Córdoba, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

De las funciones de desagravios y las procesiones de San Rafael y Nuestra Señora de los Dolores de 1869

El artículo 21 de la Constitución de 1869, de 6 de junio, establecía que “el ejercicio público o privado de cualquiera otro culto [diferentes al católico] queda garantizado”. Por primera vez en la historia constitucional de España se establecía la libertad de culto (ya quedó registrada en la Constitución de 1856, si bien no llegó a promulgarse), aunque lo cierto es que su redacción y aplicación no dejó satisfecho prácticamente a nadie, provocando diversas e inesperadas consecuencias; algunas de las cuales comentaré en los siguientes párrafos.

En el Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes del lunes 26 de abril de 1859 podemos leer cómo el primer punto del Orden del Día versó precisamente sobre lo dispuesto en los artículos 20 y 21 de la futura Constitución (refundidos finalmente en el artículo 21 anteriormente mencionado), a los que se presentaban 18 enmienda; siendo las dos primeras en defenderse la del señor Suñer y Capdevilla (médico y ex alcalde de Barcelona quien llegó a decir que los dos enemigos del hombre eran la tisis y Dios), y la del señor García Ruiz.

Las crónicas posteriores de diversos diarios nos hablan de blasfemias proferidas por ambos diputados, en concreto contra “el misterio del Santísimo Sacramento, la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y la perpetua virginidad de la su Santísima Madre la Virgen María”, lo que provocó la consiguiente reacción por parte de la propia Iglesia, así como de sectores afines a ella, a través de sermones o escritos en prensa católica e incluso carlista. Sin embargo esto tan sólo fue el eco de los movimientos que desde octubre de 1868 se venían verificando en contra de las acciones del Gobierno Provisional, el cual, tras la revolución “Gloriosa” de septiembre de 1868 al grito de “abajo lo existente”, promovió diversas medidas muy radicales contra la Iglesia: entre todas ellas podemos destacar la expulsión de los jesuitas, la supresión de órdenes religiosas o el derribo de edificios religiosos en pos de un mayor desarrollo urbanístico.

Mientras que en el Congreso se discutía más frecuentemente sobre religión que sobre la forma política que debía tratar el asunto religioso en la Constitución, el pueblo se movilizaba creando asociaciones como la Asociación de Católicos Españoles, germen de los posteriores movimientos católicos y que presentó en abril de 1869 cerca de tres millones de firmas en las Cortes (para una población española de poco más de 15 millones). Sin embargo, amparados por este periodo de debate e indefinición, se vivía en España una etapa de ataque al culto católico y a sus ministros por parte de la comunidad protestante, lo que unido a las blasfemias de las Cortes provocó que a lo largo y ancho de todo el país se anunciasen funciones en desagravio, tanto anteriores como posteriores a la promulgación de la Constitución, y entre las que podemos destacar la verificada en junio de 1869 en la parroquia de San Lorenzo de Sevilla por parte de la Hermandad del Gran Poder; en este caso el anuncio tan sólo especifica “solemne función de desagravio”, si bien podemos concluir que seguiría la senda de las celebradas en el resto del país y por el mismo motivo

En Córdoba no fueron pocas las funciones celebradas por este mismo motivo. Ya en enero de 1869 se celebró solemne función en el convento de las Capuchinas de Córdoba, dedicada a la Divina Pastora “y en desagravio de la ofensas cometidas a esta Señora y a su divino hijo”. Antes de finalizar el mismo mes se anunciaba que la iglesia de la Trinidad se había pintado y blanqueado para la “solemnísima función de desagravio que se prepara” y que se celebró en febrero. Otras funciones anunciadas fueron las celebradas en la iglesia del Convento de la Encarnación o la celebrada en abril en la iglesia de “Nuestra Señora de los Dolores en desagravio de las ofensas inferidas a la Santísima Virgen en sus sagradas imágenes”. Sin embargo hubo dos funciones que destacaron sobre el resto, y que fueron las celebradas en la iglesia del antiguo convento de San Francisco y en la Santa Iglesia Catedral.

En San Francisco fue la V.O.T. (Venerable Orden Tercera, u Orden Franciscana Seglar, compuesta por laicos consagrados con la regla de penitencia) quien se encargó de organizar el Solemne Triduo en desagravio al Santísimo Sacramento y a la Purísima Concepción, entre los días 7 y 9 de marzo de 1869 “dando principio por las mañanas a las diez y por las tardes a las tres y media”. Como curiosidad recordamos que para el primer día se anunció como oradores a D. Pedro García Llergo para la mañana, y a un jovencísimo D. Manuel González Francés para la tarde, quien había llegado a Córdoba tan sólo unos días antes. Para el día 8 de marzo se anunció como oradores a D. Mariano de Vega y del Castillo y a D. Manuel Bravo y Millán, así como a D. Manuel Aroca y D. Rafael de Sierra y Ramírez para el último de los días. Y por si el nombre de los oradores no fuera suficientemente llamativo para asistir a los cultos, se anunció que los obispos de Córdoba, Orihuela, Vitoria y Cádiz concederían, cada uno, 40 días de indulgencias por cada acto de los que se celebrasen en dicho Triduo.

Sin embargo, y a pesar de todo ello, lo más atractivo tal vez fuese la presencia de la imagen de San Rafael del Juramento durante la celebración del Solemne Triduo, la cual fue trasladada en procesión el viernes 5 de marzo con una carrera que recorrió las calles Custodio, Pozanco, San Agustín, Rejas de don Gómez, Fuenseca, Alfaros, Ayuntamiento, Librería y San Fernando. La V.O.T. convocó a todos sus cofrades a las tres de la tarde en la iglesia del Juramento para acompañar a la sagrada imagen a través de un itinerario que se mostró adornado en sus balcones, ventanas y rejas con vistosas colgaduras. Y a pesar de los recelos iniciales por el ambiente que se vivía en el resto del país, la compostura y buen orden imperó durante todo el traslado.

