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Córdoba, El Rincón de la Memoria

Cuarenta y cinco años de la primera salida del Vía-Crucis

Córdoba, como cuna del rezo del Vía-Crucis, cuenta en su Semana Santa con una de las cofradías más peculiares de la geografía andaluza, que, precisamente, se titula con este nombre. Aunque la idea de su fundación surge hacia 1968, no será hasta 1972 cuando se den los pasos definitivos para la creación de la Hermandad y Cofradía de Penitencia del Vía-Crucis del Santo Cristo de la Salud, aprobándose sus estatutos en diciembre de este año. La cofradía se erigió en torno a una magistral talla de un crucificado de 1590, vinculado antaño a otra cofradía pasionista.

Aunque los primitivos estatutos de la cofradía no hacen referencia al día de salida, la hermandad apostaba por realizar estación de penitencia en la jornada del Lunes o Viernes Santo, con preferencia de ésta. Sin embargo, la Agrupación de Hermandades y Cofradías asignó finalmente a la corporación el Lunes Santo como día de salida. De este modo, la joven hermandad cordobesa pudo realizar su primera estación de penitencia en el año 1973. Era 16 de abril. No será hasta 1974 cuando Miguel Arjona Navarro realice una integral restauración a la imagen del crucificado. Durante la intervención, el artista halló un documento en el interior de la talla que permite establecer la cronología y la identidad de la persona que encargó el crucificado.

En 1976, la hermandad adoptó la nomenclatura actual de la misma, recuperando con la advocación de la Salud el nombre con el que recibía culto la imagen en el siglo XIX, modificándose los estatutos en 1979. Ya en 1989 la cofradía incorpora el palio de respeto tras la imagen del crucificado. La sobriedad y la austeridad son dos de los sellos distintivos de esta cofradía, la única que porta a su titular a hombros de los hermanos sin paso procesional.

La elección de tales privilegiados se realiza al azar, llevándose a cabo cada año el último día del reparto de papeletas de sitio. Sin duda, el observar el recorrido de la portentosa talla de Cristo crucificado por las calles de la judería invita al espectador a un momento de sobrecogimiento e intimidad, en perfecta armonía y espiritualidad con Dios mismo. Además, durante la estación de penitencia se levantan altares domésticos en las calles por donde pasa la cofradía, práctica que esta hermandad ha tenido a bien recuperar.

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