Crónica | El sueño de los Magos de Oriente colapsó el centro de Sevilla

Miles de personas arroparon la cabalgata en el cambio de día

Había ganas, nervios y mucha ilusión en esta tarde entrañable. Cierto es que el cielo no acompañaba, pero la Cabalgata desafío a los nubarrones saliendo del Rectorado a las cuatro y trece minutos de la tarde.

Era una cita histórica, y el ambiente de euforia lo confirmaba. Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente anticipaban por primera vez en 107 años su paseo por la capital del Guadalquivir.

Siendo una ocasión tan especial no han faltado las sorpresas, desde la simpática Estrella de la Ilusión, al festivo repertorio de las bandas de música o la pedida de mano del Gran Visir a su novia subidos a la carroza y delante de cientos de espectadores.

Y cómo no, ha habido guiños cofrades a borbotones. La primera llegaba de la mano de la Carroza del Nacimiento, dedicada a las dos fachadas de la Iglesia de San Juan de la Palma en el trescientos aniversario de la llegada al templo de la Hermandad de la Amargura. La segunda, con el Rey Melchor, encarnado por el médico Fernando De la Portilla, quien apareció ataviado con una elegante túnica verde, el color corporativo de su Hermandad de Vera Cruz. Y la tercera llegaba en forma de colgadura con el escudo de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, la cual apareció en varios puntos del recorrido sobre la carroza del Rey Baltasar.

Estos detalles llamaron la atención junto a las iconografías de cada uno de los tronos, donde no faltaron Egipto, la Atlántida, Cenicienta, el Mago de la Fantasía, Lipasam, Zipi y Zape o Mortaledo y Filemón.

La comitiva desfiló a un ritmo bastante acelerado, enfilando toda la Ronda hasta la Basílica de la Macarena para continuar hacia la Campana por la calle Feria y la Alameda.

Uno de los puntos más efusivos con la llegada de los magos fue la Plaza del Duque, donde se produjo una lluvia de globos y hasta una nevada gracias a los propios vecinos del barrio.

Nada hacía presagiar la molesta llovizna convertida en aguacero durante unos minutos entre las ocho y las nueve de la noche, lo que provocó el aumento de velocidad de las diferentes carrozas.

Afortunadamente la lluvia cesó, y los Reyes recibieron un baño de masas en la calle Asunción, el último enclave destacado antes de la entrada a las diez y siete minutos.

Tras su estela, un reguero de caramelos en el suelo y la felicidad de haber acompañado a sus Majestades en el paseo triunfal por Sevilla.