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David Pinto Sáez: «Todos recordamos a nuestros seres queridos, pero algo así te permite tener el convencimiento de que el recuerdo será compartido por toda una ciudad»

Hace tan solo unas horas, el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, dependiente del Ayuntamiento de Córdoba, Salvador Fuentes, manifestaba y confirmaba su compromiso para que la Familia Sáez tenga una calle en la ciudad de San Rafael, materializando un auténtico ejercicio de justicia poética con una las sagas fundamentales del mundo de los capataces y los costaleros de la ciudad, que ha sido recibido con una inmensa alegría en el seno de la Familia Sáez, tal y como ha asegurado a Gente de Paz David Simón Pinto Sáez, nieto de Rafael Sáez Gallegos y sobrino nieto de Antonio y Manuel, «de quienes tanto aprendí y con quienes tanto viví».

David, buen amigo de esta casa, ha desvelado que «es una alegría inmensa pues he estado viviendo este proyecto desde su origen. Todos recordamos a nuestros seres queridos, pero algo así te permite tener el convencimiento de que el recuerdo será compartido por toda una ciudad». David ha querido subrayar que «no es un reconocimiento, tal y como se indica en el expediente, únicamente cofrade; un expediente en el que se habla de cofradías y cuadrillas, por supuesto, pero se habla del día a día de las familias en los años previos y posteriores a la guerra, del esfuerzo por mantener tradiciones, por intentar llegar a fin de mes. Rotular una calle con el nombre de quienes participaron de la historia de la ciudad, conformándola en momentos, algunos de ellos, muy complicados, da sentido a este hecho. Si además dichas personas fueron nacidos en Córdoba, el orgullo para toda la ciudad debe ser doble».

Y es conviene recordar -y así lo explica David- que «los hermanos Rafael, Antonio y Manuel fueron nombrados cofrades ejemplares, y recibieron, gracias a su labor por muchas de nuestras cofradías, diversos reconocimientos. Se hicieron cargo de cuadrillas desde sus inicios, como Borriquita, Prendimiento, Amor, Penas, Caridad, Sentencia, Buena Muerte o Descendimiento entre otras, así como de otras muchas como Misericordia, Calvario, Sepulcro o Huerto. Fuera de Semana Santa mandaron las cuadrillas del Socorro, Cabeza, Corazón de Jesús o Custodia. Incluso organizaron la de San Rafael en 1975, que finalmente no procesionó».

Un apellido que aparece ligado, de manera inexorable, al universo del costal de la ciudad de Córdoba. No en vano «ayudaron al tránsito desde los profesionales a los hermanos costaleros en hermandades como en Huerto, Buen Suceso o Cristo de Gracia, fueron encargados del montaje de cultos de hermandades como el Sepulcro y formaron parte de diferentes Juntas de Gobierno y asesoraron a hermandades en diversos aspectos», reflexiona al respecto David, que recuerda que «vivieron etapas como la cuadrilla de los piconeros, de la que formaron parte, la renovación de pasos a finales de la década de 1910 y principios de los 20, fueron los primeros capataces en hacerse cargo de los dos pasos de una misma cofradía (Calvario, Misericordia, Prendimiento o Huerto), de dos cofradías en un mismo día (Descendimiento y Buena Muerte en Jueves Santo) e incluso tres cofradías en un mismo día (Penas, Amor y Huerto el Domingo de Ramos)». Y es que «la mayoría de las hermandades, por algún u otro motivo, han tenido relación con los Sáez, por lo que es un reconocimiento que lleva parte de muchas de nuestras cofradías».

Motivos más que redundan en la mencionada alegría y en la sensación de haber logrado hacer justicia con una saga esencial para la Semana Santa de Córdoba, no solo para el mundo del costal, y para toda la ciudad de San Rafael, como enfatiza David Pinto al afirmar que «es necesario mantener el recuerdo de todos ellos, tal y como se hace en otras ciudades, sin olvidar el de personas como Rafael Muñoz, por ejemplo, cuyo legado e historia debería igualmente merecer este tipo de reconocimientos de Córdoba». Todo ello en virtud de el especial brillo de la hermosa luz que alumbra el final de u arduo camino que ha de culminar el merecido homenaje para una estirpe de capataces que dedicaron su existencia a uno de los oficios más reconfortantes: pasear al Dios y a su Madre.  

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