Se agotan los últimos suspiros del periodo estival por la ribera de nuestros recuerdos. Pensamientos que paulatinamente comienzan a preñarse de nuevos instantes vividos lejos de la orilla del mar de Andalucía. Mientras, nuestra cotidianidad se precipita inmisericorde en nuestras entrañas que comienzan a impregnarse de ese maravilloso aroma a incienso que ya no nos abandonará hasta que mayo vuelva a alejarse por el horizonte.
Entre el marasmo que inevitablemente se instala en nuestra respiración cuando septiembre se abre hueco en nuestras vidas, es la Hermandad de Villaviciosa cada año la que logra sacarnos del desasosiego para sumergirnos en una fascinante mezcolanza de sensaciones que acompañan siempre el devenir de una corporación que derrocha elegancia por todos los poros de su idiosincrasia.
A las siete de la tarde, con estricta puntualidad, Nuestra Señora de Villaviciosa, a hombros de la cuadrilla dirigida con la habitual maestría por el capataz Fernando Chiachio, avanzó por la nave central del templo fernandino a los sones de «Ntra. Sra. de Villaviciosa» de Pedro Braña, para atravesar posteriormente el cancel de la iglesia y comenzar su procesión. Sonidos autóctonos e inconfundibles para la Virgen por obra y gracia de la siempre brillante Banda de Música de María Santísima de la Esperanza, que nunca decepciona y que ha interpretado un selecto repertorio que ha merecido el beneplácito del público asistente.
Una espectacular salida al corazón de la Plaza de San Lorenzo, donde aguardaba un público considerable, al compás de «Villaviciosa», «Hágase en mí» y «Dominus Tecum», sentaron las bases de una nueva conjunción perfecta que es una constante entre la excelente banda y la experta cuadrilla de Villaviciosa cada mes de septiembre. Especialmente intensa ha sido la visita de la Virgen a la Iglesia de Jesús Nazareno donde ha saludado al Hijo de Dios y ha devuelto la visita que hace tan sólo unas horas efectuase María Santísima Nazarena al templo fernandino en el que habita la Virgen de Villaviciosa.
El cortejo ha recorrido un itinerario que se ha desarrollado por las calles Santa María de Gracia, Virgen de Villaviciosa, Buen Suceso, Jesús Nazareno, donde se ha celebrado una emotiva Estación ante el Beato Cristobal de Santa Catalina, San Agustín, Obispo López Criado, Montero, San Juan de Letrán, Jesús del Calvario y Plaza de San Lorenzo, donde ha llegado a las puertas del templo al filo de las 21:45 de la noche a los sones de «Villaviciosa» de Alfonso Lozano, completando un recorrido íntimo y trascendental que ha regalado un buen número de instantes para degustar.
En definitiva, la Córdoba Cofrade ha vivido una tarde-noche de genuino e inconfundible sabor cofrade, que ha terminado de dar por iniciado el curso cofrade en la ciudad de Córdoba tras la salida procesional de Nuestra Señora de la Fuensanta del pasado jueves, el rosario de la aurora de la Estrella del viernes y el vespertino de la Nazarena de este sábado propiciando un intenso comienzo del año cofrade a orillas del Guadalquivir.