Última procesión de San Rafael en tiempos de Pérez Muñoz, 1945

Durante los días de Triduo la asistencia a la iglesia de San Francisco fue fabulosa, lo que incitó a la V.O.T. a organizar un rezo nocturno del Santo Rosario y a mantener la iglesia abierta hasta el toque de Ánimas durante los días que permaneciera la imagen en el antiguo convento, lo que estaba previsto que ocurriese hasta el domingo 14 de marzo. Sin embargo, y pesar de la sequía que obligó a Diario de Córdoba a ir publicando frecuentemente el listado de fuentes públicas que aún mantenían caudal para el abastecimiento de los vecinos, e incluso la procesión en rogativas por la lluvia de Nuestra Señora de Linares durante su romería del 25 de mayo, la imagen de San Rafael debió permanecer en San Francisco hasta el martes 16 de marzo por la lluvia que cayó sobre Córdoba aquel domingo.

No obstante, el traslado de regreso fue, si cabe, aún más concurrido que el de ida, estando presidido por el Gobernador civil de la provincia, acompañado a su vez de “muchas personas notables”.

Tenemos tendencia a pensar que somos el centro en todo aquello que hacemos, y que lo que hoy muchos catalogan como “cangrejeros”, por cierto tan denostados por muchos, no es sino una moda actual. Sin embargo las crónicas de aquellos traslados explicaban cómo había “gente que bullía por todas partes y caminaba en todas direcciones para contemplar una vez más a su guarda y protector”. El espectáculo que debió suponer aquellos traslados, en un año en el que Córdoba no podría disfrutar de su tradicional procesión del Santo Entierro, dejaría un recuerdo imborrable en nuestros abuelos. Pero no todo quedaría ahí.

El jueves 20 de mayo se publicaba el siguiente anuncio:

FUNCIÓN SOLEMNE

Que en la Santa Iglesia Catedral de

Córdoba celebrarán el Excmo. e

Ilmo. Sr. Obispo, Cabildo y demás

Clero de ella, el próximo Domingo

de la Santísima Trinidad, en desa-

gravio de las frases pronunciadas en

el Congreso contra este augusto mis-

terio, la divinidad de Ntro. Señor

Jesucristo, y la perpetua virginidad

de su Santísima Madre la

Virgen María.

Sin embargo todo comenzaría el sábado 22 de mayo a las cinco de la tarde, cuando el Cabildo Catedral saldría en procesión desde la Santa Iglesia Catedral, junto al Seminario, cruces y Clero parroquiales, por la calle Baño, Pedregosa, Santa Ana, Santa Victoria, Letrados, Arco Real y el Císter hasta la plaza de Capuchinos, donde entraría en la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. Allí esperaba el Obispo Albuquerque. Una vez alcanzada la iglesia y cantada la Letanía Lauretana, la imagen de la Virgen de los Dolores sería portada de regreso hasta la Santa Iglesia Catedral, siendo acompañada de todos los hombres y mujeres que quisieron unirse al cortejo; ellos delante de las cruces y ellas “a la espalda de la procesión” El itinerario seguido fue Silencio, plazuela de Capuchinas, Mármol de Bañuelos, Plata, Tendillas, Jesús María, Santa Ana, Pedregosa (momento en el que repicaron todas las campanas de la Catedral), Baño, Puerta del Perdón y Arco de Bendiciones.

Una vez en la Catedral la imagen fue depositada en un lugar preparado ex profeso para este momento, siguiendo el repique acostumbrado del día siguiente (Santísima Trinidad), el cual se alargó hasta las nueve de la noche, siendo acompañado por las campanas del resto de iglesias y conventos.

A la mañana siguiente se celebraría Solemne Función a las diez en punto, repitiéndose el repique general al medio día. Por la tarde, y una vez concluido el oficio, se cantaría una Salve a la Virgen a cuya finalización comenzaría la procesión de regreso. El obispo acompañó a la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, anunciándose el comienzo de la procesión con un nuevo repique general en toda la ciudad. Una vez alcanzada la iglesia y cantada la antífona Sub tuum prasidium, el Cabildo Catedral regresaría a la Catedral por la carrera de día anterior.

Con el paso del tiempo algunos detalles de aquellos traslados no dejan de llamarnos la atención, como la ausencia de bandas de música, o que el hermano mayor de la Hermandad de los Dolores convocara a sus hermanos para ambos traslados, haciendo hincapié en que debían portar su propia cera. Tal vez detalles olvidados, como el horario de la procesión del Corpus, la cual comenzó tan sólo unos días más tarde a las 7 y media de la mañana.


Bibliografía:

  • Diario de sesiones de las Cortes Constituyentes, Núm. 59, de 26 de abril de 1869, pp, de 1357 a 1392.
  • Primo Jurado, J.J. (23 de marzo de 2011). El magistral González Francés y su calle. ABC Córdoba, pp. 52.
  • González Manso, A.I. “El concepto de libertad de cultos en el debate de las Cortes Constituyentes de 1869”, Revista de Historia Constitucional, ISSN 1576-4729, n.18, 2017. http://www.historiaconstitucional.com, págs. 71-93.
  • Diario de Córdoba. Varios números entre el año XIX, número 5454 (1 de octubre de 1868) y el año XX, número 52821 (31 de diciembre de 1869).
  • Parte religiosa. (13 de junio de 1869). La Andalucía, pp. 3.

No hubiera podido completar el estudio previo a este artículo sin la colaboración de Juan Antonio Patrón Sandoval, Juan Pedro Recio Lamata y Rafael Jiménez Sampedro.

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