Cruz de guía | Yo con Antonio

Ha hecho falta que alguien hable claro, sin rodeos y con la contundencia de quien conoce la realidad diaria de nuestras cofradías, para ponerle nombre y apellidos al último despropósito que amenaza con esquilmar el patrimonio de las hermandades. Las declaraciones de Antonio González, presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva, cuestionando de lleno el pretenso cobro del 7 % por parte de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) sobre las composiciones musicales en la calle, no son solo una postura valiente: son el sentir unánime de un colectivo cansado de ejercer de caja de ahorros para el afán recaudatorio de terceros.

«Yo desde luego no pagaba». En cuatro palabras, Antonio González ha sintetizado en El Llamador, la única respuesta lógica, firme y digna que el orbe cofrade debe dar ante esta embestida burocrática.

Resulta sangrante que mientras las hermandades hacen milagros financieros para hacer frente a la subida de la cera, la orfebrería, el bordado y los cachés de las formaciones musicales, aparezca la SGAE extendiendo la mano para reclamar su tajada. Pretender fiscalizar los acordes. Y es que cuando un autor realiza una composición se le paga. ¿O es que acaso tendríamos que cobrarle un canon por usar nomenclaturas referentes a Imágenes Titulares?.

¿De dónde sale este 7%? ¿Quién lo mide? ¿Cómo van a aplicar el seguimiento de qué marchas se tocan en las incontables salidas procesionales de la Semana Santa de España?. Son algunas de las cuestiones que aún la SGAE no ha resuelto ni se atisba una celeridad imperiosa en hacerlo

Si los estamentos que rigen el mundo cofrade agachan la cabeza y aceptan pasar por la vicaría de la SGAE, el daño colateral será devastador. Las corporaciones, sobre todo en las ciudades medias y en las hermandades de presupuesto humilde, se verán abocadas a arrinconar las composiciones actuales y refugiarse en el repertorio clásico de dominio público para evitar sanciones. Quienes terminarán perdiendo, por la codicia de unos pocos administradores de derechos, serán los propios compositores contemporáneos y la riqueza musical de nuestras procesiones.

Hay que aplaudir la rotundidad del presidente del Consejo de Huelva. Hace falta más firmeza y menos tibieza en los despachos cofrades. Frente al afán fiscalizador, la respuesta de las hermandades de Jaén, Córdoba, Huelva y de toda Andalucía debe ser una y solo una: plantarse, cerrar el monedero y defender la dignidad de lo que es de todos.