Cruz de guía | Las hermandades deben de abrir paso al relevo generacional a través de la inclusión de los jóvenes y la llamada «Misión Digital»

Frente al diagnóstico que augura una brecha entre la juventud y la Iglesia, las hermandades de la provincia de Jaén están demostrando que el fervor popular no solo sigue vivo, sino que se reinventa. El secreto: sustituir la contemplación pasiva por la participación activa, abarcando desde las redes sociales hasta la labor artesanal de los propios jóvenes.

Durante años, la gran preocupación de los cabildos de oficiales ha sido cómo conectar con las nuevas generaciones. Sentar a un joven de quince años en un banco de templo a escuchar un acto de dos horas, sin más estímulo que la contemplación distante, se ha revelado como una fórmula obsoleta frente al ritmo impositivo de la sociedad del hiperconsumo audiovisual. Sin embargo, las cofradías han encontrado la clave en su propia esencia que no es otra que hacerlos partícipes directos y darles responsabilidad real.

El ejemplo más reciente de esta transformación se ha vivido en la preparación de la Coronación Canónica Pontificia de Santa María del Alcázar en Baeza. La Archicofradía no solo creó un grupo de más de 60 voluntarios jóvenes para gestionar la logística del evento o atender a las miles de personas congregadas en el Paseo de la Constitución, sino que encauzó su energía en la preparación estética del pueblo.

Un esquema similar se aprecia en Linares con el grupo joven de la Asociación María Auxiliadora, cuyo arraigo refrenda un sinfín de proyectos activos que acotan aspectos patrimoniales, formativos y organizativos.

El segundo gran pilar de este relevo generacional reside en el lenguaje. La llamada «Misión Digital» impulsada en los procesos de coronación y en los aniversarios de la provincia marca el camino de la comunicación cofrade moderna. Proyectos como Coronación 2.0, pódcasts en formato pildorado, retos semanales y testimonios breves adaptados a redes sociales como Instagram o TikTok no son mero «marketing cofrade», sino herramientas de catequesis en el terreno donde habitan las nuevas generaciones.

El éxito de esta integración pasa por un equilibrio delicado que combine la capacidad de trabajo de un grupo de jóvenes con un reconocimiento real por parte de la juntas de gobiernos.