Como vengo diciendo desde mi primer artículo, el mundo musical ha ido cambiando al igual que el resto. En la manera de pedir música también, no podía ser de otra manera. Normalmente en los 90 se andaba a una frecuencia de música de dos chicotás a tambor y una a marcha, a excepción de los «giros», así se llamaban antes, que se podían meter hasta tres marchas, algo aburridísimo e infumable, pero de giros largos se presumía al día siguiente.
Seguramente era con esa frecuencia porque en esos años el costalero sabía lo que era sufrir al no tener normalmente relevos y os aseguro que te daba igual tambor o marcha solamente querías el famoso «pasito dado pasito ganado». Pero lo más peculiar era la manera de gestionar las marchas por parte de la cuadrilla. La cofradía bastante tenía con ponerla en la calle, entonces se delegaba en el capataz que, con suerte, reconocía a lo sumo diez marchas de la banda que llevaba tras el paso o el contraguía escuchaba las peticiones de los costaleros, los cuales si sabían que su novia o madre se encontraba en un lugar pedía la marcha a su gusto.
Esto desembocaba en algo impensable ahora, el director rodeado de costaleros, cual árbitro en un penalti dudoso, pidiendo a la carta. O la famosa mano arriba uniendo el índice y pulgar haciendo un giro de muñeca que quería decir que teníamos que tocar a lo que la primera fila de la banda a instrucciones de la dirección, agachaba la cabeza o hablaba con el compañero, si no surtía efecto la petición el paso andaba y paraba sucesivamente hasta que al director le daba vergüenza quedar de rácano y se tocaba. Momentos realmente tensos y graciosos a la vez.
Ahora, sin duda, todo es algo menos truculento, aunque se toca el triple que ese es otro debate, y las diferentes rencillas entre las cuadrillas altas y bajas por la cantidad de marchas que a cada una le ha tocado, las cofradías se reúnen con sus bandas y realizan al milímetro el recorrido analizando que marcha interpretar en cada momento dando el recorrido papel en mano con las diferentes marchas a interpretar o con un fiscal de banda pegado en todo momento a la banda. Sin dudarlo yo prefiero y me siento más cómodo con esto último porque evitas el momento bochornoso de racanear o de ver costalero arengando al público pidiendo música.
Todo cambia y todo pasa, ahora espero que pase la moda de creer que el músico no es persona y puede tocar durante 10 horas sin parar. En fin, todo llegará.
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