Concluye la restauración de las pinturas de la capilla de la Vera-Cruz de la iglesia de San Agustín de Osuna

La Archidiócesis de Sevilla ha presentado la restauración de la capilla de la Vera+Cruz de Osuna, coincidiendo con la festividad de la Expectación de María.

La iglesia fue visitada el pasado sábado por varios miembros de la diócesis sevillana: Antonio Rodríguez Babío, Delegado de Patrimonio de la Archidiócesis de Sevilla; Miguel Ángel Arauz, Director General de Patrimonio Histórico y Documental; Antonio Jesús Rodríguez Báez, Vicario Episcopal de la Archidiócesis y párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Osuna; Jesús Galván, Vicepresidente del Consejo General de HH y CC de Osuna; y Patricio Rodríguez-Buzón, Director Conservador del Patronato de Arte de Osuna.

Una de las primeras capillas de la iglesia de San Agustín que se levantó fue la de Nuestra Señora de la O, actualmente de la hermandad de la Vera-Cruz, en 1602. Este dato lo revela una crónica Agustina de mediados del siglo XVII.

La capilla la heredó María de Sotomayor, con quien la adquirió su definitiva dimensión histórica. Un friso que recorre todo el ámbito mortuorio lo recuerda, con una inscripción que reza: “ESTA CAPILLA ES […] DOÑA MARIA DE ARANDA Y SOTOMAYOR Y PRE […] ARO […] RIA DE DIOS NUESTRO SEÑOR Y DE NUESTRA MADRE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPECTACION […] AÑO DE 1608”.

La imagen titular de la capilla era la de Nuestra Señora de la Expectación, también llamada Virgen de la O, que actualmente se encuentra en otro lugar del templo, Era, al decir de la crónica agustina, una “imagen muy hermosa y muy devota”, en la que “representase en sus entrañas al verbo eterno encarnado y esto tan al viuo que admira”.

En efecto se trata de una hermosísima talla policromada que destaca por el exquisito tratamiento de su delicado rostro. Su ejecución podría situarse a principios del siglo XVII, en aquellos años en los que la capilla tomó su fisonomía histórica.

El programa iconográfico del conjunto se completaba con las pinturas que cubren una buena parte de sus muros. La fecha que aparece en el friso podría marcar su ejecución pese a que pudo tener ulteriores añadidos.

Su programa iconográfico resulta sumamente sencillo. Se concibe como una auténtico reicario de aquella preciosa talla mariana que debió alojarse en un retablo dorado cuyo emplazamiento debió ser el testero frontal de la capilla, bajo los inevitables blasones familiares de los patronos. En el arco toral derecho nos encontramos con “Santiago en la Batalla de Clavijo” o “Santiago matamoros”. Aparece el “hijo del trueno” blandiendo una espada, impetuoso y turbulento, haciendo gala al apelativo que le pusiera Jesús.

En el testero de enfrente a la escena jacobea se representó a Santa Clara de Montefalco. En las pechinas se representaron a los cuatro Padres de la Iglesia latina: San Agustín y San Ambrosio, con vestiduras de obispo; San Jerónimo, con el capelo cardenalicio; y San Gregorio que, con ornamentos pontificios, cubre su cabeza con la tiara y empuña la cruz de triple travesaño.

Aparecen los cuatro exegetas en actitud escribiente, en referencia a la intelectualidad de sus figuras. En el nivel superior, la bóveda, en un entramado de arquitecturas fingidas separadas por pilastras con grutescos, se refuerza el sentido teológico con los cuatro pilares de la Iglesia Católica, encarnados por los Evangelistas.

Entre las pilastras destacan las cartelas en cuyo interior un séquito de angelotes entona un cántico a la Virgen, trascrito en una de ellas, donde se puede leer: “Laudate dome”. Sobre los cuatro apóstoles encontramos otros tantos tondos en los que se alojan imágenes femeninas: Santa Lucia, con los ojos depositados sobre una bandeja, según la leyenda de su oblación; Santa Rita, Santa Inés, Santa Clara de Montefalco y Santa Clara de Asís. Finalmente, remata la clave de la bóveda el Espíritu Santo.

Las pinturas tienen un carácter excepcional, como puso en evidencia el profesor de la Universidad Pablo de Olavides de Sevilla, Don Fernando Quiles, en su artículo “Un excepcional conjunto pictórico en San Agustín de Osuna dedicado a la Virgen de la Expectación (1608)” [Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, n.º 11 (2009)], pp. 70-72.

Según el estudio podría tratarse de un artista afincado en Sevilla con una profunda formación italiana.


El conjunto de pinturas fue restaurado por el Patronato de Arte, los Amigos de los Museos y la Hermandad de la Vera-Cruz a principios de este siglo. Entonces quedaron por restaurar el intradós y las jambas de uno de los arcos de tránsito de la capilla, ya que se encontraba cubierto parcialmente por un retablo, de escaso mérito, que fue instalado en 1945. Todas ellas han sido restauradas por Don Carlos Javier Sánchez Távora, autor de la primera restauración.

Tras su intervención se han podido recuperar las imágenes de San Bernardino de Siena, San Francisco de Paula y Santo Domingo de Guzmán. Con ello se ha puesto en valor todo el conjunto, lo que confiere al espacio un carácter muy próximo al original, tal y como fue concebido en las primeras décadas del siglo XVII.