Crónica | Jesús Fernández ya es obispo de Córdoba: una jornada histórica para la diócesis

La diócesis de Córdoba ha vivido este sábado una jornada histórica con la solemne toma de posesión de monseñor Jesús Fernández González como nuevo obispo. El emotivo acto, que ha tenido como epicentro la Santa Iglesia Catedral, ha congregado a una nutrida representación del episcopado andaluz, del clero cordobés y de numerosos fieles que han abarrotado el primer templo diocesano para acompañar a su nuevo pastor. El nuevo prelado se ha convertido en el octogésimo segundo titular de la sede episcopal de Córdoba desde que Lope de Fitero la restaurara en el siglo XIII, inscribiendo así su nombre en una larga tradición de pastores al frente de la diócesis.

El solemne acto ha contado con la presencia de treinta y cuatro obispos procedentes de distintas diócesis de toda España, así como con la representación oficial de la Nunciatura Apostólica, reforzando el carácter colegial y universal de la Iglesia en este acontecimiento.

Recepción y juramento de fidelidad

La jornada ha comenzado con la salida del obispo electo desde el Seminario Mayor San Pelagio. A su llegada a la Puerta del Perdón, ha sido recibido por el arzobispo metropolitano, monseñor José Ángel Saiz Meneses, y una comitiva formada por el Colegio de Consultores y miembros del Cabildo Catedralicio. Acto seguido, ha prestado juramento de fidelidad en el umbral del templo, siguiendo la normativa canónica vigente.

Desde allí, monseñor Fernández ha accedido por la Puerta de las Palmas y se ha dirigido a la Capilla de la Inmaculada, donde ha realizado una íntima adoración al Santísimo Sacramento. La ceremonia ha proseguido con la solemne misa estacional, iniciada tras la tradicional procesión litúrgica desde la sacristía hasta el altar mayor.

La cátedra, símbolo del nuevo pastoreo

El momento culminante se ha vivido cuando el arzobispo de Sevilla ha entregado al nuevo obispo la cátedra episcopal, signo visible de su autoridad y magisterio. Con este gesto, Jesús Fernández González ha quedado canónicamente instituido como obispo de Córdoba, mientras su antecesor, Demetrio Fernández González, ha pasado oficialmente a ostentar el título de obispo emérito.

Presencia institucional y social

El acto ha contado además con una destacada representación del ámbito político e institucional, encabezada por el alcalde de Córdoba, José María Bellido, y el presidente del Parlamento de Andalucía, Jesús Aguirre. Han estado presentes también representaciones políticas del Ayuntamiento, como el portavoz del Partido Socialista, Antonio Hurtado, y el diputado nacional de Vox, José Ramírez del Río. Junto a ellos, han asistido diversas autoridades civiles y representantes de entidades sociales y religiosas, entre los que ha destacado la presencia del presidente de la Agrupación de Cofradías de Córdoba, Manuel Murillo, en señal de la profunda vinculación entre la Iglesia local y el movimiento cofrade.

Un discurso cargado de comunión eclesial

En su alocución, el nuevo obispo ha delineado las líneas pastorales que marcarán su episcopado, articuladas en torno a tres pilares esenciales: una Iglesia sinodal, en la que todos los fieles caminen juntos; una Iglesia ministerial, que valore todos los carismas al servicio del Pueblo de Dios; y una Iglesia en constante misión, capaz de responder con creatividad a los desafíos del presente.

Jesús Fernández ha tenido también sucintas palabras de reconocimiento a las Hermandades y Cofradías, subrayando su papel como columna vertebral del catolicismo popular cordobés. También el obispo emérito, Demetrio Fernández, que le ha dicho a su sucesor que «Córdoba es una diócesis especialmente bendecida por Dios«, ha manifestado su estima por las cofradias, pilares del tejido espiritual y cultural de la diócesis.

