa. La Agrupación, por supuesto que no, ni los “entendidos”, sino la calle”

Y esa responsabilidad de la que habláis, ¿es una responsabilidad más para con terceros, a lo que puedan pensar los receptores del encargo, de quienes lo encargan o con vosotros mismos, derivada de la satisfacción que os pueda reportar un trabajo?

C.: Ese tema lo tengo muy claro, porque estamos hablando de pintura cofrade. Una cosa es la pintura cofrade y otra la pintura religiosa. Un cartel de Semana Santa es una pintura cofrade. Pintura religiosa es lo que hace Raúl Berzosa. Te encargan un pasaje y tienes que tomar unos modelos y recrear una escena. En el caso de la pintura cofrade estamos hablando de unas imágenes de unas hermandades o del encargo de un cartel de Semana Santa y ahí tienes que tener claro quién es tu cliente, que no es la Agrupación de Cofradías, sino la ciudad de Córdoba, con toda su gente, y cuando digo toda su gente, hablo de todos sus estratos de conocimiento y sociales, desde el que no tiene ningún tipo de estudio, hasta el que tiene estudios de arte. A todos ellos me debo, no a la Agrupación. No me debo ni a mí.

N.: La calle quizá es lo más importante porque es la que lo ve y la que participa. La opinión más importante es esa. La Agrupación, por supuesto que no, ni los “entendidos”, sino la calle, la que al final juzga el cartel, los escaparates, las pescaderías, los mercados…

“En este tipo de encargo, no eres tú el protagonista; tú debes quedar un poco por debajo”

El año pasado, por ejemplo, el cartel de Nuria supuso indiscutiblemente un triunfo por lo que ella dice, porque lo que se palpaba en la calle era satisfacción por lo que se estaba viendo, porque la gente de la calle cuando veía el cartel decía “estamos viendo nuestra Semana Santa”…

C.: Nuria es experta en eso, yo la admiro en ese aspecto, porque es experta en captar esa esencia. Lo hizo con Córdoba y con el cartel de la Fiesta de la Primavera, que fue una cosa imponente, una cosa tremenda. Con un cartel hay que analizar realmente a quién va dirigido. En la pintura religiosa y cofrade, el protagonista no es el artista, es la ciudad a la que va dirigido, pero sobre todo Dios. En ese tipo de encargo, no eres tú el protagonista; tú debes quedar un poco por debajo.

Y, ¿cómo valora César el hecho de recoger, en cierto modo, el testigo de Nuria? Además sois amigos, hay una relación… ¿supone algo especial?

C.: Ha sido algo absolutamente inesperado. Yo recibí la llamada de la Agrupación y me dijeron que tenían unos cuantos pintores y que habían pensado que yo participara. Yo di por hecho que iba un poco de relleno, porque además ya el año pasado lo hizo Nuria, de Sevilla. No creía que fueran a coger a otro de Sevilla.

Para mí era un honor que contasen conmigo pensando incluso en otra cosa que pudiera surgir más adelante, y de repente me designan. Yo les dije lo que pensaba en relación a volver a elegir a alguien de Sevilla y me dijeron que “aquí valoramos simplemente la obra, nos da igual de dónde sea el artista, esa frontera para nosotros no existe”… me hizo muchísima ilusión

N.: Y a mí…

C.: Lástima que no hayamos coincidido este año con lo de la Feria. Lo decía ella el otro día: “tenías que haber hecho la portada el año pasado o haber hecho yo el de las Fiestas de la Primavera éste…” (risas)

“Cuando confían en César o en mí para un cartel de este tipo, lo hacen hermandades o entidades que lo que quieren es ver a su imagen, quieren que el pueblo vea la virgen a la que le reza, a la que le dan gracias, por la que se desviven”

Pero en cierto modo, si se pone uno a analizar… Marchena, Huévar del Aljarafe, Córdoba, el cartel de las Fiestas de la Primavera, la portada de la Feria… ¿os habéis empeñado un poco en daros el testigo uno al otro?

N.: Pero bueno, son las casualidades. Yo, es que creo que compartimos un estilo bastante parecido y cuando firma el detrás de mí o viceversa, identifican un tipo de pintura que, aunque tengamos estilos personales comparten el realismo. Yo pienso que cuando confían en César o en mí para un cartel de este tipo, lo hacen hermandades o entidades que lo que quieren es ver a su imagen, quieren que el pueblo vea la virgen a la que le reza, a la que le dan gracias, por la que se desviven todo un año preparando esa salida, que con tanto cariño preparan… en ese sentido, coincidimos. Para mí, ha sido una satisfacción cuando se pusieron en contacto conmigo de Huévar después de hacerlo César, o Córdoba con César, después de haberlo hecho yo. Lo vives con mucha satisfacción y te alegras de los éxitos de compañeros, a los que queremos. Y pienso que es una satisfacción para el arte de Sevilla, es un motivo de mucha alegría.

