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Contigo llegó la luz, Candelaria

«Hágase en mí según tu palabra». Es posiblemente una de las frases y pasajes más recordados y proclamados de las Santas Escrituras. Pero también son el conjunto de letras que cambiaron el mundo para siempre.

María, una joven aparentemente normal y corriente de la población de Nazaret se convirtió en un día como otro, y posiblemente en su cotidianidad diaria, en el ser más importante de la Tierra durante los siguientes 9 meses. Simplemente por decir «sí», por dar el fiat o en este caso el «hágase».

La Virgen aceptó el mandato divino de convertirse en la Madre de Dios hecho hombre, y desde ese momento germinó la esperanza de toda la humanidad, alumbrando cada átomo del firmamento.

Han pasado más dos mil años de aquel instante, pero su eco permanece fijo y perenne como un potente faro que ilumina la más absoluta oscuridad.

Aquella María de Nazareth sigue cobijando hoy los anhelos de cada cristiano, y, cómo no, también de cada sevillano como ciudad Mariana que es.

Y por esto, tenía que ser ella la primera que saliera a las calles de la Jerusalén andaluza bajo palio tras dos años de sombras y lamentos. Tenías que ser tú, Candelaria. Porque tu nombre lo dice todo. Cada letra guarda un trozo de evangelio, un mar de caridad, un río de esperanza y un haz resplandeciente marca el camino directo al Señor.

Saldrás, Señora de San Nicolás, con tu paso elegante y firme acariciando el reloj de las emocionantes. Vendrás, Madre piadosa, como una paloma de los jardines, surcando el cielo de una Sevilla renovada, vibrante y gozosa.

Serás tú, Candelaria, dama de noche revestida de plata, la que alimente los sueños de la ciudad y desate las ilusiones de los corazones desgastados por el peso de la cruz, de las pesadas cruces que portamos cada día.

Y serás en definitiva, ramillete en añil peticiones centenarias, la luz del mundo y de los sevillanos, como ya ocurriera en la Anunciación.

Tú, Candelaria, dirás «hágase» a tus devotos de la parroquia, a los enfermos, a los pobres, a los niños, a los atribulados. A todos. Porque eres la llama viva del amor de Dios, el sagrario carnal que cobijó al Salvador y la perla más brillante del firmamento.

Contigo llegó la luz, Candelaria. Y mañana, a estas horas, volverás a iluminar a Sevilla entera en una salida histórica que dejará una huella imborrable para siempre.

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