Un firme compromiso pastoral y social

En su homilía, Jesús Fernández González desgranó las líneas maestras que marcarán su gobierno pastoral al frente de la diócesis cordobesa. Con un tono sereno pero firme, expresó su voluntad de ser un pastor entregado, profundamente vinculado a sus sacerdotes, abierto al discernimiento común y comprometido con los grandes desafíos sociales y eclesiales de nuestro tiempo.

«Tengo que reclamar que soy el servidor de todos. Expropiado de mí mismo, me comprometo a hacer todo para todos. Este es mi deber y esta será también mi gloria», proclamó, dejando entrever una clara vocación de entrega total. No tardó en subrayar que no está solo en esta tarea: «Cuento con la colaboración inmediata y entregada de los sacerdotes, sin los que el obispo nada será, nada podrá», afirmó, recordando el carácter colegial del ministerio episcopal.

En su primera intervención pública como obispo de Córdoba, manifestó su intención de promover una dinámica sinodal en la vida diocesana: «Espero la colaboración tanto en el discernimiento como en la toma de decisiones en el modo en que la propia Iglesia contempla», dijo, en referencia al camino de comunión y corresponsabilidad que pide el Papa.

Tuvo también palabras para quienes han consagrado su vida a la contemplación, particularmente en la comunidad de religiosas y religiosos presentes en la diócesis, como la de Hinojosa del Duque. «Con su vida dedicada a Dios y con su oración, nos ayudarán a caminar libres hacia la meta soñada, el tesoro por el que merece la pena dejarlo todo», señaló con gratitud y admiración hacia estas vocaciones silenciosas pero esenciales.

En uno de los momentos más vibrantes de la homilía, abordó la dimensión misionera de la Iglesia, recordando que esta no puede replegarse sobre sí misma. «El anuncio del Evangelio a los que están alejados es la tarea primordial de la Iglesia», recordó, citando a San Juan Pablo II. E insistió en la llamada constante del Papa Francisco a vivir en estado de misión: «No vale permanecer encerrados entre las cuatro paredes del templo», sentenció. «Al igual que los discípulos de primera hora con la llegada del Espíritu Santo salieron a proclamar el Evangelio de Jesucristo a los cuatro vientos, nosotros estamos llamados también a hacer resonar la buena noticia en todos los rincones de la tierra», añadió con tono profético.

No pasó por alto la importancia del laicado en la evangelización contemporánea, particularmente en un contexto de escasez vocacional que, aunque no afecta del mismo modo a Córdoba, requiere atención. «De forma asociada a través de las numerosas instituciones eclesiales de nuestra Diócesis o de forma individual», señaló, los fieles están llamados a actuar como fermento del Evangelio en el corazón del mundo.

«Cumplidores de vuestros deberes cívicos y religiosos, trabajad a favor de derechos humanos básicos como el derecho a la vida, el trabajo digno, a la vivienda, a la libertad religiosa y a la educación de vuestros hijos de acuerdo con vuestras propias condiciones», exhortó, en un llamado a integrar fe y compromiso público. Y agregó: «Vivid también la caridad en la función pública a través de un modo justo de gobernar que atienda al bien común, favoreciendo una cultura del diálogo y del encuentro y el cuidado del medio ambiente».

En esta misma clave social, remarcó la opción preferencial por los más vulnerables: «Para todo lo que tenga que ver con el bien común, podéis contar siempre con el apoyo de nuestra Iglesia», concluyó, reafirmando su voluntad de construir una Iglesia cercana, atenta al dolor y abierta a las periferias.

También tuvo palabras de fuerte calado evangélico al hablar del papel transformador de la fe en la vida social. «El Evangelio es una herramienta social con un compromiso decidido por la justicia, la paz y la promoción humana», afirmó, presentando el mensaje cristiano no como una teoría abstracta, sino como una fuerza activa en la edificación de una sociedad más justa y fraterna.