Esta pregunta ya se la hice a Nuria el año pasado. En tu caso, César, si te doy a elegir entre inspiración y trabajo, ¿con qué te quedas?

C.: Me quedo con el trabajo, porque al final, la inspiración es fruto de mucho trabajo. Siempre hay una pequeña parte de inspiración, pero para tenerla tienes que tener una base de conocimiento y ese conocimiento solo se adquiere con trabajo, con mucho trabajo. Luego es cierto que te viene como una pequeña luz. Hay veces que estás dándole vueltas a un cartel, trabajando, trabajando y trabajando, y no acabas de dar con la idea. Llevas una semana encerrado y no te llega. Y de repente, te viene una inspiración, te viene una idea, que no tiene nada que ver con todo lo que has estado trabajando. Pero, aunque no tenga nada que ver, es consecuencia de toda esta semana de trabajo.

“Sí yo quiero simplificar un cartel, pongo una gran cabeza de un Cristo o una virgen, unas letras y ya está, pero no es mi estilo…”

 Sí, la famosa frase de Picasso…

C.: “Que la inspiración te pille trabajando…”

N.: Yo es que creo que todos los que le dedicamos mucho tiempo a esto, decimos lo mismo. La inspiración siempre te pilla trabajando. Tienes que trabajar mucho para que llegue esa inspiración. Es el fruto de muchas horas de trabajo y de mucha dedicación.

C.: Pero es que además, el tipo de cartelería que hacemos Nuria y yo, o el que hace Raúl Berzosa, implican mucho trabajo. Ahí puedes ver el cartel de Raúl y el mío, y ambos tienen un trabajo de mucha composición, dicen muchas cosas. El mío de Estepa, el de Catania o el de Écija, no se pueden hacer si no hay mucho trabajo detrás. Sí yo quiero simplificar un cartel, pongo una gran cabeza de un Cristo o una virgen, unas letras y ya está, pero no es mi estilo…

Además, es lo que decía Nuria hace un momentito, y coincido bastante con vosotros. Yo creo que en este tipo de cartel el realismo es fundamental. Uno mira el cartel de Raúl, por ejemplo, y viendo la cara del Señor de la Borriquita, que es una imagen de un cordobés, de Juan Martínez Cerrillo, estás viendo a la Sentencia de Córdoba, que son dos imágenes muy parecidas, tiene la misma cara, el mismo corte… lo estás viendo físicamente; no estás viendo el cartel, estás viendo al Cristo; estás sintiendo que está ahí. Yo creo ese es un elemento es muy importante en este tipo de cartel.

“En Sevilla, hay estudios de publicidad, de gente muy sevillana, que manejan unas herramientas informáticas fantásticas y con conocimientos cofrades, que te pueden hacer unos carteles cofrades con esas herramientas fantásticos…”

C.: Este tipo de pintura debe ser figurativa, es más, a lo mejor yo soy más rancio o más tradicional o cómo se quiera decir, pero pienso que es la única parcela, tanto en el caso de la pintura cofrade, como de la religiosa en la que los pintores debemos conservar, con mucha fuerza, un coto exclusivo para la pintura al óleo, entendida de una manera clásica y se realice por pintores. Los pintores debemos mimarla con mucho cuidado. Que realmente sean pinturas.

Cuando me preguntan por un cartel, yo prefiero denominarlo “cuadro anunciador”. Yo soy más pintor de cuadros anunciadores, de cosas que van a ocurrir en una ciudad. Esta parcela debemos cuidarla, debemos mimarla… porque si no, al final podemos ir a un diseño de cartelería cofrade. Aquí, en Sevilla, hay estudios de publicidad, de gente muy sevillana, que manejan unas herramientas informáticas fantásticas y con conocimientos cofrades, que te pueden hacer unos carteles cofrades con esas herramientas fantásticos…

Y en Córdoba…

C.: Pero yo entiendo que es una parcela donde la pintura es la que tiene que expresarse. La pintura en óleo.

