Comerciantes de túnicas denuncian la competencia «desleal» de las hermandades y advierten de un escenario crítico para el sector

El equilibrio tradicional entre demanda y producción en el ámbito del hábito nazareno atraviesa una fase de profunda transformación tras el incremento de participantes en las estaciones de penitencia registrado en los últimos años. Sin embargo, este crecimiento no se ha traducido en un beneficio proporcional para los talleres y comercios especializados, cuyos responsables alertan de una pérdida progresiva de clientela en un contexto marcado por la competencia directa de las propias hermandades.

Un aumento de nazarenos que no se refleja en los comercios

La reactivación de la actividad cofrade tras la pandemia ha traído consigo un notable aumento en la demanda de túnicas, fenómeno que se ha producido de manera similar a otros ámbitos económicos. No obstante, esta tendencia alcista no ha sido absorbida por los establecimientos tradicionales.

Así lo expone José Ramón Martínez, responsable de un histórico comercio textil fundado en 1921 en el entorno de la Puerta de Carmona, quien subraya que, pese al crecimiento del número de penitentes, la realidad es otra: hay más nazarenos, pero menos clientes. Esta afirmación sintetiza una paradoja que define la situación actual del sector.

La irrupción de las hermandades como agentes comerciales

El núcleo del conflicto reside en la competencia ejercida por las propias corporaciones, ya sea de forma directa o a través de estructuras como las bolsas de caridad o las mayordomías. Estas, según denuncian los comerciantes, recurren a proveedores internacionales, presumiblemente en países como China o Marruecos, capaces de ofrecer productos a precios considerablemente inferiores, aunque —según matizan— con calidades distintas.

Este fenómeno ha derivado en una guerra de precios que impacta directamente en los talleres tradicionales, obligados a sostener su actividad en condiciones cada vez más adversas. Los profesionales reconocen que están soportando la situación con dificultad, lo que evidencia la fragilidad del tejido comercial.

El coste de la tradición: tipologías y materiales

El precio de las túnicas continúa siendo un factor determinante en la toma de decisiones de los cofrades. Este varía en función de la tipología —de cola o de capa— y del tejido empleado. Entre los materiales más representativos se encuentra el ruán, un algodón tratado mediante un proceso de apresto que le confiere un acabado hidrófugo, de apariencia encerada y brillante. Junto a este, destacan el terciopelo, el raso o la sarga, cada uno con características y costes diferenciados.

En términos económicos, una túnica puede situarse en torno a los 225 euros en su versión más básica, mientras que las confeccionadas en terciopelo alcanzan los 600 euros. Si se añade el conjunto completo —incluyendo escudos bordados, ya sea a mano o a máquina, y elementos como el cordón de seda y oro, cuyo coste ronda los 100 euros—, el precio final puede aproximarse a los 1.000 euros.

Complementos y evolución de los elementos tradicionales

Más allá de la túnica, estos establecimientos ofrecen un amplio catálogo de artículos indispensables para la estación de penitencia. Entre ellos se encuentran los cíngulos, cinturones de esparto —con hasta doce variantes según anchura y tonalidad—, sandalias, escudos y capirotes.

En este último caso, se observa una evolución significativa: junto a los tradicionales modelos de cartón, han ganado terreno los capirotes de rejilla, valorados por su mayor resistencia, ligereza y ergonomía, cualidades que han favorecido su progresiva implantación.

Calidad frente a inmediatez: la defensa del modelo artesanal

Frente a un panorama que los propios profesionales califican como altamente preocupante, los comerciantes reivindican su apuesta por la calidad y la durabilidad. La confección artesanal se presenta como un valor diferencial frente a la producción masiva, con prendas diseñadas para perdurar en el tiempo.

La elaboración de una túnica para un joven se concibe como una inversión a largo plazo, pensada para acompañarlo durante años, lo que pone de relieve una filosofía basada en la permanencia y el arraigo, en contraste con las dinámicas actuales del mercado.

Hacia una posible respuesta colectiva del sector

Ante la situación de confrontación con las hermandades, comienza a plantearse la creación de una asociación que aglutine a los comerciantes especializados, con el objetivo de defender intereses comunes y articular una respuesta conjunta.

Pese a las dificultades, desde el sector insisten en la cohesión interna entre los profesionales, quienes comparten costes similares en materia prima y mantienen relaciones cordiales. La problemática, por tanto, no reside en la competencia entre establecimientos, sino en un cambio estructural del mercado que redefine las reglas del juego en la economía cofrade.