Cruz de guía, Jaén, Opinión

Cruz de Guía | Cap. 1: Revolución pictórica

Este es el primer capítulo del que quiero que sea una travesía de ideas que aboguen por la renovación necesaria de la Semana Santa de Linares, su necesaria adaptación a la época en la que transita y la esencial labor de reenganchar a las personas a las hermandades y cofradías. Un camino que no solo descubrirá los puntos débiles, sino también los fuertes de la ciudad que vio nacer al padre del estilo de cornetas y tambores, que fue cuna de las cuadrillas de costaleros en la provincia y que posee un tesoro musical inigualable.

La cartelería cofrade prolifera por doquier y las principales ciudades de Andalucía ya han visto anunciadas sus Semanas Santas para agrado de sus habitantes ante la inminente llegada de la cuaresma. Es más, el imperioso crecimiento en popularidad de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) ha sido uno de los causantes de la prematuridad en las presentaciones de las obras anunciadoras de la Semana de Pasión, la cual contribuye a la diseminación de esta fiesta, a la vez que se pone en valor la relevancia de esta genuina tradición en el sur de España.

Pues bien, en este cruz de guía se avecinan tormentas sobre algunas entidades agrupacionales y, en concreto, la de mi ciudad, Linares.

Para comenzar, no es necesario decir que de cara a arreglar los platos rotos el dinero es necesario, pero las ganas también. Y es que buscar culpables fuera de los entes que aglutinan a hermandades y cofradías es una labor estéril y más aún cuando esa institución carece de total presencia en la vida diaria de la ciudad.

La necesidad de una revolución es imperativa. No solo apelando a la culminación de la destartalada «Carrera Oficial» que posee la ciudad, cuyo proyecto quedó enfrascado en un lóbrego camino entre Pinto y Valdemoro, vete tú a saber donde estará el papel, sino también por la necesidad de evolucionar hacia la promoción y difusión de una de las Semanas Santas más importantes de la provincia de Jaén.

Para ello, debemos atajar, en primera instancia y en opinión de quién les escribe, la problemática referida a la dilación en la presentación del cartel oficial de la Semana de Pasión, cuyo organismo productor no es otro que la misma Agrupación. La necesidad de llevar a cabo esa aceleración en el desvelamiento de la obra anunciadora incumbe a estos tiempos en los que las redes sociales actúan como garantes de la llamada al turismo. Y es que buscar métodos de promoción debería ser una tarea ineludible no solo para la entidad, sino también para el consistorio municipal, y eso abre las puertas al imperioso menester de volver a la feria más importante de España de la mano de la tradición más popular de la ciudad, como ya ocurriera en una ocasión.

Pero no solo de ferias va el asunto, y el repetitivo refrán de que «nadie es profeta en su tierra» debería redundar en la cabeza de los que componen las altas esferas de la sociedad linarense. Esto no viene a cuento de nada, sino de la exigencia de atraer, de nuevo, a las poblaciones de la comarca a la participación en nuestra Semana de Pasión, una asignatura pendiente que podría acabar con la falta de costaleros y nazarenos en algunas hermandades de la que siempre nos quejamos. Una ingeniosa campaña de publicidad podría suponer un revulsivo para la Semana Santa de nuestra ciudad y el aumento de la nómina de hermanos de nuestras cofradías. Marquesinas, carteles en las entradas de pueblos y ciudades colindantes, como en pueblos de Castilla y otras comunidades llevan a cabo, así como lonas, podrían ser un buen aliciente de cara reinstituir la peregrinación hacia la ciudad en un momento delicado de la misma. A parte de la necesidad de aumentar la participación en redes sociales y una valiente apuesta por el activo tecnológico para el avance de nuestra Semana Santa.

Regresando al tema del cartel, otra materia pendiente que, a mi juicio, tiene desde hace años la entidad agrupacional, concierne al formato de la elección del cartel. Y es que el concurso anual quizá esté pidiendo a gritos una jubilación y, ahora que estamos con la adaptación de las leyes del país a la normativa europea, una adecuación al reflejo que de otras ciudades adquirimos en otros ámbitos, como la manera de portar los pasos o el barroquismo empleado en los mismos, sea, también, factible en el área pictográfica. Con ello no estoy diciendo que el formato tenga que realzar a los artistas foráneos frente a los locales, sino conceder un soplo de aire fresco a la pinacoteca de la agrupación con la entrada de artistas aclamados en toda nuestra región andaluza, un hito que podría proporcionar un modelo híbrido en la técnica de ejecución del cartel que, en ocasiones, contemple una pintura y en otras una producción fotográfica. Una forma no solo de promocionar, sino, también, de incentivar el gusanillo artístico en una ciudad de grandes y reconocidos talentos.

La adaptación a los nuevos tiempos es una necesaria labor que en la ciudad de Linares debe ser consagrada de cara a volver a reenganchar a la masa social a la Semana Santa, por ello es imperativo que todos aportemos nuestro granito de arena para mejorarla y adaptarla a los tiempos que corren y a la eclesialidad.