“Yo no puedo hacer un cartel que entienda un determinado sector de la población y la señora que tiene 80 años que está buscando su imagen de toda la vida, no la reconozca”

― Y, ¿por qué piensas que hay un sector de la prensa, incluso de la prensa cofrade, que dice que la pintura de esta índole está demasiado anclada en parámetros tradicionales?:

C. y N.: (risas)

C.: ¿Dicen eso de la imaginería? Imagínate alguna de las propuestas que se hacen en cartelería cofrade trasladadas al mundo de la imaginería. Cuando además, en las imágenes, la última tendencia que cuanto más híper realista sea el resultado, mejor. Con las imágenes, que es donde surge todo, no se plantea y en cambio, la pintura parece que hay que llevarla al terreno de la interpretación.

La primera regla de la cartelería es saber quién es tu cliente. En el caso de un cartel de Semana Santa, tu cliente es toda la ciudad, a quien va dirigida, lo hemos dicho antes, con todos sus niveles de conocimiento. Yo no puedo hacer un cartel que entienda un determinado sector de la población y la señora que tiene 80 años que está buscando su imagen de toda la vida, no la reconozca; o que un chaval con 12 años, que no tiene conocimiento de arte, mire aquello, y tampoco lo reconozca. Tiene que llegar a todo el mundo.

“En el momento que te tengo que explicar lo que un cartel simboliza, falla. A mí no me tienes porqué explicar nada. El cartel va en un escaparate y no tiene unas instrucciones de uso”

N.: Yo pienso que en el momento en que te tienen explicar un cartel, falla. Tú tienes que mirar un cartel y saber lo que te están anunciando. En el momento que te tengo que explicar lo que simboliza, falla. A mí no me tienes porqué explicar nada. El cartel va en un escaparate y no tiene unas instrucciones de uso. Últimamente, hay una tendencia destructiva, además por parte de algunos sectores, incluso compañeros, que se califican como modernos, y con “tendencias rompedoras” que desmerecen el trabajo de los que nos dedicamos a hacer un tipo de obra clásica.

Yo respeto, felicito y admiro cosas que no soy capaz de hacer. Es otra tendencia, otro estilo, que además es enriquecedor… Luego, cada hermandad o quien realice un encargo a ese tipo artista, lo hará porque sabe y conoce su obra, y busca ese tipo de resultado. Cada uno tiene un recorrido, un camino en el que se expresa de manera distinta. Pero es que últimamente estamos sufriendo una crítica, los que tenemos un estilo más figurativo, los que somos más clásicos, más barrocos, más sevillanos, por parte de algunos de nuestros propios compañeros.

“Hay quien dice que hay que superar este lenguaje, y yo digo que para superarlo primero hay que hacerlo”

C.: Es que yo siempre digo que alguien tendrá que hacerlo. Hay quien dice que hay que superar este lenguaje, y yo digo que para superarlo primero hay que hacerlo. Aquí se habla mucho de ir a algo más conceptual, a un mensaje más directo, pero digo yo, supera “lo anterior”, porque “lo anterior” da todavía muchísimo juego. La pintura de Raúl, la de Nuria, la que yo hago… utiliza un lenguaje figurativo con una expresión clásica, con unas combinaciones, con una composición, que es lo más importante.

En mucha cartelería actual que veo hay poco trabajo de composición, con el lema “menos es más”. Yo soy arquitecto y lo de menos es más lo llevo escuchando en la carrera desde primero. Pero frente a esa, hay otra tendencia que defiende que “less is a bored”, “menos es aburrido” como dijo el gran arquitecto Robert Venturi. Yo estoy más en esa segunda tendencia, menos es aburrido. Ahora bien, si vas a meter muchas cosas, trabájalo y mételo bien compuesto y con orden, con una composición y un equilibrio… y eso, es muy complicado.

Yo tengo carteles como ese de la Amargura que es la cabeza de la Virgen y las letras abajo. Lo hice para un particular y por eso, sí pude explorar un lenguaje más vanguardista, no contemporáneo, porque contemporáneo es todo lo que hacemos. Y respecto a lo que decía Nuria, acerca de que si te lo tienen que explicar, falla, claro que falla. Lo que hace Raúl, lo que hace Nuria, lo que hago yo, eso no te lo tiene que explicar nadie, si acaso te lo tienen que documentar, que es distinto… que te digan qué Virgen es la que sale, o qué palio o qué Cristo es ese, porque hay detrás una composición y un trabajo y una razón de ser de las cosas. Por ejemplo con la obra que he hecho de Catania Mariana, he documentado qué aparece, qué Inmaculada es la que se muestra, qué monte es el que aparece detrás, que es el Etna, qué golfo aparece…

Es un poco lo que decía Nuria. Cuando el cartel de la Semana Santa de Córdoba lo vean en Almería, habrá que contarle qué se le está mostrando, pero Córdoba lo va a saber. Está claro que ahora, con la tremenda globalización que hay, el cartel que hagas para Córdoba, como pasó el año pasado con el de Nuria, se difundirá por todas partes y se verá en todos sitios. No quedará circunscrito a Córdoba como antiguamente. Pero realmente su público es el de Córdoba, y el público de Córdoba va a saber perfectamente, con el cartel de César, lo que está viendo.

