La recta final del Puente de la Inmaculada, la hermandad de San Benito rememora una efemérides esencial en su historia más reciente, el XXIII aniversario de la coronación canónica de Nuestra Señora de la Encarnación. Una cita trascendental con la memoria colectiva de sus hermanos que coincide con el tradicional besamanos que protagoniza la dolorosa de la corporación del Martes Santo, la popularmente conocida como Palomita de Triana en virtud del antiguo palio que portaba una paloma de plata, sobrenombre inmortalizado en el corazón del pueblo hispalense y sobre un pentagrama por obra y gracia del compositor Francisco José Escobar quien creara en 2004 la marcha homónima que es habitual escuchar cada Martes Santo tras el palio de esta Virgen de la Encarnación de origen trianero. Nuestro compañero Benito Álvarez, ha acudido a su presencia para dejar testimonio de su besamanos con esta excelente crónica gráfica.
La Virgen de la Encarnación es una dolorosa de candelero para vestir, de autor anónimo, realizada en madera de cedro y fechada en el primer tercio del siglo XVII. Inclina su cabeza a la derecha y dirige la mirada hacia abajo, apreciándose en sus mejillas cinco lágrimas de cristal. Fue restaurada por Sebastián Santos en 1948 y 1952 quien además retalla sus manos en 1953. Posteriormente José Rodríguez Rivero-Carrera hizo lo propio en 1984 realizándole también un nuevo candelero.






