En este sentido, profundizó en el sentido del amor cristiano como raíz de toda acción eclesial auténtica: «No es un amor cualquiera, sino que es anuncio de la buena nueva y perdón, y sobre todo ofrenda de su propia vida. Sólo ese amor divino, acogido como don en la eucaristía, podrá capacitarnos para un amor desinteresado capaz de dar la vida por los hermanos», expresó, haciendo referencia al sacrificio redentor de Cristo como modelo de entrega.

En esa misma línea, destacó cómo la actitud de Jesús sigue siendo paradigma para toda la Iglesia: «Siempre se mostró misericordioso con los enfermos y pobres, con los pequeños y pecadores, y se hizo cercano a los oprimidos y afligidos», señaló, subrayando la centralidad de la compasión y la cercanía en el corazón del mensaje evangélico.

En el marco de su intervención, Jesús Fernández subrayó el sentido profundo del Año Jubilar que se vive en la Iglesia universal, recordando las palabras del pontífice: “En el contexto de este año jubilar, el Papa Francisco nos recordaba que somos peregrinos de la esperanza”. Este itinerario espiritual, dijo, implica una disposición constante al encuentro y a la renovación interior.

Igualmente, defendió que “evangelizar es vivir y anunciar el amor de Dios, su providencia amorosa, la esperanza que se alimenta de la fe en Él”, pero también conllevaba un compromiso concreto con los más vulnerables: “es también poner los medios para devolver la dignidad propia de los hijos de Dios a aquellos que la han perdido, víctimas de la escasez de medios materiales, con relaciones sociales deterioradas o rotas, faltos de cultura y libertad, esclavizados por el vicio y el pecado”.

Subrayando la dimensión espiritual del seguimiento cristiano, insistió en que “el discípulo de Jesús ha de permanecer unido al Maestro… el sarmiento separado de la vid muere y sólo vale para alimentar el fuego”, una advertencia que alude a la necesidad de mantener viva la comunión con Cristo.

El nuevo obispo reafirmó su adhesión al camino de corresponsabilidad eclesial promovido por el Papa: “Me uno al proyecto de una Iglesia sinodal”, abierta al discernimiento comunitario y al diálogo fraterno como forma de gobierno y de misión.

Asimismo, reiteró el llamado a una Iglesia misionera y en salida: “No vale permanecer encerrados entre las cuatro paredes del templo”, exhortando a los fieles a hacer visible el Evangelio en todos los rincones de la sociedad.

Por último, apeló a un compromiso concreto con la justicia social: “Trabajad a favor del derecho a la vida, al trabajo digno, a la libertad religiosa… Vivid también la caridad en la función pública… y apoyad a los pobres, los frágiles y los excluidos”, trazando así una hoja de ruta pastoral centrada en la dignidad humana y el bien común.

La ceremonia concluyó con unas palabras de acción de gracias en las que no pudo ocultar la emoción. «Gracias a Dios por el bien que me ha hecho y el perdón que me ha ofrecido», confesó ante los asistentes. Recordó también con gratitud el hecho de haber sido elegido por el Papa Francisco y presentado por el actual pontífice, León XIV. «Alguien me ha dicho que me da galones por ser nombrado por dos papas», dijo entre sonrisas, antes de impartir la bendición final y recibir un afectuoso y prolongado aplauso.

Invocación mariana y comunión con Roma

Como colofón a su mensaje, el nuevo prelado ha invocado a la Virgen de la Fuensanta, patrona de Córdoba, y a todas las advocaciones marianas del territorio diocesano, dedicando un especial recuerdo a María Auxiliadora, cuya festividad se celebra este 24 de mayo.

Asimismo, ha expresado su adhesión plena al ministerio del Papa Francisco y ha mostrado su satisfacción y esperanza por el nuevo pontificado recién iniciado por Su Santidad León XIV, destacando la continuidad evangélica y la apertura pastoral que define esta nueva etapa para la Iglesia universal.

Durante el momento de la acción de gracias, en el que se ha mostrado especialmente cercano, despojado del corsé que impone el protocolo de la ceremonia, el nuevo obispo ha interrumpido sus palabras visiblemente emocionado. Este instante de hondura espiritual ha sido respondido con una sonora ovación por parte de los fieles asistentes, que han querido testimoniar así su afecto y adhesión al nuevo pastor de la diócesis.