“Últimamente estamos sufriendo una crítica, los que somos más clásicos, más barrocos, más sevillanos, por parte de algunos de nuestros propios compañeros”

N.: Además Córdoba es muy agradecida en ese sentido. No desmerezco a Sevilla, pero la difusión y como presumió orgullosa Córdoba de su cartel de Semana Santa, eso no lo he visto yo en Sevilla. Es que allí ponen colgaduras en el Ayuntamiento, hacen carteles grandes para las paradas de autobuses…

C.: Ahora ya me está entrando miedo… (risas)

N.: No, no, yo sé perfectamente por dónde vas a ir y puedes estar tranquilo, porque vas a triunfar seguro. Lo que quiero decir, es que vas a disfrutar mucho, porque Córdoba va a saber agradecerte. Yo me quedo con la generosidad de Córdoba con el cartel de Semana Santa. Ya digo que no quiero desmerecer a ninguna ciudad, a ninguna localidad, pero Córdoba… como van a presumir y lo vas a ver por todos lados… y eso que es un cartel de una Semana Santa que es un periodo cortito.

“Yo me quedo con la generosidad de Córdoba”

C.: Lo entiendo perfectamente, porque ella y yo venimos de dónde venimos, del mismo sitio. Cuando llegas a otro sitio ves que aquello es distinto. Es más, eso mismo lo estoy viviendo en Málaga y también me he encontrado, como en Córdoba, a gente súper agradecida conmigo, encantados conmigo. Son Semanas Santas muy distintas, viniendo de dónde venimos.

Sí pero, dándoos la razón, no os llevéis a engaño. Aparte de que el cartel esté por todas partes, que eso se hace todos los años, presumir, lo que dice presumir, la gente de la calle presumió el año pasado.

C.: Eso lo noté cuando fue la presentación. A mí se me acercaba la gente para decirme que le había dado mucha alegría, porque conocían mi obra y mi pintura, y estaban seguros “de que lo vas a bordar, porque lo de Nuria el año pasado fue…”

Sí, pero reitero lo dicho. La gente presumió de su cartel el año pasado. No siempre ha ocurrido así. Y este año, la gente está muy orgullosa precisamente por lo que has dicho, porque conocen tu obra y saben lo que les puedes dar.

“… Por ahí van los tiros, y por ahí va a ir mi cartel…”

N.: Además tuvieron un cartel de primavera muy criticado, que ha dado mucho que hablar…

C.: Esas cosas influyen mucho en el diseño, en el sentido de que cada uno debe dejar su marca, pero sabiendo que el artista no es protagonista. El cartel debe ser reconocible como tuyo, ser coherente con lo que se está esperando de ti, porque precisamente te han elegido por tu trayectoria. Cuando me dicen, “es que el cuadro tuyo de la Semana Santa de Sevilla nos encantó”. Por tanto, sabes por dónde van los tiros. Están buscando una obra con una composición muy elaborada y muy trabajada y que haya que documentar mucho aunque a alguien de Córdoba no tengas que explicarle nada, porque el mensaje esté claro. Pero detrás debe haber metida una información bien compuesta y bien equilibrada que enriquezca muchísimo la obra. Por ahí van los tiros, y por ahí va a ir mi cartel.

N.: César va a hacer un gran cartel para Córdoba.

Estoy convencido. En cuanto supe la elección, me lleno de satisfacción.

C.: Yo me quedé… Yo ya tenía mi planning hecho de aquí a final de año y lo de Córdoba me ha roto absolutamente todos los esquemas. Pero bendito sea, porque de repente, me visto sin tiempo, restándole horas a mi familia. De lunes a domingo, lo mismo que le pasa a Nuria, encerrado en el estudio. Pero estas cosas pasan una vez en la vida. A estas cosas nunca le puedes decir que no, por muy agobiado que estés. Tienes que tirar “pa’lante” como sea. Y aquí es donde entra la experiencia que tienes para saber gestionar todo esto. Las horas por ahora, las tengo controladas. Cuando me agobie, ya llegarán las noches hasta las 4 de la mañana. Lo importante es la composición y ya está hecha.

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