El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Chovinismo exacerbado

Si hay un chovinismo próximo a la ignorancia ese es el cofradiero. Echar un vistazo atrás para ver que la Semana Santa de mi ciudad ha elevado el listón gracias a foráneos es algo que nadie podría negar. Y ahí están las obras de Montañés, Mesa, Astorga, o las partituras de Gámez Laserna o Pedro Morales. Por poner tan solo un ejemplo. Y si hablamos de pregones recientes, desde que se subiera Carlos Herrera al atril no se ha contemplado un pregón de tal nivel. Otros, en cambio, han contribuido a que la palabra “azahar” se repita como el ajo, flor precisamente originaria de Asia.

Cuando se anunció que Pasión de Linares iría tras el misterio del Carmen el bombazo fue tal que se convirtió en trendig topic. Nadie, a excepción de los compañeros del Foro Cofrade se hicieron eco. Curioso que pocos se hicieron eco, sobre todo ese medio acostumbrado a convertir en noticia cualquier asunto cofradiero que llega a ser tt. Tuvo que levantar ampollas el asunto entre conocidos y desconocidos. Montaría en cólera el periodista que convirtió el pregón en una actuación de Got Talent o su lacayo, que fantasea con ganar un Pulitzer y se erige como la versión masculina de Oriana Falacci. Intentan calar entre la opinión pública de manera sibilina, reptando cual serpiente que en silencio acecha. Afirman que hay bandas de buen nivel pero que eso no es lo importante en Semana Santa, una cuestión que todos sabemos pero que esconde detrás el deseo de que desaparezcan de aquí. ¿Serían capaces de emitir tal afirmación tratándose de una banda sevillana?

Como sevillano me avergüenza esta serie de personajes que se presentan como defensores de la Sevilla más rancia -cuando nadie los llama- y se echan las manos a la cabeza porque llegan bandas desde fuera, cuando la historia de la Semana Santa no se entendería sin los nombres que he mencionado al principio. Pero hay más. La ciudad mariana no lo sería sin sus grandes devociones. Antigua, llegada desde tierras leonesas, Hiniesta, desde castellanas, o Reyes, con rasgos que la sitúan dentro del gótico francés. Y la Esperanza, devoción traída por monjes basilios llegados de Jaén.

Inaudito que en la época del descubrimiento del Nuevo Mundo mi ciudad fuera más cosmopolita que más de quinientos años después. Un pensamiento amparado en el desconocimiento, probablemente anidado en mentes que no han salido más allá de los restos que quedan de la muralla que circuncidaba una de las urbes más importantes de aquel entonces. Por suerte no vivieron cuando Francisco Ruiz Gijón plasmó el último suspiro del Señor ni cuando Fernando III conquistó la mayor parte de Andalucía. Porque de haber estado abrían cerrado las puertas a cal y canto. Y, ¿qué me dicen del jerezano Laureano de Pina sin el que la platería del Barroco no alcanza la excelencia? ¿Y los retablos de Cayetano de Acosta?

Despreciar lo extranjero, considerarlo de baja estofa o simplemente aniquilar cualquier persona que venga de fuera -metafóricamente-. Y para ello se amparan en periodistas -¡algunos gracias a capital extranjero!-, historiadores, músicos… todo un engranaje dedicado a destruir en vez de apostar por la unión. Porque los siglos han demostrado que Sevilla se ha ido engrandeciendo y que nada ni nadie ha podido con ella. Muestran a los demás como portadores de una identidad que nada tiene que ver con la nuestra, cuando ellos roen los pilares de la ciudad como las ratas hacen con los marineros que quedan a la deriva en el barco.

Como sevillano me siento orgulloso de que vengan bandas de fuera a tocar a mi ciudad. Porque los nacionalismos y el pensamiento provinciano ya nos ha demostrado -y lo sigue haciendo- las marcas que dejan. Acojamos con el corazón todo lo bueno que llegue. Y que sea Dios, el mismo Dios en el que los que reman hacia otra dirección creen, el que nos juzgue.

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