Resulta una obviedad que la Cuaresma ha estallado con todo su esplendor por los rincones de toda la ciudad de Córdoba, multiplicándose los acontecimientos que se suceden, sin solución de continuidad, revelando miles de imágenes para el recuerdo que hacen latir aceleradamente los corazones y elevar el espíritu en la búsqueda de la necesaria preparación para lo que ha de acontecer.
Desde la periferia como la Fuensanta, Cañero, la Huerta de la Reina o San Antonio de Padua, al mismísimo corazón de la Córdoba más ancestral, y así lo ha atestiguado el incesante peregrinar de nuestro compañero Antonio Poyato, se reproducen las emotivas escenas en las que los devotos acuden a la llamada para derramar sus emociones a los pies del Hijo de Dios.
Redención, Coronación, Bondad, Afligidos, Nazareno, Huerto, Caído… advocaciones eternas, más allá del tiempo en el que las imágenes lleven ocupando un lugar de privilegio en nuestros respectivos alteres de cabecera, que son reflejo del particular modo, personal e intransferible, que tiene el cofrade para relacionarse con la divinidad y. al mismo tiempo, convertirse en salvaguarda perpetua de las tradiciones heredadas de modo que continúen transmitiéndose de generación en generación por obra y gracia de nuestra íntima idiosincrasia.





