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El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Cuaresma de pestiños

«Pero, ¿qué pasa?, ¿pero qué invento es este?» exclamaba María Antonia Abad al descender por las escaleras de los juzgados tras contraer matrimonio con aquel cubano que se sentó en varios programas de televisión tras su ruptura sonada con nuestra actriz más internacional. Y aquellas mismas palabras resonaron en la cabeza de más de un capillita de este mundillo cofrade cuando se hizo realidad lo que ya se barruntaba en los círculos morados —los de las cofradías, que no los de Podemos—.

El Consejo, que anda en horas bajas con las arcas mermadas y con su papel en tela de juicio en estos meses de pandemia ha optado por regalarnos una Cuaresma que no será de torrijas sino de pestiños. O más bien pestiñazos que, aunque no lo recoja la RAE saben ustedes que no se refiere a un pestiño de dimensiones considerables sino a algo que nos produce aburrimiento, hastío, desgana, y unos cuantos sinónimos más.

El plato estrella es una especie de Telepasión pero con la diferencia de que en vez de realizarse en navidad se lleva a cabo en Semana Santa. El primero lo hace TVE con los rostros más conocidos de la cadena pública y el segundo el Consejo con los rostros que a ellos les ha dado la gana. Esto es, un revival de pregoneros que volverán a subirse al atril para recitar algunos de los fragmentos más conocidos de sus pregones. La conformación de esta miscelánea no ha sido fácil si tenemos en cuenta a aquellos que han llamado a las puertas de la institución para que contaran con ellos el Domingo de Pasión y que no han facilitado el asunto.

Al final nos vamos a encontrar con José María Rubio, quien dio el pregón en el Lope de Vega en 1991; Caro Romero, cuyos versos resuenan todavía en la memoria colectiva (2000); Carlos Herrera, el mejor pregón que he contemplado (2001); Lutgardo García, lirismo y belleza sin igual, exquisitamente cuidado y declamado (2015). Y a estos inolvidables pregones se añaden el de Alberto García Reyes (2017), quien lleva diciendo que se va a cortar la coleta en esto de las exaltaciones desde el mismo momento que se subió al Maestranza —¿están haciendo ya sus palmeros la crónica?— y Charo Padilla (2019), de cuyo texto se ha escrito tanto que mejor no repetirse, y que dará el testigo a Julio Cuesta, a quien llevamos esperando desde el pasado año.

Alguna elección cuenta con el beneplácito de los cofrades porque hay pasajes que serán atemporales, aunque cambien los ritos. Pero no logro entender a quién se le vino la idea en la cabeza en forma de bombilla para acordarse de Alberto García Reyes y Charo Padilla. Es entonces cuando la somnolencia se apoderó de mí. ¿Es esto un regalo para contentar a los dos grandes diarios de la ciudad y que no vayan en contra del Consejo?

¿Y a quién más podíamos llamar para que retransmita nuestros ilusionantes proyectos? No se diga más. El presentador será López de Paz. Y así es como, después de intentar salir del atolladero, cuando me revelaron la identidad del susodicho comencé a sentirme… igual que el coche que intentó salir del parking intentando lidiar con Filomena.

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