Con esta celebración, la diócesis de Córdoba abre una nueva etapa bajo el pastoreo de Jesús Fernández, marcada por la esperanza, el diálogo y la renovación eclesial.

Trayectoria y perfil pastoral del nuevo obispo de Córdoba

Monseñor Jesús Fernández González ha desarrollado una intensa y dilatada labor pastoral, académica y eclesial que lo sitúa como una de las voces más comprometidas del episcopado español. Su andadura comenzó en el Seminario Menor San Isidoro, donde cursó Humanidades y Latín, y continuó en el Instituto Padre Isla de León, donde culminó su formación preuniversitaria. Posteriormente ingresó en el Seminario Mayor San Froilán, centro en el que concluyó sus estudios de Filosofía y Teología, y en el que años más tarde ejercerá como formador.

Su formación académica se enriqueció con una Licenciatura en Filosofía en la Universidad Pontificia de Salamanca (1990–1992), donde también llevó a cabo los cursos de Doctorado. Desde los inicios de su ministerio, mostró una vocación especial por la enseñanza y el acompañamiento formativo, desarrollando su labor como docente en el Centro Superior de Estudios Teológicos durante más de dos décadas, y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, hasta el año 2013.

Entre 1997 y 2003 fue párroco en la localidad leonesa de Cuadros, compatibilizando esta misión con su presencia en el equipo formativo del Seminario. Poco después, el entonces obispo de León le encomendó responsabilidades de gobierno: primero como Vicario Episcopal de Pastoral y del Clero (2003–2010), y más adelante como Vicario General, hasta su nombramiento episcopal.

El papa Francisco lo designó obispo auxiliar de Santiago de Compostela el 10 de diciembre de 2013. Fue ordenado el 8 de febrero de 2014 en la Catedral compostelana por monseñor Julián Barrio. Su segundo destino episcopal llegó en junio de 2020, cuando fue nombrado obispo de Astorga, diócesis en la que adoptó como lema “Evangelizare pauperibus” (“Evangelizar a los pobres”).

El 27 de marzo de 2025, el Santo Padre volvió a confiarle un nuevo encargo: el pastoreo de la Diócesis de Córdoba, convirtiéndose en el octogésimo segundo obispo que ocupa su histórica cátedra, restaurada en el siglo XIII por Lope de Fitero.

Compromiso eclesial en la Conferencia Episcopal

Desde 2023, monseñor Fernández preside la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la Promoción Humana, órgano que aglutina las antiguas comisiones de Pastoral Social y Migraciones. Esta responsabilidad le ha permitido reforzar su implicación con las realidades sociales más vulnerables y con el acercamiento entre Iglesia y sociedad civil. Además, ha estado al frente de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, y ha acompañado desde 2017 la labor de Cáritas Española, siendo su referente espiritual e institucional.

Su itinerario eclesial también incluye su participación en las áreas de Justicia y Paz y Pastoral de la Salud, así como su inclusión en diversos equipos de reflexión para la formación del clero y la acción pastoral.

Dimensión formativa, editorial y pastoral

Autor del libro “Vivir de la eucaristía: las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero” (PPC, 2012), monseñor Fernández ha publicado además numerosos artículos especializados sobre filosofía, espiritualidad sacerdotal y acción pastoral. Su experiencia como predicador le ha llevado a impartir retiros, ejercicios espirituales y conferencias en múltiples diócesis de España.

De su época como sacerdote se recuerdan también numerosas iniciativas pastorales con jóvenes, pascuas, campamentos, y su compromiso como capellán del equipo de fútbol Cultural y Deportiva Leonesa, donde jugó en su juventud. Fue director del periódico diocesano “Iglesia en León” y ejerció como capellán de la Adoración Nocturna en la basílica de San Isidoro.